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Carlos Martínez Márquez

La obediencia y las buenas costumbres hacen ley

‘’Más importa dar a los hombres buenas costumbres que leyes y tribunales’’. Conde de Mirabeau

Ceder el asiento al envejeciente, el aseo corporal, ser ordenado, no arrojar desperdicios al suelo, ser puntual en todo, saludar oportunamente, una conversación correcta, así como la de comportarse en una mesa… es lo que nos inculcan desde chicos en nuestras casas. Por ahí, empezamos, a desarrollar actitudes de buen entendimiento para la buena convivencia en una sociedad íntegramente decente.

Estos hábitos ayudan a nuestro estilo de vida y la manera en que nos vamos relacionando con los demás y nuestro entorno. La buena costumbre se manifiesta en la cultura como elemento esencial en una educación digna respecto a lo humano; el elemento integral hace que mantengamos una deferencia a las personas con las que nos relacionamos.

En nuestra cotidianidad se aplica en muchas facetas, por ejemplo, la puntualidad es un indicador positivo que caracteriza a un buen trabajador, en la que se rige por un horario establecido sin la necesidad de posibles sanciones. ‘’En una sociedad como la nuestra, solemos violar ese reglamento, de que para todo estamos contra el tiempo’’; es un habito indeseable y retrata al individuo lo cuan voluble es en la ética integral. Somos lo que somos por nuestros orígenes y seremos un retrato de la realidad en el mañana.

Hay gente que por haber tenido la ausencia de esos elementos positivos, en cuanto a las buenas costumbres, les disgusta que les impongan reglas. Una práctica muy común en el ciudadano es no querer honrar a tiempo sus obligaciones, se muestra apático al ahorro, cometen infracciones, se exponen al escrutinio público del escándalo, a las demandas legales, etc. Es fácil diferenciar las buenas costumbres de las malas. La generación del ayer fue muy bien aventajada con respecto a la de hoy. Nuestra sociedad ha crecido considerablemente, eso nos convierte virtualmente en una sociedad consumista. La generación de siglo 21, tiene la oportunidad de exhibir un mejor comportamiento y evolución… respetando las normas y fomentar a la vez, las buenas acciones de lo que debe ser el papel de un buen ciudadano. La buena costumbre es un modo habitual de accionar que se establece mediante repetición de los mismos actos o por tradición.

Los hijos de hoy día deben ser monitoreados más de cerca; son el relevo del mañana y de nuestras tradiciones generacionales. No debemos simplificarles la vida, sin que sembremos en ellos los actos de conciencia, para que en lo sucesivo tengan la fortaleza e inteligencia emocional que los lleve a puerto seguro, sin que incurran en las cosas que están fuera de orden, que después, amenacen su desarrollo integral. Debemos preservar las tradiciones, los padres son el modelo a seguir, en cuanto el accionar en nuestras vidas; en ese contexto debemos permanecer para sentirnos orgullosos de esta sociedad. Necesitamos firmes políticas de estado, desde las escuelas hay que trabajar de manera integral, no como un suplemento de formación doméstica, ya que eso les corresponde a los padres, si no que sirva de reforzamiento en cuanto a su evolución en la sociedad.

Me gusta la idea, que desde las escuelas los estudiantes de último año, se les impartan, la asignatura de educación vial. Estos futuros ciudadanos saldrían con su carnet de aprendizaje, para que luego adquieran su licencia de conducir. Hoy día, los conductores en nuestras calles y avenidas, se comportan como salvajes, llevándose todo de encuentro, por no tener una formación inicial de cómo deben comportarse en las calles. En el pasado, se adquiría una licencia de conducir a base de dinero, sin que previamente agotaran el examen de preparación teórica. Aquella practica del pasado, fue el resultado de lo que estamos viendo hoy con los conductores de vehículos pesados y transporte colectivo, o los llamados ‘’guagüeros’’. Es una gran preocupación de cómo está la violencia expresada en las calles, el transeúnte cruza los semáforos cuando no debe, el chofer y conductores de vehículos, atraviesan en luz roja ante la vista de las autoridades reguladoras del tránsito. Se ha perdido la cortesía de ceder el paso, porque todos tenemos que llegar a tiempo a cualquier lugar donde nos desplazamos. En definitiva: la buena práctica del buen comportamiento y el fomento a la obediencia, debe ser una tradición que vaya de generación en generación, para que la sociedad vaya acorde a las circunstancias y estemos en los niveles adecuados de la civilización.

La  cabeza de familia en casa, deberá seguir siendo la figura a respetar y seguir siempre   sus directrices. El modo de hablar a los demás es una cualidad que debemos desarrollar, hay que mostrar educación y decencia; hemos llegado a niveles donde el ciudadano no respeta ni leyes ni autoridad. Debemos buscar soluciones para que la familia sea cada vez más integra y colaboradora. Les quieren dejar todo al estado y de manera irresponsable procrean más allá de los límites que les corresponden. Llamo la atención a la familia y a los gobernantes y congresistas, de que la informalidad y el irrespeto por las normas, no sigan siendo parte de nuestra cultura. El hurto de moral al ciudadano seguirá formando parte de un engendro que jamás se erradica. La honradez y honestidad, es como una tarjeta de crédito sin límites, que abren muchas puertas. Es nuestra carta de presentación ante la sociedad para orgullo de nuestros hijos.

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