Sábado 29 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

Una antología ridícula para el mundo

Hay más de noventa poetas dominicanos clásicos y contemporáneos ridiculizados en la nueva “Antología de Poesía Amorosa” preparada por Angela Hernández y auspiciada por la empresa estatal Refinería Dominicana de Petróleo (Refidomsa).

La ridiculez queda sellada con la inclusión de una niña de 15 años de la que aparece un poema que escribió antes de los 12. Sin ánimo de desalentar el talento que pueda tener la menor, el hecho de que su nombre figure en una antología de dicha envergadura, de la que se espera lo mejor de la tradición de la poesía amorosa dominicana, pone en tela de juicio el criterio y la seriedad del proyecto.

Quizá debo destacar que en República Dominicana el nombre de Angela Hernández representa en estos momentos lo más relevante del parnaso, sobre todo después que se le otorgó el Premio Nacional de Literatura 2016. Ese galardón se concede en reconocimiento de toda una vida dedicada a la literatura.

Sin embargo, la “Antología de Poesía Amorosa” no deja de ser un fiasco avalado por intelectuales de renombre insular como Bruno Rosario Candelier, que es director de la Academia Dominicana de la Lengua; la escritora Jeannette Miller, galardonada también con el Premio Nacional de Literatura; y todos aquellos poetas vivos que decidieron participar en el proyecto que cuenta además con otro tomo dedicado a la “poesía social” y del que tal vez hable en otro momento. Los trabajos de poetas muertos habrían sido autorizados por herederos de sus legados literarios.

Cuando se ve esto desde la perspectiva del lector atento, uno se pregunta ¿cómo se explica que ocurran estas cosas? Y una posible respuesta sería que el escritor dominicano no ha aprendido a respetar la literatura nacional. Tampoco sabe valorar su propia obra ni la de sus contemporáneos. Eso, y otras cuestiones más profundas y no menos delicadas, podrían servir para explicar el porqué se publican adefesios como esta nueva “Antología de Poesía Amorosa”.

Como siempre, la impresión y la maquetación del libro son impecables, pero en este caso la intención no deja de ser cuestionable. Las palabras de presentación (incluyendo lo escrito supuestamente por el presidente del Consejo de Administración de la empresa estatal patrocinadora Refidomsa, Félix —Felucho— Jiménez; la “Salutación a una antología”, por Bruno Rosario Candelier; el prólogo a cargo de Jeannette Miller, y la introducción hecha por Angela Hernández) aportan muy poco para poder entender el proceso de selección y al mismo tiempo evitar que surjan especulaciones sobre la verdadera finalidad de un proyecto en el que sin duda se invirtió mucho dinero.

A continuación, algunos de los nombres de los poetas clásicos y contemporáneos, fallecidos y vivos, que a mi juicio quedan profanados y burlados por estar incluidos en lo que podríamos llamar una “antología ridícula”: Félix María del Monte, Federico Henríquez y Carvajal, Salomé Ureña, César Nicolás Penson, Enrique Henríquez, Gastón Fernando Deligne, Arturo Pellerano Castro, Fabio Fiallo, Vigil Díaz, Federico Bermúdez, Osvaldo Bazil, Domingo Moreno Jimenes, Delia Weber, Zacarías Espinal, Tomás Hernández Franco, Manuel del Cabral, Franklin Mieses Burgos, Héctor Incháustegui Cabral, Pedro Mir, Rubén Suro, Aída Cartagena Portalatín, Carmen Natalia Martínez, Freddy Gatón Arce, Manuel Rueda, Antonio Fernández Spencer, Víctor Villegas, Juan Sánchez Lamouth, Abelardo Vicioso, Lupo Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres y René del Risco Bermúdez.

También, Miguel Alfonseca, Jeannette Miller, Norberto James Rawlings, Mateo Morrison, Enriquillo Sánchez, Chiqui Vicioso, José Enrique García, Rei Berroa, José Rafael Lantigua, Alexis Gómez Rosa, Soledad Alvarez, Tony Raful, Radhamés Reyes Vásquez, Cayo Claudio Espinal, César Zapata, Pedro José Gris, Plinio Chahín, Tomás Castro, Dionisio de Jesús, Martha Rivera-Garrido, José Mármol, César Sánchez Beras, Ylonka Nacidit Perdomo y todos los restantes.

Lo que sigue ya no es solo silencio, sino una profunda perplejidad y mudez.

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