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Rolando Fernández

Uno de los grandes errores de las religiones convencionales: personalizar a Dios

“Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer”. (Juan 1:18, Sagrada Biblia).

Se desprende de tal afirmación bíblica que, el decir “que Dios se hizo carne al nacer del vientre de María, la virgen”, como ha sido lo que de ordinario se estila a través de todas las religiones convencionales, suena como algo contradictorio, y poco ponderado, obviamente, en tiempos en que el flujo de las informaciones de orden espiritual esotérico es tan amplio, y que los contenidos de las mismas Sagradas Escrituras ya han sido escrutados en gran parte, como difundidos con su suficiente amplitud pedagógica.

Según los grandes entendidos en esa temática, quien en realidad nació del vientre preparado de María, seleccionado previamente por la Divinidad Suprema para tal propósito, fue el amado maestro Jesús-Hombre, en la encarnación de un maestro ascendido de tercer grado, o iniciación, que luego de completar la evolución espiritual requerida, como entonces ocurrió, estaría en capacidad  de servir como medio de expresión de la Conciencia Magna del Padre en los cielos, a nivel terrenal, el Cristo, y que pasaría con posterioridad a ser  Jesús el Cristo, para llevar a  efecto el ministerio sagrado asignado, durante tres años (30-33), tal se produjo, luego que Juan el Bautista el bautizara, con la encomienda debida: ¡mostrar a los hombres qué hacer para su regreso definitivo a su Fuente de Origen!

Si Dios se hubiera hecho carne, físicamente, tal uno más de la especie humana, o al menos parecido, se podría decir, que habría sido visto en el planeta Tierra, lo cual se contradeciría con lo expresado en la Sagrada Biblia.

Y, por consiguiente, también sería posible hablar de sexo, raza, color, etc. con respecto a Él, lo cual nadie osaría hacer, aunque si todos lo conciben siempre como un Ser-Hombre de tez blanca y pelo lacio; jamás de color oscuro, y pelo crespo, por pura concepción acomodaticia mundana. Y claro, el racismo complejo atribuible a la gente.

Él no tiene sexo; no es hombre ni mujer, hablando en el lenguaje de los terrícolas. ¡Es Espíritu, sublime Energía pura!, que está en la base de toda la creación. Es la Vida Misma Una. Es el Amor incondicional. Y, la Inteligencia Suprema Una, en que se sustenta el Universo. Él es la causa de todas las cosas que el hombre no logra comprender. Él que hace posible que el hombre vea a través de sus propios ojos; y que, sin embargo, a Él no se le puede ver.

Probablemente, el motivo de la gran confusión, con relación a Dios ser una persona, u hombre, el craso error en que desde antaño han venido incurriendo las religiones convencionales, en términos de enseñanza a sus seguidores, obedece a que el hombre fue creado, según la Sagradas Escritura, a Su imagen y semejanza.  (Génesis 1-26).

Pero, como es lógico entender, esa similitud no fue de orden físico, por lo que puede ser se les infiera como iguales en ese orden, sino de carácter espiritual propiamente, en los tres aspectos Uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La misma Trinidad está en cada Alma (Espíritu encarnado) a la que cada cuerpo físico sirve como templo, y medio de expresión terrenal.

El Padre, el director y dador de vida; el Hijo, el Cristo que debe nacer en cada ser humano (Conciencia divina, la que el amado maestro Jesús encarnó, y su respectiva expansión a través de los ciclos evolutivos (corrientes de vida a cursar); y, Espíritu Santo, la Inteligencia Suprema Una, de la que cada quien dispone de un fragmento integrado. Es ahí que está la similitud Dios-hombres).

Luego, cuando se leen afirmaciones como: “Navidad: Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”, provenientes de una alta autoridad eclesiástica, tal lo es el arzobispo de Santo Domingo Francisco Ozoria, y decir a continuación: “la Navidad es el momento en que Dios hecho carne nació del vientre de María, la virgen” - (ver periódico “HOY”, edición del 26-12-17) -, la verdad es que son cosas que resultan chocantes para las personas que se han inclinado por escudriñar  sobre asuntos esotéricos relativos a la temática,

De orden es manifestar que, la fecha en que realmente nació Jesús, establecida entonces como el 25 de diciembre, respecto de lo que aún hay una gran incertidumbre, aunque se tienen ya datos que revelan la ocurrencia de ese hecho fuera del citado mes, todavía no se conoce en verdad.

Se dice que el referido acontecimiento fue ubicarlo a finales de dicho mes, como una imposición de la Iglesia Católica, tal forma de combatir el paganismo existente durante esos tiempos en la antigua Roma (Fiestas Saturnales - Saturnalia, en latín -); restarles lucidez a esas connotadas celebraciones, tal de hecho se logró.

Dijo el prelado católico al celebrar la tradicional fiesta de la Natividad o Navidad, correspondiente al año 2017, “el Señor llegó y tomó carne. Expresó que es el Enmanuel, el Dios con nosotros”. “No hay otro motivo más grande que ese momento para   alegrarnos y celebrar”.

Son esas de las tantas cosas que han restado mucho a las creencias espirituales en firme de la humanidad, manifestadas de esa forma; y por lo que la misma se ha inclinado por continuar honrando los convencionalismos tradicionales; e ignorar casi por completo su verdadera esencia y propósitos sobre el planeta.

Ya es tiempo, casi al final de la llamada Era Cristina, para que al mundo se le oriente mejor sobre el verdadero sentido de la Navidad, y su profundo significado atribuible en el contexto esotérico, que no creemos sea desconocido por las principales jerarcas de la Iglesia Católica, principalmente, aunque los prelados tengan que salirse un poco de los cánones reglamentarios que se comprometen a cumplir.

Amén del alimento religioso-espiritual que se pueda recibir de las iglesias propiamente, y para más edificación sobre el tema, una de las obras consultadas que recomendamos, en la que con mayor claridad se explica el Nacimiento del Cristo, esencia de la Navidad es “La Vida Impersonal”, de Joseph S. Benner, de la que extraemos parcialmente, y a manera de resumen, lo que a continuación se transcribe.


Para que el Ser Divino interno, del cual somos templo, pueda despertar la mente del hombre, en el sentido de su clara comprensión en relación con Este, se debe nacer previamente de un “Amor Virgen, en un humilde pesebre”, queriendo significar, simbólicamente con este último, en el sitio a que acuden las bestias mansas en servicio para alimentarse, que en el caso de los humanos sería alimento espiritual. Nacer de una Virgen, en pesebre, como ocurrió con Jesús, que habría de convertirse luego en Jesús el Cristo, son símbolos fundamentales de la Navidad.


Luego de así explicado, con todo el respeto que nos merece su persona, monseñor Ozoria, como los demás jerarcas de Iglesia Católica, y los pastores que ejercen a nivel de las otras religiones que se tienen en el país, procedería que toda edificación u orientación a las feligresías sobre la Navidad o Natividad se abordaran en el ámbito esotérico propiamente.


Es lo más probable que de esa forma, tratando de concienciar a la gente en ese tenor, la mayoría se incline por una celebración más espiritual durante la época, y se dejen de lado un poco los “fiesteos”, las bebentinas, las parrandas, y la propensión al alto consumo, que son de las cosas que mayormente se estilan durante las festividades alusivas a tan significativo acto de carácter divino, en contradicción obvia con su verdadera esencia.


Autor: Rolando Fernández


www.rfcaminems.wordpress.com

 

 

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