Sábado 29 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

Esteban Torres y las ideas

Muy pocos libros de la diáspora dominicana me han deleitado tanto como “Antropología de las ideas” del poeta, ensayista y profesor universitario Esteban Torres.

En principio me dio la impresión de que se trataba de un solo ensayo dividido en varias partes; pero luego, una vez leído y analizado en su conjunto, me asaltó la duda hasta concluir que no es un ensayo acerca de las ideas, sino una recopilación de ensayos que no perderían mucho si se leen por separado, a pesar de su aparente correlación temática.

De modo que el título “Antropología de las ideas” no corresponde a lo que apunta, que sería un razonamiento y estudio profundo para desarrollar un criterio fundacional filosófico de las ideas y el origen de las mismas.

Por eso sospecho que más que “antropología”, este libro de Esteban Torres es una aproximación historiográfica de las ideas, o una relación histórica de las ideas. También, creo que el ordenamiento de los ensayos no ayuda a la unicidad que exige un análisis de hondura acerca de un tema específico. Esto no quiere decir que no es un buen libro; todo lo contrario, a mí me parece un libro extraordinario, un gran aporte de un ensayista de la diáspora dominicana a la bibliografía universal de las ideas.

De hecho, “Antropología de las ideas” me recordó lecturas anteriores como “La aventura de pensar” de Fernando Savater, y por alguna razón que aun no tengo clara me remontó a los días en que estuve navegando en las páginas de “Gramáticas de la creación” de George Steiner.

Por supuesto, el libro de Esteban Torres se aproxima más al de Savater, aunque este último se concentra no tanto en las ideas sino en aspectos generales de “grandes personajes que con sus preguntas, y en ocasiones con sus respuestas, han marcado el pensamiento occidental”. Por la “alfombra roja” de Savater desfilan 26 filósofos, desde Platón, Aristóteles, Descartes, Schopenhauer y Hegel, hasta Heidegger, Sartre y Foucault.

Savater se refiere a los planteamientos de Michel Foucault como “otra forma de ser filósofo”, porque los mismos no responden “a lo que tradicionalmente se considera un filósofo”, ya que “en nuestra época, la idea de «filósofo a la clásica» irremediablemente ha cambiado”. Señala además que “hoy aquellos que hacen filosofía también se dedican a la sociología, la economía y la literatura. Son ensayistas, observadores y estimuladores de reflexión humana. En ese sentido, son filósofos”.


Portada del libro
A ese último tipo de conceptualización creo que pertenece “Antropología de las ideas” de Esteban Torres, dando prioridad sobre todo a la sociedad como ente generador de ideas, a las culturas local y regional que no dejan de ser igualmente catalizadores del pensamiento, y a movimientos de vanguardia que han marcado generaciones clásicas y modernas “en un mundo en perspectivas y transformaciones”.

Si por la “alfombra roja” de Savater desfilan “los grandes personajes”, por la de Esteban Torres las ideas toman el control de los reflectores y levantan muros de contención que no son otra cosa que las corrientes del pensamiento (bergsonismo, hursserlismo, marxismo) y la marca que dejaron en ambos lados del Atlántico las vanguardias o movimientos intelectuales y culturales (escolasticismo, iluminismo, positivismo, modernismo, sensualismo, existencialismo, historicismo, materialismo, estructuralismo).

También se impone el dato. Hay muchos datos, demasiados (nombres, escuelas de pensamientos, movimientos, tendencias, referencias históricas), pero tampoco se puede decir que suficiente; lo mismo sucede con esa magnífica “Historia literaria y cultural de la América hispánica” de Pedro Henríquez Ureña.

Esa similitud con obras de humanistas mayores, y el hecho de que respira por cuenta propia, es lo que podría evitar que “Antropología de las ideas” caiga en la hoguera o en el olvido; y convertirla además en un trabajo de referencia para académicos, investigadores, y bibliotecas que atesoran textos que con el tiempo alcanzan categoría de documento histórico.

Fascinado con la lectura de “Antropología de las ideas” me puse a buscar pensadores que en algún momento sufrieron consecuencias por defender sus planteamientos. Y encontré unos cuantos: el mexicano Benito Díaz de Gamarra (1745-1783), por ejemplo, estuvo refugiado en Europa y luego fue procesado y marginado de su propio país. Asimismo, el brasileño Silvestre Pinheiro Ferreira (1769-1840) “fue amenazado por el pensamiento conservador de su país y tuvo que autoexiliarse en Inglaterra”; el argentino Esteban Echeverría (en el libro aparece como Echevarría; 1805-1851) “tuvo que exiliarse debido a sus posturas progresistas”; Juan Montalvo (1832-1889) se vio obligado a abandonar su natal Ecuador; y el también argentino Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) se exilió en Chile. Hay más casos en el libro.

Antes de concluir debo subrayar que no hay nada más digno de celebrar que un libro de un amigo que satisface nuestras expectativas como lector. Y eso me ha ocurrido con “Antropología de las ideas” de Esteban Torres, antiguo compañero de estudios de Literatura en los cada vez más lejanos años ochenta, en City University of New York, y hoy profesor de la Universidad Pedro Henríquez Ureña, en Manhattan.

En resumen, ¡celebremos las ideas!

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