Félix Santana García
La tesis del endeudamiento
Recientemente el gobierno dominicano a través del Secretario de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo manifestó que el único recurso de que dispone el país para hacer frente a la crisis económica es recurrir al endeudamiento para estimular el crecimiento.
Conforme a esa tesis, las autoridades expresan que todos los países han tenido que buscar financiamientos para lograr recursos que no se pueden obtener por recaudaciones fiscales, sin que el endeudamiento sobrepase el 60% del Producto Interno Bruto (PIB), pero que debido a la crisis global los niveles de endeudamiento actuales se colocan por encima del 70% del PIB.
Ahora bien, no es un secreto para nadie que la situación financiera-económica global es de crisis, la cual ha llevado a muchos países a la recesion, ciclo caracterizado por la poca actividad productiva, baja actividad comercial y bajo desempleo, pero esto no justifica que un país tenga que endeudarse por encima de sus posibilidades o capacidad de pago.
El hecho de que una familia o país tenga apuros financieros con los cuales hacer frente a sus obligaciones o compromisos no debe llevar a éstos a endeudarse para cubrir o pagar otras deudas.
Esto así cuando sus posibilidades se limitan en cuanto a generar suficientes ingresos para poder honrar sus compromisos u obligaciones financieras.
La liquidez es un indicador fundamental para que una empresa, familia o país pueda pagar sus gastos y costos adecuadamente, sin que se llegue al extremo de peder la credibilidad o confianza que sus acreedores les dispensan.
Cuando los recursos financieros provenientes de préstamos no son debidamente empleados o invertidos, especialmente en actividades que les garanticen a los prestatarios el retorno necesario para cubrir los interese y capital prestado, el endeudamiento se convierte en un circulo vicioso que en vez de disminuir con el tiempo este aumenta como cualquier bola de nieve (interés compuesto)
Por desesperación o imitación no se debe tomar prestado ya que este dinero tarde o temprano hay que pagarlo. Muchas veces una persona, empresa o país se embarcan en endeudarse hasta la coronilla sin planificar de donde provendrán los recursos financieros para poder pagar oportunamente dicha deuda, afectando su solvencia que junto a su liquidez conforman las características de todo buen cliente.
Todo el dinero ofrecido en préstamo no debe tomarse alegremente sin sopesar el tipo de interés, plazo, cuaotas, forma de pago que caracteriza dicho crédito.
No hay que ser gran financista o economista para saber cuando debe aceptarse el dinero ofrecido en préstamo, evaluando el riesgo y el costo de capital envuelto en dicha operación.
La situación se agrava más, cuando se sabe de antemano que los fondos prestados se destinaran para cubrir gastos corrientes, sin que se tome en cuenta el riesgo cambiario, aunque éste se pueda evadir usando los mercados de forwards, futuros u opciones, pero éstos son costosos y no es posible hacerlo para todas las monedas extranjeras.
Según cifras oficiales la deuda pública del país se ha incrementado en US$5,644.70 millones del 31 de diciembre de 2004 al 30 de noviembre de 2009, al pasar de US$6,585 millones a US$12,229.7 millones, de los cuales unos US$7,530.8 millones corresponden a deuda externa, mientras la interna se situó en dicho lapso en US$4,699.0 millones, lógico sin tomar en cuenta la deuda del sector financiero del gobierno.
El seguir endeudando el país sin contemplaciones por el solo hecho de que supuestamente algunos países aupados por organismos y agencias internacionales de financiamiento se endeudan hasta no poder honrar sus compromisos, es un acto de irresponsabilidad, mas aún cuando se sabe que la población más desposeída será la más perjudicada y aún más cuando los fondos prestados no se destinarán para el fomento de actividades productivas, aumento del consumo y disminución del desempleo.
En definitiva esa tesis de endeudamiento desmedido e irresposanble de las autoridades es totalmente errónea, por lo que es oportuno llamarles la atención para que pongan coto a esa carrera sin límites de endeudarse por endeudarse y en cambio se privilegie el ahorro interno.
El autor es: Administrador Financiero y profesor universitario.