La soledad es un fantasma que atormenta a muchas personas, sobre todo, a los padres con hijos mayores de edad.
Reflexión sobre los matices de la soledad que transita por el bolero
Santo Domingo RD.- El anuncio y posterior posposición de la conferencia “La soledad en Octavio Paz”, que dictará el intelectual y amigo Basilio Belliard en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez, me hizo reflexionar sobre esta problemática (si así se le puede llamar) que afecta a la humanidad: la soledad.
Es tal el impacto y la presencia de esta carencia de compañía, voluntaria o involuntaria, a nivel mundial, que en Japón han crecido los actos delictivos cometidos por personas mayores, motivados por la soledad.
La soledad es un fantasma que atormenta a muchas personas, sobre todo, a los padres con hijos mayores de edad. Aunque muchos jóvenes no escapan de esta especie de epidemia.
Este devastador sentimiento es tan inherente al ser humano, que el escritor colombiano Gabriel García Márquez, acertadamente, tituló su discurso de aceptación del Nobel de la Literatura en 1982 “La soledad en América Latina”.
Por el bolero, la soledad, transita en su libre albedrio, contrastando con la tristeza, considerada una emoción humana básica y natural.
Ramón Bautista Ortega, mejor conocido por Palito Ortega, escribió para Rolando Laserie (1923-1998), El Guapachoso, el emblemático bolero “Hola soledad” a inicios de los 70.
Ortega grabó el tema en un casete, Laserie lo escuchó y lo utilizó para completar su álbum o elepé “El Rey Guapachoso” en 1972 con La Sonora Veracruzana y el Conjunto de Cuco Valtierra.
Desde ese momento, “Hola soledad” está dando latigazos en el alma atolondrada de esos seres condenados al horrendo aislamiento. Pero, también ha alegrado las noches de karaoke y es uno de los temas favoritos del autor de esta columna.
“Hola Soledad
No me extraña tu presencia
Casi siempre estás conmigo
Te saluda un viejo amigo
Este encuentro es uno más”.
Víctor Manuelle no se detiene a saludarla, como hizo Palito Ortega, sino que le otorga una existencia física, quizás un cuerpo de mujer. Sí, porque en algunos lugares y también escritores le anteceden el artículo al nombre de una mujer: La Teresita. El salsero puertorriqueño Víctor Manuel Ruiz prefiere intimar con ella y llamarla “La soledad” y ponerla en boca de un señor a quien le dice “El Caballero de la Salsa”, su paisano el también bolerista Gilberto Santa Rosa Cortés.
“Y hoy que te encuentro
y me confiesas que me quieres y aun me extrañas
y me preguntas quien es esa que hoy me acompaña,
tú la conoces
ella es…LA SOLEDAD.”
Esa “Soledad” que transita por la dulce voz del bolerista español José Luis Martínez Gordo (1935-2016) si asumió enteramente el nombre y la fisionomía de una mujer, con toda esa carga de abandono y tristeza, porque la soledad en ocasiones conlleva un estado de tristeza, puede involucrar a un pueblo o una región tan basta como América Latina.
“Soledad,
Fue una noche sin estrellas
Cuando al irte nos dejaste
Tantas penas y tanto mal”.
Enfrentado a su inevitable presencia, el sujeto encuentra tantas respuestas, verdades desconocidas hasta el momento y enseñanzas existenciales. Todo eso y mucho más se logra en la soledad. Y de qué manera el puertorriqueño Tito Rodríguez (Pablo Rodríguez Lozada, 1923-1973) lo explica “En la soledad”.
El propio “Inolvidable” la escribió e interpretó con su estilo único, pausado, imitado por algunos.
“En la soledad
Encontré respuesta a la verdad
Triste realidad
La de confrontar que tú no estás
Fue un error de los dos
Unir nuestros destinos
Seguir por un camino
Que no es el nuestro
En la soledad
Aprendí que todo es falsedad
Triste realidad
Si se tiene fe en la humanidad
Aprendí mi lección
Aquí en la soledad
Busca tú la razón
En la soledad”.
Finalmente, el español Emilio José (José Emilio López Delgado) pone de manifiesto los beneficios de la soledad, lo sincera y glamorosa que es, como una amante fiel a cabalidad, cuando se adopta por convicción propia. “Soledad” confusión entre nombre de mujer y aislamiento. En la canción la soledad no es necesariamente sinónimo de tristeza y amargura, más bien un liberarse de ataduras e hipocresía, reencontrarse consigo mismo. Criatura primorosa que vive feliz.

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