La investidura del mandatario abre un nuevo ciclo político con la promesa de superar la crisis económica y recuperar la estabilidad tras más de dos décadas del MAS en el poder
Rodrigo Paz asumió la presidencia de Bolivia con una economía al borde del colapso: “El país que recibimos está devastado”
La Paz, Bolivia.- Rodrigo Paz Pereira fue posesionado como presidente de Bolivia este sábado en La Paz, tras ganar el balotaje del 19 de octubre.

En su primer discurso, el presidente reiteró los lineamientos de su plan económico con foco en la descentralización de recursos públicos y el fomento a la producción mediante créditos accesibles, reformas tributarias y la eliminación de trabas administrativas.
A la toma de posesión asistieron los presidentes de Argentina (Javier Milei), Chile (Gabriel Boric), Paraguay (Santiago Peña), Uruguay (Yamandú Orsi), Ecuador (Daniel Noboa), y una delegación del gobierno de Estados Unidos, encabezada por el su secretario del Departamento de Estado, Christopher Landau.
“Nunca más una Bolivia aislada del mundo”, manifestó Paz tras saludar a las delegaciones internacionales.
Paz, de 58 años, es hijo del ex presidente Jaime Paz Zamora (1989-1993) y político experimentado que antes de llegar a la Presidencia fue diputado, concejal, alcalde y senador. Nacido en Santiago de Compostela durante el exilio de su padre, se formó como economista con estudios en relaciones internacionales y gestión política.
Durante su campaña apostó por hablarle a los trabajadores informales, que representan el 80% de la fuerza laboral, con consignas poco definidas pero populares como “capitalismo para todos”, con el que logró seducir a las nuevas mayorías: la burguesía urbana de origen indígena nacida durante el masismo que se define políticamente por su posición social, vive en centros urbanos, son comerciantes, transportistas o gremiales que han acumulado riqueza en los últimos años. “Es un nuevo sujeto popular con otro tipo de expectativas y horizonte, que tiene aspiraciones de modernidad y ascenso social”, explica la socióloga Luciana Jáuregui.
Paz también supo leer el mensaje que un país profundamente nacionalista quería escuchar y sus planteamientos económicos fueron más graduales que los de Quiroga, siendo la dependencia del financiamiento externo la diferencia sustancial entre ambos candidatos.
Sin embargo, en sus primeras semanas como presidente electo, hizo lo contrario: viajó a Estados Unidos, se reunió con el FMI, el BID, el Banco Mundial y luego consiguió un crédito millonario de la CAF. Con este viraje, rápidamente enamoró a las élites empresariales que lo miraban con desconfianza.
Paz empieza hoy a navegar en medio de las tempestades de una crisis económica estructural: déficit fiscal, inflación, recesión, escasez de dólares, de combustible y con las reservas al límite. Mostró buenas intenciones y prometió un equipo de expertos para llevar a buen puerto el país, pero necesitará el respaldo de un parlamento fragmentado y con múltiples corrientes internas.
“Estamos de pie, firmes por la patria y decididos a reconstruirla. Vamos a salir de esta”, finalizó. El desafío es tan grande como las expectativas que el país ha depositado en él, pero el tiempo pronto comenzará a ejercer presión.

Portada



