Martín Cid
Fenomenología, Metafísica y Michael Jackson
No sólo es el 26 de junio una fecha famosa porque nació un tal Martín Cid, orgulloso autor de este artículo. Un día antes aconteció hace ya más de 365 días un hecho “histórico”: la repentina muerte de Michael Jackson. Lo recordé esta mañana mientras tomaba un café (esta noche sí había dormido). Fueron unos momentos se supone emotivos: jovencitos y jovencitas llorando, recuerdos de sus videos musicales y demás cuestiones no siempre dignas de un informativo.
El asunto Michael Jackson (que no era precisamente mi ídolo y no precisamente por el color de su piel, sabe Dios de qué color era) me recuerda a otros semi-ídolos modernos (y nótese la casualidad de que eran todos norteamericanos). Dos ejemplos me vienen a la mente, siendo el primero Elvis Presley (famoso consumidor de fármacos como Jackson) y el segundo la famosa Marilyn Monroe (también famosa consumidora de barbitúricos). En estos tres ejemplos (y en muchos otros con ligeras variantes) se tiene el siguiente esquema: figura popular aquejada por la tragedia termina muriendo pronto víctima de la fama que no ha sabido sobrellevar. (Ahora es cuando nos ponemos un poco más pedantes). Si miramos un poco más atrás, nos encontramos a los héroes de antaño: artistas también pero con muy distintas cualidades. Ejemplos sonoros son los de Chopin o Schumann, el primero muerto de tuberculosis, el segundo prácticamente loco.
En otras artes los héroes no fueron menos trágicos: literatos alcoholizados (no tenemos espacio para los millones de ejemplos en este campo), actores que no soportan la fama (James Dean o el más reciente Heath Ledger)… El esquema se viene repitiendo desde tiempos remotos y podemos remitirnos a Frazer y su Rama Dorada para explicarlo con mayor abstracción: el héroe se vuelve loco para lograr la gloria. Así Frazer nos habla del guardián al que hay que derrotar para conseguir la rama y así nos habla Cervantes del Molino imaginario y así nos habla Joyce sobre el Ulises convertido en un Bloom ya adaptado a los tiempos modernos. El modelo es demasiado antiguo para ser derrotado y se ha grabado con fuego en el inconsciente. Así, una novela de éxito ha de mantener siempre el papel de este héroe (a veces anti-héroe recurriendo a una extraña (y hegeliana) dialéctica de “los extremos se tocan”) y ha de buscar a través de sus personajes el camino representado por la cadena conflicto-personaje-resolución=héroe.
Porque el héroe debe llevar a sus espaldas el peso del propio conflicto (y si nos ponemos un poco más trascendentes podemos incluso encontrar en alguna religión mayoritaria este mismo ejemplo) y en la lucha adquirirá las cualidades propias de su titánico papel. En nuestra religión mayoritaria, es el propio Jesucristo el que salva a la humanidad y la purga de todos los pecados para, al fin, salvarse a sí mismo. El héroe es alguien que normalmente entrega su vida y es alguien en un principio interesado que luego salva a un número de personas.
Pero, como siempre sucede, hay buenas y malas novelas y buenos y malos artistas. Comenzaba hoy hablando de Michael Jackson y terminé hablando de Jesucristo. Desde luego, queda fuera de toda duda la pervivencia del esquema literario-heroico del segundo. ¿Qué pasará con el primero? Habrá que seguir la trayectoria de los que religiosamente acuden a su tumba y estudiar la influencia de los medios que ahora coronan a su trágico héroe. Quizás algún día un buen escritor decida tomar a este señor como modelo para una gran obra.
No seré yo quien lo haga.
Quizás el modelo no merezca tamaña empresa.
**Martín Cid es autor de las novelas Ariza (ed. Alcalá, 2008), Un Siglo de Cenizas (ed. Akrón, 2009), Los 7 Pecados de Eminescu (e-book) y del ensayo Propaganda, Mentiras y Montaje de Atracción (ed. Akrón, 2010). http://www.martincid.com