Félix Santana García
Ola de ajustes
Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. El Fondo Monetario Internacional (FMI), Organismo surgido de la Conferencia Internacional celebrada en Bretton Woods, New Hampshire, Estado Unidos de América, el 27 de diciembre de 1945, a los fines de promover la cooperación monetaria internacional, facilitar la expansión y crecimiento equilibrado del comercio internacional, promover la estabilidad en los intercambios de divisas, facilitar el establecimiento de un sistema multilateral de pagos, realizar préstamos ocasionales, acortar la duración y disminuir el grado de desequilibrio en las balanzas de pagos de sus miembros, ha sido duramente criticado por sus recetas económicas extremas, caracterizadas por rigurosos ajustes fiscales e imposición de nuevos impuestos.
De forma sorprendente, ante la embestida de la crisis financiera-económica que aún afecta al mundo, este organismo recomendó a finales de 2009, expandir el gasto público con el propósito de dinamizar las economías de sus países miembros.
Pero no pasaron más de seis meses, cuando dicho organismo internacional varió de actitud y, ahora retoma las recetas originales de imponer a sus miembros, políticas de ajustes del gasto público, control del endeudamiento y nuevas cargas impositivas.
A raíz de la crisis financiera que vive: Grecia, España, Portugal, Hungría, Italia, Francia e Irlanda, debido a sus altos endeudamientos y déficits fiscales, el Fondo Monetario Internacional acentúa sus recomendaciones de controlar el gasto público, llevando a estas naciones a aplicar ajustes masivos de sueldos de funcionarios públicos, edad de jubilación, gasto de capital, transferencia de fondos innecesarios.
Hoy se informa de grandes levantamientos sociales en dichos países, especialmente en Grecia, Hungría, España e Italia, en contra de dichas medidas, ya que las mismas son aplicadas solo del lado que perjudica a los habitantes más necesitados, pues la reducida población más rica, tiene la forma de sortear la crisis financiera.
En República Dominicana, una vez que el Fondo Monetario Internacional (FMI) dio un giro de más de 180 grados, al variar la receta de ajuste del gasto público, incrementos de impuestos y endeudamientos, las autoridades dominicanas vieron el cielo abierto al poder gastar a manos abiertas, grandes sumas de dinero del erario, lo cual ha llevado a la nación a un déficit fiscal de más de RD$25,000.0 millones en los primeros cinco meses de 2010 con tendencia de cerrar en unos RD$85,000.0 millones.
Ante esa situación, el Banco Central de la República Dominicana, ha tenido que interceder en innúmeras oportunidades, a los fines de controlar la hemorragia de dinero, mediante la aplicación de política monetaria de mercado abierto (venta de divisas, tasa de interés, encaje legal, subastas de certificados).
Pero transcurridos los primeros meses del presente año, el FMI ante la situación que hoy vive el mundo, debido a la crisis financiera y, temiendo una recaída o recrudecimiento de la recesión mundial, ha comenzado a variar de actitud respecto a la recién adoptada política expansionista por una política más austera, con lo que dicho organismo recobra su acostumbrado protagonismo mundial.
Ante la frágil situación financiera que vive la República Dominicana, se espera que sus actuales autoridades comiencen a constreñir el gasto público y cortar de cuajo el aumento sostenido de nuevos préstamos, con lo que el país se colocaría en la nueva ola de ajustes, reprogramando y controlando el gasto público, comenzando por bajar los altos sueldos ministeriales, bajar el gasto en publicidad y controlar las altas transferencias de fondos a instituciones, que no justifican tales transferencias, sin desatender el gasto social.
Ojala que las autoridades dominicanas se mantengan vigilantes, ante las señales de inestabilidad que en los últimos días, envían las economías de los países del viejo continente y, hagan los aprestos de lugar, para evitar que el país caiga de manera estrepitosa, en situaciones similares a la de los señalados países, abocándose de forma responsable a administrar el aparato gubernamental, con un criterio más acorde a los principios administrativos de planificar y controlar, donde impere el equilibrio y se eviten los extremos.