Ramón Puello Baez
De nuevo a llorar ante el “muro de las lamentaciones”
Entendemos que para todos en el país estaba muy claro que tras la firma de un acuerdo de libre comercio con EE.UU. y Centroamérica (DR-Cafta), por sus siglas en ingles, cuyo proceso inició en 2002, se aprobó en 2004 y fue ratificado en 2008, la República Dominicana abriría a partir de enero 2015 sus aduanas para que centenares de productos de esos países ingresaran a nuestros mercados sin pagar impuestos, y que tal desgravación masiva tendría un fuerte impacto de disminución en las recaudaciones arancelarias y de competitividad desigual para nuestra industria.
Se supone que ante una realidad como esa, gobierno y empresarios debieron provocar rápidamente un pacto o alianza, para ejecutar un programa de acción conjunto, que incluyera un cronograma contra el reloj de metas, que por lo menos, redujera al mínimo los aspectos negativos previstos en una década, plazo que ya la tenemos ante nuestras narices, provocando lamentos por doquier, porque no fuimos capaces de organizarnos, planificar, prevenir y pactar para el bien de todos.
El senado de la República abrió vistas públicas, que mas parece un “muro de las lamentaciones”, para que todos los sectores que se sientan perjudicados con todo lo que nos viene encima, expresen sus ideas o consideraciones, aunque nada de eso valdrá en estos momentos, porque lo que todos proponen ahora, debió iniciarse por lo menos en el 2004.
Ahora, de seguro, lo más fácil será buscar un chivo expiatorio para descargar en él nuestras frustraciones. Generalmente se escoge a los gobiernos, que como administradores del Estado y responsables de diseñar y ejecutar las políticas públicas, tienen una alta responsabilidad en el caso, y es cierto, pero tan responsables como el gobierno son los empresarios e industriales, conocedores de las debilidades institucionales del país y nuestra cultura que niega constantemente aquel sabio refrán que reza: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.
Ya en 2006, el señor Michael Fairbanks, consultor estadounidense y considerado un gurú de la competitividad, manifestaba su preocupación “porque el país no se este preparando para lo que viene”. (Listín. Cándida Acosta. 11 de agosto 2006).
Por eso no vale como excusa lo que expresara la presidenta de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), Ligia Bonetti, ante el senado, “que hace diez años, cuando el país inició la firma consecutiva de acuerdos de libre comercio, esa entidad se cansó de advertir lo que podría ocurrir si no acompañábamos la apertura de mercados con políticas de desarrollo industrial y fomento a las exportaciones”.
Lo asombroso del caso es que la Sra. Bonetti recordó que se realizaron “cientos de estudios y pactado acciones para apoyar a los sectores productivos”, pero que todo ha seguido igual, “guiados por un modelo económico que prioriza el endeudamiento, los sectores de servicios y las importaciones vs. la producción”.
Reconocemos que el sector gubernamental desplegó algunos esfuerzos, como el Plan Nacional de Competitividad, pero tenemos que admitir que sus alcances y logros no han llenado las expectativas en el tiempo.
La “conclusión es clara y contundente”, como dice la canción de Alberto Cortez. No le dimos continuidad, nos descuidamos, nos han vuelto a encontrar desprevenidos o “asando batatas” como suele decirse en buen dominicano.
No es momento de chivos expiatorios o de encender una hoguera pública para arrojar en ella a todos los responsables, porque todos los somos y el mismo país perecería cremado en ella. Gobiernos, industriales, la prensa, todos debimos estar atentos a lo que venía, pero nos descuidamos entretenidos en múltiples asuntos, mucho de ellos pueriles y no trabajamos lo suficiente y de manera cronológica, como debió hacerse, para cumplir con lo que asumimos.
Resulta ridículo escuchar ahora voces que demandan modificar el DR-Cafta. Eso es desconocer la estructura de ese acuerdo, ya que las medidas que se adoptarían contra el país y su comercio serían peor que el mismo impacto de la desgravación masiva de enero 2015.
El plazo para proteger nuestro sector industrial en el DR-Cafta fue de 10 años y ya prácticamente se han cumplido sin hacer nuestra tarea. El plazo para proteger nuestros productos agrícolas es de 20 y ya van diez. De manera que surge una nueva interrogante: ¿qué haremos al respecto?.
La única explicación de este desliz se encuentra en la literatura de los intelectuales dominicanos mal llamados “pesimistas”, que proponemos debería releerse, para que entendamos la idiosincrasia de la sociedad dominicana. Comencemos con Cartas a Evelina, del destacado médico y escritor Francisco Moscoso Puello, que incluso no hay que comprar, pues se lee gratis en internet. Con solo colocar el título en google, le devolverán un pdf. Que les sea de provecho!