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José Carvajal

El pensamiento literario de René

Muchos hablan de la narrativa y los poemas de René del Risco Bermúdez, pero por lo que he leído y observado creo que son pocos los que se han acercado al pensamiento literario del autor del poemario “El viento frío” y los celebrados cuentos “Ahora que vuelvo, Ton” y “En el barrio no hay banderas”. El pensamiento es aquello que se produce fuera de libros, pues dentro de estos lo que queda es un registro lingüístico del desarrollo de las ideas. Y en el caso de René del Risco Bermúdez el pensamiento literario parece relativamente escaso porque murió cuando apenas comenzaba a levantar vuelo hacia lo que se podría llamar la zona de madurez del escritor; tenía solo 35 años al momento de perder la vida en un accidente automovilístico en 1972.

Sin embargo, en el pensamiento de René del Risco Bermúdez se encuentran claves que podrían ayudarnos a explicar el fenómeno de que se convirtiera en una figura emblemática de su generación del 60. Lo primero es que asumió el oficio de la palabra como un desafío para llegar al público, a veces sin importar géneros ni formatos. Eso se deduce de lo que dijo en 1971 en una entrevista con Pedro Caro: “[…] a mí me gusta probarme como escritor, a todos los niveles. No miro con desdén ningún medio que me permita expresarme como escritor. Me interesa y me gusta probarme en el sentido de si puedo llegar justamente a la gente, no importa escribiendo qué. Así mismo me agrada cuando creo una campaña publicitaria como ‘el queriquichi queríquicha’ de un jabón de lavar, que la gente repite, como el ‘jingle’ de una margarina; como cuando escribo una canción que la gente respalda en un festival, como cuando publico un cuento del que más tarde me habla el hombre que atiende una barra o un poema que se discute en un club cultural de la ciudad capital, o un soneto que alguien más tarde me refiere”.

Esas palabras encierran todos los oficios que dieron vida a la firma René del Risco Bermúdez, y que hoy debemos conformarnos con conocerla en la posteridad del ser humano que se fue a destiempo. Fue publicista, compositor, poeta, narrador; y un locutor con voz singular y estremecedora, especialmente cuando leía su propia poesía. En el pensamiento literario de René del Risco Bermúdez se descubre además que como autor se sentía comprometido con la sociedad: “Yo como escritor me he impuesto una misión, llegar a la gente, porque creo que a la gente hay que decirle muchas cosas”.

Tampoco se puede pasar por alto la preocupación de René del Risco Bermúdez por el buen uso del lenguaje, a pesar de su empeño en comunicarse llanamente con los receptores de su obra: “Yo lo tengo muy en cuenta, sobre todo el sentido, el contenido abstracto y emotivo de cada palabra” —dijo en otra entrevista realizada en 1972 por Clara Leyla Alfonso, y publicada en la Revista Serie 23—. “La significación emotiva, su fuerza, yo veo cada palabra como un generador de sentimientos. No hay manera de ver el lenguaje para escribir que no sea a través de la sugerencia que tenga cada palabra, no lo que la palabra quiera decir en términos de diccionario, sino por lo que sugiera a quien la lee”.

Otras claves que podrían explicar lo emblemático de René son la disciplina y la determinación de no confundir el discurso literario con el activismo político: “[…] los que hacemos literatura, aun los que tenemos posiciones políticas bien definidas, no podemos permitir que nuestro trabajo se vea debilitado por las circunstancias que rodea nuestra política. Nosotros no podemos perder de vista que el arma que hemos elegido es justamente la literatura, y que definitivamente el avance de las ideas en nuestro medio tiene un frente de lucha en los escritores”.

Eso último me trae a la memoria al clásico universal Goethe, quien sostenía que el poeta que decida trabajar políticamente debería entregarse a un partido, pero advirtiendo que en cuanto haga eso “estará perdido como poeta” y “deberá decir adiós a su espíritu libre, a su visión imparcial”. Sin embargo, una de las facetas de René del Risco Bermúdez fue su activismo en la lucha contra la dictadura de Trujillo, lo que terminó convirtiéndolo en un perseguido durante los últimos años del régimen. “En la cárcel La 40 sufrió la tortura de la silla eléctrica y su cuerpo quedó marcado para siempre con las cicatrices de los azotes en la espalda y las oquedades en las piernas por los cigarrillos que los verdugos apagaban en su carne tierna”, apunta la periodista Angela Peña en un amplio reportaje acerca de René, publicado en 2003 en el diario Hoy.

En el inicio de dicho reportaje Angela Peña destaca que René “[…] combatió con ardor y sin temores la tiranía trujillista, luchó en la revolución constitucionalista de abril de 1965, publicó narraciones, poesía, fundó grupos literarios, compuso canciones, creó empresas, produjo populares programas en la radio y la televisión y dejó a su descendencia el legado de su sensibilidad humana y el regalo de sus lauros pues su canto, sus cuentos, sus versos originales, superiores, enriquecedores, hermosos, merecieron el reconocimiento general”.

Este 2017 la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo está dedicada a René del Risco Bermúdez. Y no es para menos. Las razones sobran: se cumplen 80 años del nacimiento del poeta en la provincia de San Pedro de Macorís; cincuenta de la primera edición de su exitoso poemario “El viento frío”; y más de 40 de estar entre nosotros solo como figura emblemática de lo que para mí representa la generación literaria más importante de las letras dominicanas de todos los tiempos. La Editora Nacional aprovechó la ocasión para reeditar las obras de René del Risco Bermúdez y ahora toca leerlas, analizarlas, ahondar en sus ideas literarias, descubrir sus virtudes y sus defectos, y difundirlas por todas partes; es lo menos que podemos hacer con un escritor fallecido que no merece el olvido.

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