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Cándido Mercedes

DESHOJANDO PARADIGMAS Los saberes, neurociencias y desarrollo sostenible

 “Somos seres humanos y a la vez individuos; somos una pequeña parte de la sociedad y también un fragmento de una especie. Pero, en el seno de nuestra especie individual, la sociedad es presentada con su cultura, sus normas, sus leyes. La especie está igualmente presente: para que la reproducción de la especie continúe hacen falta dos individuos de sexo diferente. Pero es evidente que la especie no podría existir sin los individuos que se aparean y la sociedad tampoco podría si no existieran las interacciones entre individuos…”.

 (Edgar Morín; nació en el 1921)

Los siete saberes de Edgar Morin, así como los cuatro pilares o saberes de la educación de Jacques Delors, creados en el 1996 y 1999, se recrean hoy a partir de la neurociencia, que a su vez repercute significativamente en la neuroeducación y una perspectiva cierta en los neuroaprendizajes. Todo ello apuntalaría a una mejor mirada en lo que hoy denominamos competencias. El resultado de esa imbricación es claro que nos deja un verdadero desarrollo sostenible porque la diana medular atraviesa, como una simple obviedad, en el talento humano.

La neurociencia, que tiene como eje central, como especificidad al cerebro, capta los distintos saberes y los recrea en un proceso de mutación, como su centro mismo y su metamorfosis, en todas las dimensiones posibles. Ello así, porque el campo de la neurociencia en su complejidad, transdisciplinariedad, aborda a todo lo que encierra el proceso de la cognición y su reflejo: la conducta. Lo que hace grande esta ciencia es cómo interactúan los elementos que ella contiene: estructura, función, desarrollo ontogenético, bioquímico, farmacológico y lo patológico que existe en cada uno de nosotros.

Ese amplio espectro que se anida en el sistema nervioso se amplifica en el cerebro y este se recrea y modifica para posibilitar nuestra existencia como tal: personas. Esto quiere decir que el cerebro es algo más que un quilo y medio de masa y con ello, tiene como característica nodal, esencial, que cambia a cada rato. La neurociencia es al desarrollo social-humano lo que constituye un vaso de agua en el desierto, imprescindible. La neurociencia es la decantación, diferenciación explícita de la evolución del ser humano manifestada en las ciencias. ¡Como nunca dejaremos de aprender y de conocernos! Durante cientos de años la humanidad hizo casi más esfuerzos en conocer el mundo exterior, lo que había allá afuera. Hoy, sin dejar de conocer todo lo que hay, posa su mirada en él y descubre en el cuerpo senderos de estrellas al interior que desnuda nuestras conductas, comportamientos, contextos y tendencias.

El protagonista de la historia del aprendizaje: el cerebro, nos dice hoy a través de la neurociencia que el conocimiento de cómo el órgano no se ha agotado. Conocer las neuronas, la corteza cerebral, el sistema límbico, la sinapsis, los neurotransmisores (acetilcolina, dopamina, noradrenalina, serotonina), la oxitocina, fue un largo proceso del conocimiento como lo fue la visibilización de las distintas memorias y las inteligencias múltiples. Ahora, la neurociencia en una nueva dimensión ausculta y desvela los tramos del mapa mental que nos cubre como ser humano. Es el juego de la ciencia. La neurociencia que permite ver al cerebro como algo más que nos ayuda a ver, sentir, actuar, interpretar y aprender. 

La neurociencia asume los caminos epigenéticos de nuestra naturaleza y nos conecta con el espacio vital de lo social en su prodigalidad de interacción social. Es por decirlo así, asunción biológica y social trascendida, la nueva ciencia que es la neurociencia. La neurociencia hoy recoge las neuronas espejo y en un “acto civilizatorio” combina los estímulos interpersonales con la dinámica fisiológica, trayendo consigo el acto reflejo de lo de adentro con lo de fuera.

Sabemos que hay aprendizaje cuando hay cambio de conducta porque de raíz, aprender es cambiar y esto solo es posible porque el cerebro es como una especie plastimasa, plástica, maleable. Es como una neuroplasticidad donde el cerebro se modela con la experiencia, con nuevas habilidades, nuevas destrezas, nuevas incorporaciones en el hacer, en el ser y en el sentir que nos da ese salto cualitativo a lo largo de la vida. La neuroplasticidad nos permite la capacidad para la adaptación, para la creatividad y la innovación. Nos sumergimos con el otro, con los demás, desde la empatía. Todo esto trajo como singularidad los distintos saberes.

Jacques Delors, economista y político francés, nos hablaría de los 4 pilares o saberes. En el 1996 Delors nos rubricaría de estos importantes pilares de la educación:

Aprender a Conocer (Adquirir los instrumentos de la comprensión).

Aprender a Hacer (Poder para influir sobre el propio entorno).

Aprender a Vivir juntos (Para participar y cooperar con los demás).

Aprender a Ser (Desarrollo de la propia personalidad, capacidad de autonomía, de juicio y responsabilidad personal).

Los 4 pilares o saberes de Jacques Delors constituyen los verdaderos caminos para la paz, la libertad y la justicia social. Así como no hay nada fuera de la naturaleza, podemos extender y decir que no hay nada fuera del cerebro, en el sentido del órgano que capta la realidad y su evolución, la interpreta y la interpela al tiempo que a través de la neurociencia comprende al cerebro vía la persona para entender su conducta, su aprendizaje, su convivencia, su hacer y ser.

Los saberes de Jacques Delors trascienden, por así decirlo, las distintas teorías de aprendizajes:

Teoría de la motivación o del control.

Teoría del aprendizaje social o por observación.

Teoría de la Comunidad de práctica.

Teoría de la Cognición social de Vigotsky.

Teoría de los estilos cognitivos.

El Conductivismo.

El Constructivismo.

Edgar Morín, quien nació en París el 8 de Julio de 1921, esto es, va a tener en este año: 100 años, nos habló, al igual que Delors en la década del cerebro (1990), de los 7 saberes:

Conocimiento (El error y la ilusión. Todo conocimiento es traducción y reconstrucción).

El conocimiento pertinente (Organizar la información adecuada, efectiva. Es la aptitud para poner el saber en contexto).

La condición humana (Identidad del ser humano).

La comprensión humana (Entendernos unos con otros. Explicación y comprensión).

La Incertidumbre (Aprender y afrontar la incertidumbre).

La Era Planetaria (La mundialización).

La Antropoética (La ética a escala humana).

Edgar Morín con esa inteligencia, con esa sabiduría, nos invita a reflexionar acerca de la neurociencia como una columna vertebral para la comprensión del hombre animal (biológico) y el hombre social-cultural (social, antropológico). Esto es, hay una naturaleza biológica, una naturaleza social y una naturaleza individual; la neurociencia la asume desde la complejidad como una totalidad y sus partes; las partes y la totalidad. Asimilarlo como una disrupción, disyunción, disjunto, significaría una contradicción con el desarrollo humano. La visión es holística, como un todo. Su separación es la vida misma sin esperanza. Nos dice el laureado longevo que “cada vez sabemos más, gracias a los trabajos de las neurociencias, que un conocimiento, una percepción no es una fotografía del mundo exterior. Una percepción visual es el fruto de la transformación de fotonos, de estímulos luminosos en miríadas de células que están en nuestra retina…”. 

Hoy, diría, no existe mayor caudal y potencial para el desarrollo de la educción en sus distintos niveles que la neurociencia. Nos ayuda a educar mejor en el largo arco de la vida vital de los seres humanos. La neurociencia es la integración holística de medicina, biología, química, psicología, sociología, a través del conocimiento del cerebro y su evolución y reconstrucción constante.

Los distintos saberes, así como el desarrollo de la neurociencia son un soporte trascendental para LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE: 1) Fin de la pobreza; 2) Hambre Cero; 3) Salud y Bienestar; 4) Educación de Calidad; 5) Igualdad de género; 6) Agua limpia y Saneamiento; 7) Energía limpia y no contaminante; 8) Trabajo decente y crecimiento económico; 10) Reducción de las desigualdades; 11) Ciudades y comunidades sostenibles; 13) Acción por el Clima; 16) Paz, Justicia e Instituciones sólidas.

Allí donde esos saberes y la comprensión de la neurociencia se dan de manera ostensible, la dimensión humana sería el epicentro del desarrollo social. Eje fundamental del capital humano y la verdadera riqueza de un país. La humanidad y el mundo fueran totalmente distintos a los actuales niveles de desigualdad, si aplicáramos los mismos. Kant, ese gran filósofo alemán, dijo una vez “que el ser humano es lo que la educación hace de él”. Los saberes, la neurociencia, nos dan esa necesaria apertura mental y emocional para entender y comprender, explicar, en cada contexto y situación, la conducta, lo social y lo individual, de los grupos y de los individuos.

Ese destino de lo social y de lo individual a través del conocimiento del cerebro. Todo lo humano siempre tiene una explicación, más tarde o más temprano. Porque la vida no existe en el vacío, se lo impide la razón de la locura que habita en cada uno de nosotros.

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