Luis Brito
A propósito del desarme: mi propuesta
Por décadas nuestros gobiernos han anunciado e implementado numerosos programas de desarme de la población.
Y ocurre cuando la delincuencia y la violencia alcanzan niveles alarmantes. Ello provoca hacer algo al respecto, y siempre se anuncia quitar las armas que están en manos de civiles.
Nos hemos pasado mucho tiempo en estos menesteres sin lograr ningún resultado favorable. Por el contrario, hoy tenemos más armas que nunca en poder de la población.
No haber diseñado y aplicado un programa serio, efectivo y bien estructurado, ha sido la razón de que a tantos intentos no hemos podido eliminar la pasmosa amenaza de tantas armas en manos de civiles.
Se necesita ya algo más serio, más profundo. La creación de leyes para encarecer, en los más altos niveles, el precio de adquirir un arma de fuego. Establecer una legislación que disponga de impuestos exorbitantemente caros para la renovación de una licencia de porte y tenencia de cualquier material bélico.
El país debe proporcionarse un sistema estricto, y a gran escala costoso, para que comprar y poseer una pistola, un revólver o cualquier otro de estos artefactos sea mucho más inaccesible e inalcanzable que adquirir el carro más caro que exista en el mercado.
Al propio tiempo, la eventual Ley, a partir de la entrada en vigencia de la misma, debe declarar ilegal todo porte y tenencia de arma de fuego en poder de civiles.
Un articulado esencial de esa legislación de ensueño tiene que establecer pena máxima (30 años de prisión) para todo aquel que sea encontrado teniendo o portando un arma sin el amparo del nuevo ordenamiento.
En concreto, que poseer este instrumento mortal constituya más que un lujo inalcanzable. Y que tenerla fuera de lo establecido legalmente implique pasarse 30 años de cárcel.
Si en verdad queremos recoger las armas de las calles, y evitar que tantos ciudadanos (as) tengan acceso a este aparato de la muerte, debemos empezar a hacer algo diferente, muy en serio.
Mucha gente compra un arma con el pretexto de protegerse de la delincuencia, pero no hay registro ni estadísticas que hablen de personas que evitaron un asalto, robo, secuestro o cualquier otra agresión por haber tenido una pistola o revólver.
El problema está en la psiquis, el caso es sicológico. La exhibición de fuerza, vernos más poderoso que el otro, la agresividad, son inherentes al dominicano. Eso corre por nuestras venas.
Es hora ya de parar la autodestrucción de la humanidad.