Félix Santana García
Acciones que no se entienden
No hace ni dos semanas que el Presidente de la República dominicana, se dirigió a toda la nación, con motivo de anunciar una serie de medidas de austeridad, debido a los altos precios del petróleo, alimentos y materias prima, cuando éste ya comienza a incumplir lo prometido.
Situación esta que se agudiza, porque el poder de compra de las familias dominicanas, se contrae cada día más, tanto por la inflación como por los exiguos ingresos que perciben los trabajadores.
Y además, porque el costo de capital o tasa de retorno que espera obtener un inversionista en un proyecto, para aumentar el valor de mercado de la empresa y atraer fondos frescos, no es suficiente para cubrir las necesidades de las pequeñas y medianas empresas, haciéndolas desaparecer en el corto plazo.
Lo mismo sucede, con ahorristas o depositantes individuales, que llevan sus recursos a los intermediarios financieros, con el propósito de preservar el valor del dinero en el tiempo, requiriendo una tasa de interés que compense por lo menos, la pérdida de valor del dinero, por efecto de la inflación, tipo de cambio y pobre producción del país.
Todo lo cual, disminuye el estímulo que pueda sentir una persona o empresa, para realizar ahorros que coadyuve la inversión en los diferentes sectores económicos del país.
Ante esto, el primer mandatario de la nación, supuestamente buscando paliar la situación agobiante que experimenta el pueblo dominicano, se propone aplicar medidas de ahorro de un 12% de los gastos corrientes y capital, entre otras.
Por un lado, el Presidente anuncia estas medidas con el propósito de que tanto el sector privado, familias e individuos, les acompañen en esta gran cruzada de austeridad y sacrificio, pero por otro lado, emite nuevos decretos nombrando funcionarios en los Ministerios y en el servicio exterior, aumenta los gastos de publicidad reeleccionista y en otras candidaturas.
Entonces, la población se pregunta, ¿cómo solventará el pago de los emolumentos de los nuevos funcionarios, sino es con erogaciones presupuestales, que tal vez no fueron debidamente consignadas en el presente presupuesto de la nación o, a través de transferencias de fondos que afectarían la sana ejecución de proyectos, previamente incluidos en la planificación presupuestal de 2011?
Ante esta situación, ¿qué credibilidad puede tener la población dominicana, sobre las medidas que se propone ejecutar el gobierno, haciendo copartícipe de ellas, a todos los dominicanos, si a diario, el ciudadano presidente de la República, honra el refrán que reza: “a Dios rogando y con el mazo dando”?
De manera, que estas son acciones gubernamentales, que no se entienden y, que entran en plena contradicción, con el anuncio de austeridad hecho por el ejecutivo.
Si el gobierno no toma la iniciativa de sacrificarse en los hechos, que no solicite a la población más colaboración y sacrificio, para enfrentar la crisis que afecta al país.
El autor es administrador financiero y profesor universitario. Reside en Santo Domingo.-