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Manuel Díaz Aponte

China y Rusia en América Latina

Manuel Díaz Aponte

“…Y ahora, ¿quién podrá defendernos?”, parafraseando la muy sonada e infeliz expresión de idiotez–aunque popular especialmente entre los niños-del personaje televisivo “El Chavo del 8”, debemos admitir que en ocasiones muchos países latinoamericanos formulaban esa interrogante, por supuesto apelando a otras palabras.

Esto ocurrió cuando para las relaciones diplomáticas y comerciales del gobierno de Estados Unidos, específicamente a partir de finales de la década del ochenta, el mercado de nuestra América Latina ya no era una prioridad.

En la década del noventa y especialmente a partir del nuevo milenio, es decir, en el año 2000, ese desinterés fue más evidente tras el surgimiento de gobiernos como los de Néstor Kirchner en Argentina; Hugo Chávez Frías en Venezuela; Luiz Inacio Lula Da Silva, en Brasil; Evo Morales en Bolivia; Rafael Correa, en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua, cuyos perfiles político-ideológico-eran contrapuestos a los dictámenes de Washington.

Se inicia entonces una nueva era en las relaciones diplomáticas y comerciales de América Latina, que comenzó a mirar hacia otros mercados mundiales, sobretodo la República Popular de China. En la práctica, se reducía la dependencia absoluta que por décadas mantuvieron los países de la región con Estados Unidos.

Otro factor que ha contribuido a ese “enfriamiento” de los vínculos tradicionales norteamericanos con Latinoamérica ha sido la política de agresión e intervención militar del imperio del norte contra muchos de los países de esta zona, incluida la República Dominicana, en los años de 1916 y 1965.

La visión errática de Norteamérica de ver América Latina, como su patio trasero ha contribuido a corroer esos lazos de amistad y ha incentivado a que miremos hacia potencias como China y Rusia.

Alianza para el Progreso

Iniciativas sociales y programas asistencialistas implementados por Estados Unidos en los países aliados de América Latina, como Alianza para el Progreso, el Plan Reagan para el Caribe, las acciones sociales del Cuerpo de Paz, Plan de Lucha contra las Drogas y contra el VIH dejaron de existir.

Tal vez uno de los más recordados es la Alianza para el Progreso, que inició el gobierno del asesinado presidente John F Kennedy, en 1961, y posteriormente se extendió hasta 1970.

La aplicación del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, República Dominicana y Centroamericana a partir del 2003, todavía no ha tenido resultados tangibles para las economías de las naciones latinoamericanas suscribientes.

En efecto, mientras el “hacha va y viene” los países pobres de América Latina han tenido que buscar alternativas para subsistir ante la voracidad del dragón que ha representado la aplicación del modelo neoliberal, responsable directo del estrangulamiento y de la privatización de las empresas estatales.

Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) se proyecta que el crecimiento en América Latina será de 2½ por ciento en 2014 y 3 por ciento en 2015. En cambio, en el 2013, fue de 2,6%, de acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Nuevos Socios Comerciales

Los sectores más conversadores de la sociedad estadounidense ven con cierta preocupación el incremento de las relaciones comerciales y empresariales entre gobiernos y naciones de América Latina con China y Rusia.

En realidad, ello no debería sorprender puesto que hace más de dos décadas que China viene interesándose por la región, y los intercambios de delegaciones empresariales, políticas, profesionales y representativos de instituciones se han ido incrementando tanto desde la nación asiática como de países latinoamericanos hacia allá.

No sorprende la calurosa acogida que recibieron entre varios gobiernos latinoamericanos las recientes visitas de Estado del presidente de Rusia, Vladimir Putin y posteriormente, el presidente de China, Xi Jinping, quienes suscribieron numerosos acuerdos comerciales y empresariales ascendentes a miles de millones de dólares.

En Argentina, el gobernante del gigante asiático firmó con la presidenta de esa nación suramericana, Cristina Fernández, un acuerdo de intercambio de divisas de once mil millones de dólares. Asimismo, se anunciaron inversiones en estaciones hidroeléctricas, ferrocarriles y plantas nucleares.

En Brasil, las compañías chinas adquirirán 60 aviones de pasajeros con un valor de 3 mil 200 millones de dólares, fabricados por la multinacional Embraer, orgullo de la aviación civil brasileña.

También, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, suscribió con su homólogo chino, otros acuerdos de proyectos ferroviarios y embarcaciones.

En Venezuela, el presidente Xi Jinping firmó junto a su colega, Nicolás Maduro, una línea de crédito de 4 mil millones de dólares a cambio de recibir petróleo venezolano.

Probablemente, el éxito más prominente de la gira del presidente chino por América Latina, fue la creación del nuevo Banco de Desarrollo de los países BRICS y su reserva de emergencia, que iniciará sus operaciones con un capital inicial de cincuenta mil millones de dólares. Ambos pretenden ser una alternativa al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional.

Rusia no se queda Atrás

Vladimir Putin, aprovechó su periplo latinoamericano iniciado en Cuba, para comunicar una histórica decisión del gobierno de Rusia al condonar la deuda externa del país caribeño ascendente a más de 35 mil millones de dólares. Esa condonación abarca un noventa por ciento del total endeudado y el restante 10% se destinará a inversiones de infraestructuras en territorio cubano.

Asimismo, la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), hoy República de Rusia, levantará otras obras viales en Cuba y una base naval de dimensión continental.

En entrevista con la agencia cubana Prensa Latina, Putin dijo que Rusia está interesada "en crear alianzas plenas, tecnológicas" con América Latina, en los sectores de petróleo y gas, hidroenergía y energía nuclear, construcción de aviones y biofarmacéutica.

Ya en Argentina, el presidente de Rusia suscribió varios acuerdos con la mandataria de esa nación, Cristina Fernández, que comprenden uno de cooperación en materia de comunicación, uno de cooperación en los usos pacíficos de la energía nuclear y otro de asistencia legal recíproca en asuntos penales.

Con la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, el gobernante ruso firmó una serie de acuerdos bilaterales que fortalecerán sus relaciones diplomáticas, políticas y comerciales, entre ellos, uno que busca elevar el comercio bilateral a diez mil millones de dólares.

Ambos países trabajarán para incrementar las inversiones en infraestructuras y energía así como en materia científica y tecnológica.

Las relaciones entre Rusia y Brasil se potenciaron desde 2005, cuando se firmaron acuerdos de cooperación científico-técnica que llevó a la órbita en 2006, por primera vez, a un astronauta brasileño.

Si Estados Unidos desea preservar los vínculos que todavía mantiene con América Latina, primero debería aplicar de manera sincera los principios de “buena vecindad”; y en segundo lugar, declarar de inmediato la condonación total de la deuda externa de las naciones de esta región para que dejemos de una vez y para siempre seguir siendo su “patio trasero”.

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