Luis Brito
Un absurdo de la JCE
Los planes sociales de los gobiernos para favorecer a gente pobre existen en todas partes del mundo.
Ayudas que se canalizan de distintas maneras, dependiendo de la cultura, costumbre y característica de cada país. Los procedimientos varían según el criterio de cada nación o gobierno.
Aquí en el país, a propósito de las elecciones congresuales y municipales, la Junta Central Electoral de la República Dominicana ha dispuesto descontinuar las ayudas sociales que el gobierno proporciona a mucha gente.
La disposición tiene el espíritu de evitar que este tipo de asistencia influya o incida en el voto de los ciudadanos el próximo 16 de mayo. Parecería que la medida tiene sentido, sin embargo en términos reales me parece que se trata de un absurdo.
Lo primero es que resulta injusto e innecesario retirarle o suspenderle la ayuda que esté recibiendo una familia, posiblemente vital para su sustentación económica. Es un “sacrificio” inmerecido en aras de un equilibrio o igualdad de condiciones que debe ser encausado de otra manera.
Y esa otra manera debe ser una orientación seria y fehaciente de los votantes por parte de la JCE. Decirles a los ciudadanos que su voto debe producirlo su conciencia, que recibir una ayuda del gobierno necesariamente no implica sufragar por los candidatos oficialistas.
Más que impedir que un pobre alivie sus carencias recibiendo la asistencia gubernamental, la JCE lo que debe hacer es impedir que se prostituya el voto, pero debe hacerlo a través de una campaña de concienciación insistente y perseverante.
Exhortar permanentemente a la comunidad votante a ejercer ese derecho por el candidato que considere represente sus mejores intereses, no importa quién le haya extendida la mano amiga para ir en su auxilio.
Este es un país pequeño y todo el mundo se conoce, literalmente hablando. Más aún en provincias y municipios, donde se reduce el conglomerado con respecto al nivel nacional, y los lazos familiares y la vecindad permiten aportar toda la información necesaria para uno conocer las buenas o malas intenciones de cada aspirante.
En conclusión, de lo que se trata es de que la gente aprenda a votar (y aprender a votar no es doblar adecuadamente la boleta, dirigirse a la urna, ubicar bien su ranura y echar el sufragio).
Aprender a votar es saber a quién usted está eligiendo para que obre a su favor, ya sea desde el Congreso o de los ayuntamientos, como es el caso de que se trata en estas próximas elecciones.
Es ahí donde debe concentrarse y a lo que debe dedicarse la JCE. Lo demás, para el caso de que se trata, es puro simplismo que no dará mayores resultados.
Insistir en una conciencia ciudadana es la clave. Nada más.