Domingo 25 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Manuel Morales Lama

Diplomacia e identidad nacional hoy.

Por Manuel Morales Lama.

El autor embajador de carrera y consultor internacional

En el marco de las responsabilidades que corresponden a los representantes de los Estados en el exterior, la salvaguarda y promoción de la identidad nacional ha ocupado siempre un lugar esencial. Sin embargo, que dichas representaciones puedan valerse de una particular forma de ejecución de la diplomacia cultural, que permita efectivamente la consecución de objetivos de la política exterior, es un asunto que corresponde justamente a las relaciones internacionales contemporáneas.

De este modo, la diplomacia cultural ha resultado ser un eficiente recurso que permite utilizar el acervo y potencial cultural de la nación, estratégicamente, en beneficio de sus relaciones exteriores. En ese orden los asuntos culturales, manejados con la eficiencia que hoy demandan, constituyen “una eficaz tarjeta de presentación” del país de que se trate, en sus esfuerzos por promocionar una imagen que contribuya eficazmente a lograr un conveniente posicionamiento internacional de la nación, que pueda generar asimismo, un clima de confianza y cooperación propicio a los negocios e inversiones y al turismo. (incluso a los propósitos de integración). Asimismo, se facilita el desarrollo de vínculos fructíferos y duraderos entre los países.

Actualmente, de acuerdo a lo precedentemente señalado, los asuntos culturales son asumidos como el tercer pilar de la política exterior, conjuntamente con los prioritarios asuntos de carácter económico (comercial y financiero) y político (y de seguridad y defensa). Como dato histórico de interés merece recordarse que “el término” diplomacia cultural fue acuñado por Willy Brand, siendo Ministro de Relaciones Exteriores de la entonces República Federal de Alemania.

Debe tenerse presente, que el apropiado ejercicio de la diplomacia cultural requiere que ésta se lleve a cabo a través de los órganos que establece el Derecho Internacional para las relaciones internacionales de los Estados (los Centrales, que son: el Jefe de Estado, el Ministro de Relaciones Exteriores y la Cancillería; y el Externo, que es el Servicio Exterior). Es oportuno resaltar que a las acciones exteriores culturales de los gobiernos “no centrales” (o subnacionales), por su carácter, se les denomina con toda propiedad, “paradiplomacia cultural”.

Conviene resaltar que el prestigio cultural de un país, “estratégicamente manejado”, es un componente básico del denominado poder suave o blando (“soft power”). Igualmente, en el ámbito de las relaciones internacionales, la diplomacia cultural se ha convertido en la “piedra angular de la diplomacia pública” (R. Taylor).

En tal sentido la diplomacia pública, que consiste básicamente, como se había señalado ampliamente en artículos anteriores, en un conjunto de bien fundamentadas iniciativas destinadas a influir en la opinión pública en el exterior, permite a los Estados proyectar una imagen digna, atractiva y confiable del país, valiéndose de la promoción de su cultura y también de la eficaz difusión de sus puntos de vista, de la promoción (y defensa) de los intereses del respectivo país. Suele formar parte del sistema de la diplomacia pública el eficaz proyecto “estrategia marca país”.

Debe destacarse, que como parte de los bien fundamentados entrenamientos que demandan los estudios de diplomacia pública, se suele impartir como disciplina la diplomacia cultural (teoría y práctica), que incluye los fundamentos culturales requeridos para el ejercicio (y estrategias) de la diplomacia pública. En ese marco, determinados países facilitan, en los centros formativos de sus Cancillerías, el conocimiento de los esenciales aspectos culturales del país donde el diplomático ejercerá sus funciones en cada caso en particular, como labor eminentemente técnica. Obviamente se deben conocer, ante todo, de la manera más amplia y consistente, los del propio país, entre otros esenciales requerimientos para la efectividad del ejercicio del diplomático profesional.

Evidentemente, en una formulación debidamente actualizada de la política exterior deben contemplarse objetivos de carácter cultural y educativo, como son: la promoción en el exterior de “los valores de la identidad nacional”, sean éstos culturales, históricos o artísticos, mediante la difusión de las obras de los intelectuales y artistas nacionales, el folklore y otras manifestaciones del arte y la artesanía. Sin olvidar, por supuesto, la imprescindible defensa del acervo cultural e histórico de la nación.

Sistemáticamente, deben profundizarse las relaciones con los demás Estados, mediante los intercambios culturales. Igualmente, cabe insistir en que es fundamental establecer efectivos mecanismos para que los nacionales residentes en el exterior, y sus descendientes, cuenten con facilidades para mantener el conocimiento y contacto con su cultura e historia.

Forma parte de las responsabilidades de las misiones diplomáticas promover, conforme a las instrucciones de lugar y a la debida planificación que amerita, la suscripción de acuerdos de cooperación, culturales y en materia educativa, reconocimiento de equivalencias de estudios, defensa recíproca de bienes culturales y artísticos. También les corresponde captar en el extranjero las “consistentes oportunidades”, en el ámbito de la cooperación, para la transferencia de tecnología y los adelantos en los campos educacional y científico.

Finalmente, en ese sentido, resulta esencial tener presente, particularmente para los Estados signatarios del “DR-CAFTA” (como República Dominicana), que el artículo.11.9 de ese instrumento jurídico regional, contiene disposiciones que incentivan acuerdos de reconocimiento mutuo de educación o experiencia obtenidas, de requisitos cumplidos o licencias o certificados otorgados.
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