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Martín Cid

Bloomsday

16 de junio: Bloomsday. Para quien no lo sepa, El Bloomsday se celebra en honor a un libro publicado en 1922, llamado Ulises, que lo escribió un tal James Joyce. El Bloomsday se celebra desde 1954 y consiste en seguir los pasos de los personajes del Ulises a través de Dublín. ¿Por qué el 16 de junio? Porque la trama de Ulises se desarrolla íntegramente en ese ya mítico día. ¿Por qué eligió Joyce el 16 de junio en concreto? Una anécdota mil veces contada: primera cita con quien sería su compañera de por vida, Nora Barnacle, y que terminó, debido a la ceguera del escritor, en confusión y con un marinero cabreado y un Joyce apesadumbrado.

Ulises apenas cuenta con tres personajes principales: Leopold Bloom, Stephen Dedalus y Molly Bloom (éste último más secundario en la trama pero fundamental a la hora de comprender el conjunto de significaciones de la novela). Según Joyce, Leopold Bloom es el Joyce maduro que ya era cuando escribió Ulises y Dedalus el Joyce juvenil (que aparece en otra gran novela del autor: Retrato del Artista Adolescente). Molly Bloom viene a representar la diosa madre, muy en la línea de las antiguas religiones extintas hace ya demasiado tiempo.

Curiosidad: Joyce hace otro juego de palabras (el enésimo) entre Bloomsday (día de Bloom) y Doomsday (día del juicio).

Y ahora, después de lo que todos ya sabemos, diré otra verdad también conocida: James Joyce es mi autor predilecto. No, sus novelas no se parecen a las mías porque pretendo hacer otra cosa (la que sea) y no, tampoco el juego con el lenguaje constante es mi juego pero… sí, reconozco a un gran autor que, quizá, será el único en pasar a la Historia de la Literatura en el S. XX (quizá pase algún otro, pero por éste apostaría mi brazo derecho). Sí, también celebro el Bloomsday a mi manera (tomándome una pinta y comiendo riñones) y leo algunas líneas de Ulises en mi horrible inglés de Chamberí. Y sí, el fenómeno Joyce ha llegado a alcanzar cotas cuasi-religiosas en algunos lugares (sobre todo en Irlanda).

¿Por qué la locura joyceiana? Antes decía que me jugaría el brazo derecho, ahora matizaré: Joyce aglutina en un solo libro las tendencias literarias de todo un siglo y, como Don Quijote, sale más que airoso del envite. Cada capítulo de la obra cambia de estilo para seguir los humores del cuerpo humano, diferentes corrientes literarias y un esquema mítico bastante complejo (para el que quiera más información a este respecto, que mire el esquema Linati). Ulises es una obra que exige al lector y, además, no puede ser contenida por la crítica. Me viene a la mente el caso del Quijote: miles de estudios sesudos y millones más de lectores que, más allá de la exégesis, vuelven a encontrarse con los personajes inmortales que vuelven a la vida cada vez. Así, y siendo Ulises el libro que más ríos de tinta ha hecho verter durante el pasado siglo, los lectores se siguen acercando a él porque es una lectura que exige del lector lo mismo que exige del autor. Los constantes juegos de palabras y los distintos niveles de lectura convierten a Ulises en la novela más fascinante del siglo por una causa: una novela que es una novela dentro del enigma del propio lenguaje. Nos sumergimos en la mente de Bloom primero y más tarde en la de Dedalus. ¿Monólogo interior? La idea del monólogo interior ni siquiera es de Joyce (para los curiosos: buscar a un tal Édouard Dujardin) y le fue dada en una carta con su hermano Stanislaus y ni siquiera es la técnica preponderante en el Ulises. La hoy tan famosa corriente de conciencia nos da una idea de la repercusión que el libro tuvo. Y es que acercarnos a Joyce es acercarnos a los mitos ancestrales que más tarde desarrollará en Finnegans Wake y recordar los arquetipos de un tal Jung (que, por cierto y en Suiza, trató la enfermedad de su hija Lucia) y volver a encontrarnos con Shakespeare.

Ulises se convierte en un galimatías por descifrar imposible en sí mismo. ¿Quién intenta explicar con palabras los últimos compases de la novena de Beethoven? Los hay sí, porque haberlos haylos, pero nunca una mirada única (por muy sabia y estirada que sea) puede contener la grandeza de una obra. La complejidad de Ulises fascina al lector que se ve obligado a hacer un esfuerzo de memoria, contemplación y estética para, finalmente, volver a hacerse la pregunta que se hizo al principio: ¿qué es Ulises? Ulises contiene la complejidad de la mente humana desde el prisma literario y la complejidad de la literatura en la mente humana. El juego que lleva a cabo en Finnegans Wake ya se esgrime en sus primeras pinceladas del Ulises: en Finnegans Wake la primera frase empezaba cortada y sólo se comprende si se hila con la última frase del libro (para dar la sensación de circularidad). Esta misma circularidad es uno de los ejes centrales de Ulises: un solo día en su total complejidad de setecientas páginas, un solo día en la complejidad de tan solo tres personajes principales. Sí, amables lectores, el 17 de junio de 1922 también existió (nota al lector: el libro no se desarrolla en 1922 (que alguien le busque las tuercas (no es un error)), la única pena es que James Joyce murió con 58 años a causa de una úlcera de estómago (el vino blanco suizo, el favorito del autor, parece que no era el favorito del estómago). Y no, nadie habló del 17 de junio.

El que importa es el 16 de junio.

El que importa es el Día de Bloom.

Y lo celebro con una buena pinta de cerveza (a mi úlcera tampoco parece que le agrade demasiado).

Porque en estos tiempos en los que la simplicidad ha pasado a convertirse en virtud, también podemos degustar unas buenas pinceladas de complejidad y fascinación.

Buena falta nos hace.

Martín Cid, joyceiano escritor

**Martín Cid es autor de las novelas Ariza (ed. Alcalá, 2008), Un Siglo de Cenizas (ed. Akrón, 2009) y del ensayo “Propaganda, Mentiras y Montaje de Atracción (ed. Akrón, 2010). Dirige la revista cultural Yareah magazine.

Martín Cid

http://www.martincid.com

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