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Cándido Mercedes

DESHOJANDO PARADIGMAS Reflexiones sobre un enemigo invisible en Navidad

Covid-19 me despido de ti para decirte que no te desprecio, así como no odio la muerte, porque amo inmensamente la vida. Me alegro, en la mejor tesitura, en la actitud de que nos has puesto a reflexionar sobre nuestros estilos de vida, a aprender a vivir en torno a lo esencial, a revalorar lo que verdaderamente importa, nos agrega valor.
 
“Una catástrofe siempre sale de alguna parte, ha sido preparada, tiene una historia”. (Neyrat).

Distinguido y respetado Covid-19:

Nos has permitido revalorarnos y encontrar la capacidad de resiliencia en medio de la tragedia humana que has traído contigo. Creo que nosotros mismos te creamos, que no fue tu eclosión algo abrupto, sino una expresión en silencio de nuestro proceso de globalización de los mercados, de la hiperconectividad en el largo trajinar de los desplazamientos en los distintos continentes y del proceso de urbanización tan vasto en los últimos tiempos. ¡Lo que ayer significaba 100 y 200 años, ahora se hace en apenas 10 y 20 años!

Has gravitado, primero como epidemia en China (Wuhan), para convertirte velozmente en una pandemia. Una pandemia al decir de Anthony Giddens y Philip Sutton “es una epidemia que se extiende por todo el mundo o por una área muy extensa, atravesando fronteras internacionales y que por lo general afecta a un gran número de personas”. Para cuando escribimos esta glosa, en el mundo han sido contagiados 78,380,606 y muerto 1,724,562. En nuestro país 162,496 contagiados y 2,401 fallecidos.

Covid-19, como epidemia no has sido la más letal en los acontecimientos infecciosos a la humanidad, empero, eres, hoy por hoy, la que más ha trastocado al mundo dado las relaciones mundiales de la economía. Lo que tu has significado en tanto disyuntiva y crisis, es la oportunidad de replantearnos una nueva emergencia civilizatoria que tenga como centro lo vital en cada uno de nosotros. Es una nueva construcción social que permee la vida humana misma. Es un ecosocial que se deslice hacia una mutación social que tenga como epicentro y escenario transversal a cada uno de nosotros.

Al crearte, nosotros con la destrucción del planeta, erosionándolo hasta generar el cambio climático y con ello la pérdida de biodiversidad, nos ha colocado en un difícil tránsito de nuestra existencia. La crisis ecosocial y la visión fragmentada de entender la dinámica de la vida social, con esa inteligencia ciega de que nos hablara Edgar Morín, de pensar y entender el conocimiento como una especie de túnel tubular donde no se aprecia el conjunto, las tonalidades y el todo, desconociendo la vida fractal del universo. El complejo mundo que se ramifica y expresa en distintas escalas y dimensiones en el planeta.

Covid-19 nos has desconfigurado y al hacerlo, nos has retado, desafiado. Hemos tenido que aprender un nuevo léxico: PCR, tasa de letalidad, tasa de positividad, número de contagiados, número de fallecidos, confinamientos, proceso de desescalamiento, número de camas, número en UCI. La covidianidad nos ha alumbrado con tal irrupción acerca de las prioridades esenciales, de que más allá de la crisis sanitaria que ha puesto sobre la mesa, visibilizando el marco es más amplio: es una crisis civilizatoria que envuelve, engloba, para decirlo en el juego de los rusos, una crisis “mantrioshkas”. Tú has puesto de relieve una crisis que viene desde hace mucho tiempo: crisis ecológica que sintetiza lo sanitario, lo económico. Un ecosistema totalmente fractal.

Respetado Covid-19, ironía de la vida, te damos una categoría valórica sin conocerte ni porque decide nuestra vida; sin embargo, al objetivarte no podemos desconocer como hoy nos has cambiado. Nos llevas a reflexionar en el entramado de la cotidianidad antes de tu vida sin llamarte y la nueva covidianidad que encierra tu presencia. El no reconocimiento de tu presencia y letalidad es el prejuicio y bloqueamiento que se expresa en el conflicto entre “la normalidad y la conservación de la vida”. Hay, por decirlo así, una ecodependencia que nos lleva a situarnos en una perspectiva más amplia de apertura mental-emocional y social. ¡Es una nueva interdependencia como nos hablaría Covey, pero esta vez para sostener una dinámica existencia más glorificada!

Covid-19, hay tantas cosas que trajiste sin avisarnos y algunas aceleraron el proceso tecnológico, procesos diferentes: el teletrabajo, la teleconferencia, la virtualidad sin parangón. Nos dimos cuenta que las conferencias por una plataforma tecnológica eran más numerosas y se comenzaba en el tiempo pautado. Un nuevo tipo de relacionamiento se ha encauzado. Nos ha puesto a pensar en esta difícil trampa de civilización en que hemos estado durante tanto tiempo, donde en gran medida el sistema económico mundial ha estado permanentemente en violencia con la vida. Nos lleva a reflexionar sobre el falso dilema, el dualismo poco humano, entre la salud y la economía, que es, entre la muerte y la vida.

El Covid-19 nos desmiembra, nos estropea, nos bifurca, no obstante, nos catapulta en ese esfuerzo por encontrarnos en un proceso de introspección que nos conduce hacia la ternura especial con nuestros congéneres, con la naturaleza. La emergencia civilizatoria conlleva, intrínsecamente, una visión más fértil con la vida misma, a comprender el abanico de deterioro ecosocial en que hemos incurrido. Nos ha dejado un drama doloroso, con cambios en el formato de la vida, del trabajo, del status, de la simbología y del orden de importancia. Nos llevaste al cambio acelerado sin preámbulo de negación y justificación. ¡Cambiar o morir!

Cuántas cosas, Covid-19, has podido ayudarnos a desvelar: “la fragilidad del metabolismo social construido en torno a la violencia, el ejercicio desigual del poder y el dinero como prioridad”. Covid-19, en el mundo tendremos que repensar la economía, donde el PIB no sea un indicador clave para entender una economía. Nos relieva que la desigualdad no puede ya seguir visualizando como un elemento, un hecho natural, sino en la comprensión de acciones y decisiones políticas. Aquí, en mi país el 20% más rico tiene el 50% de toda la riqueza y el 20% más pobre, apenas el 5%. Covid-19, en solo días fotografiaste la verdadera realidad social de nuestra formación social: 2,000,000 de hogares dominicanos reciben determinadas asistencia social del Estado. Todo el discurso de pamplinas se desgarbó alrededor de que éramos un país de inmensa clase media y que teníamos un sistema de salud moderno.

Covid-19 me despido de ti para decirte que no te desprecio, así como no odio la muerte, porque amo inmensamente la vida. Me alegro, en la mejor tesitura, en la actitud de que nos has puesto a reflexionar sobre nuestros estilos de vida, a aprender a vivir en torno a lo esencial, a revalorar lo que verdaderamente importa, nos agrega valor. Aprender a vivir sin opulencia y a comprender que para que unos pocos vivan tan extraordinariamente bien, de manera tan fabulosa, tantos no pueden estar excluidos y marginados de la civilización. El Covid-19 planteas la necesidad ineludible, inexorable, de un nuevo rediseño de la política y del poder. Me gustaría que te vayas ya. Pero me dirás que nosotros te creamos y te tenemos que inocular con las vacunas. Mientras tanto, pido a los dominicanos y dominicanas que se cuiden: mascarillas, distancia física y entender que hay más días y navidades como en otros tiempos. Es solo un compás de espera. Seamos más disciplinados para poder decirle a viva voz y a todo pulmón: Felicidades en Navidades y Año Nuevo.

Zygmunt Bauman en sus Reflexiones sobre un Mundo Líquido, nos dijo hace algún tiempo “El actual modelo de crecimiento causa unos daños irreversibles. Y esto es así porque el “crecimiento” se mide en función del aumento de la producción material, en vez de ser medido en función de servicios como el ocio, la salud y la educación”. ¡Les auguramos mayores niveles de resiliencia y empatía para trascender esta adversidad que nos arropa. FELICIDADES!

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