Ramón Santana
Chávez y la Dictadura con Respaldo Popular
Entre los años 1973 y 1980, al igual que yo, varios jóvenes solíamos visitar al Profesor Bosch para tratar diferentes tópicos. De mi parte, era sumamente importante aprovechar la oportunidad que me brindaba el ser dirigente medio para poder intercambiar opiniones o ideas directamente con el autor de varias obras de corte socio-político. Aquellas reuniones eran lo más parecido al proceso de exprimir una esponja, pues precisamente eso era lo que tratábamos de hacer, exprimir aquel cerebro generador de tan maravillosas ideas.
Un día comenté con el Profesor sobre su obra “Judas Iscariote: el calumniado” y cuando concluimos, recuerdo claramente, que le pregunté lo siguiente: “¿Qué le parece si comenzamos en la próxima sobre Dictadura con Respaldo Popular?” A lo que Bosch me contesto “Después”. Claro, que con la agudización de la lucha de tendencias y el control de la aristocracia partidaria, aquel “Después” de Bosch se hizo imposible. Aunque hablamos de otros temas, después de aquel momento confieso haber tenido temor en insistir específicamente en ese tópico.
Después de todo el tema era sumamente espinoso. Tan espinoso que estoy consiente de que, aun hoy, expresar mi opinión causará escozor en muchos. Solo con el paso de los años pude comprender lo temerario que fui al plantearle a Bosch tratar sobre el tópico en cuestión, lo cual solo se explica por esa sed de aprender que se tiene en esos años mozos. Eran los años pos-Caracoles y dentro del mismo PRD, Bosch había tenido –desde 1970- que enfrentar con ideas auténticamente revolucionarias al ala mas conservadora de dicho partido, por lo cual precisamente se produjo su ruptura y la posterior formación del PLD.
En lo personal, no me tomo tanto tiempo para claramente entender que la profundidad del pensamiento de Bosch estaba muchos años mas adelantado, incluso mas que muchos jóvenes de mi generación. Obviamente, no me quedó la menor duda entender en lo más intrínseco el proyecto que Bosch describió en la obra.
Pero quien demostró claramente haber entendido la profundidad del pensamiento de Bosch fue Hugo Chávez Frías. Esa manera de encausar sus ideas socialistas con el respaldo popular, sin rehuir a los procesos electorales, sin rechazar la importancia de los sectores productivos progresistas, enfrentando a los grandes poderes, tanto nacionales como internacionales, enfrentando a los hoy llamados sectores facticos de su país, eso es lo que nos demuestra que las palabras de elogio de Chávez tanto a Bosch como a Caamaño tuvieron raíces muy profundas.
Pero algo que muchos pierden de vista al analizar el proceso venezolano es el papel determinante que ha jugado uno de los componentes más importantes señalados por Bosch: las fuerzas armadas. Y no ha sido casual que precisamente sea de sus filas que saliera Hugo Chávez Frías, precisamente después del descalabro del sistema de partidos carcomidos por la estela de corrupción e incapacidad.
Recuerdo una anécdota de un familiar militar que en los tiempos de la Era de Trujillo tuvo la oportunidad de ir a entrenarse a Venezuela. De quien les hablo es del Teniente Faustino Rodriguez Guerrero (Fausto), quien entre mis familiares se dice que fue el primer “Guerrero” (entiéndase de apellido Guerrero) que tenia en mente matar a Trujillo, pues obviamente Amadito (Teniente Amado García Guerrero) fue quien se encargo de darle el tiro de gracia.
En Enero del 1958 un grupo de militares -progresistas como Chávez- derrocaron al Dictador Marcos Pérez Jiménez en Venezuela. Para finales de ese mismo año o principios de 1959, un grupo de militares dominicanos viajo a Venezuela para fines de entrenamiento. Entre ellos estaban Faustino Rodriguez Guerrero y Rafael Tomas Fernández Domínguez, quienes eran compañeros inseparables. Fernández Domínguez fue el estudiante más sobresaliente y Fausto el segundo.
Sucede que en el intercambio entre los militares entrenados y sus entrenadores, salió a relucir que los militares venezolanos arengaban a sus homólogos dominicanos para que aprendieran a derrocar dictadores. Recordemos que estamos hablando de que en nuestro país estábamos viviendo la Era de Trujillo. Como consecuencia, a su regreso de Venezuela todos estos militares fueron dispersados en el territorio dominicano y en la Base de San Isidro solo dejaron a Fernández Domínguez por ser hijo de Ludovino Fernández y a Fausto quizás por su estrecha amistad. Fausto murió antes del tiranicidio.
Pero lo verdaderamente importante en todo lo anterior es el efecto que tiene el crear conciencia sobre las responsabilidades que tenemos con nuestros pueblos y hacer de ello un proceso interminable de generación en generación. En Fernández Domínguez los venezolanos sembraron la semilla de la dignidad, lo cual creó el terreno fértil para que Bosch terminara su trabajo de concientización mas profunda con él. Luego Fernández Domínguez hizo lo mismo con Caamaño. Lo verdaderamente penoso es haber escuchado de un distinguido dominicano –en los momentos críticos de Chávez en el poder- decir lo siguiente: “Creo que Chávez esta afrontando una situación delicada.
Problemas con la prensa, problemas con la iglesia. En fin, pero figúrense, para él (Chávez) Caamaño es su ídolo”
“Perdimos a Chávez” me dijo un entrañable amigo y yo creo todo lo contrario “ganamos con su ejemplo”.
Ramón Santana. Dominicano residente en Teaneck, NJ, USA