Domingo 30 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

¿Avergonzados de nuestra historia?

Hace ya muchos años, cuando nosotros estudiábamos historia patria en la escuela primaria República del Perú, en el Barrio de Mejoramiento Social, nuestro querido e inolvidable Bameso, los profesores, llenos de un fervor patriótico, nos hacían sentir orgullosos con sus enseñanzas, de ser dominicanos.

Se agigantaban ante nuestros ojos, los nombres de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón, Núñez de Cáceres, María Trinidad Sánchez, Juana Saltitopa, en fin, hombres y mujeres que no vacilaron en ofrendar hasta sus vidas para legarles una patria libre y soberana a sus descendientes.

Con gran devoción izábamos todas las mañanas nuestro emblema tricolor entonando los versos de nuestro himno a la bandera:

“Ya empezó su trabajo la escuela y es preciso elevarte a lo azul, relicario de viejos amores, mientras reine la mágica luz”……….
……..”Mientras haya una Escuela que cante, tu grandeza bandera de amor, flotaras con el alma de Duarte, vivirás con el alma de Dios”.

Transeúntes que circulaban en el área y hasta automovilistas, detenían su andar para rendirle tributo y respeto a nuestro paño sagrado. Todos los estudiantes nos aprendíamos el himno nacional. Celebrábamos en las escuelas las fiestas patrias con diferentes actos.

El 27 de febrero, nos llevaban en guaguas hasta la puerta de la misericordia y desde allí, caminábamos hacia la puerta del Conde, emulando el mismo recorrido que hicieran nuestros trinitarios, esa gloriosa noche del trabucazo de Mella, que dio inicio a la proclamación de nuestra independencia.

Aunque nos enseñaban de manera general los símbolos patrios de otras naciones, sabíamos dibujar, de memoria, la bandera y el escudo nacionales.

Conocíamos contra quienes lucharon nuestros patriotas hasta conseguir esta libertad que hoy disfrutamos. Aprendimos que Caonabo se convirtió en el primer habitante del llamado nuevo mundo en enfrentar a los españoles, cuando incendió y destruyó El Fuerte de la Navidad, la primera fortificación europea en el Continente americano. El Cacique Guarocuya (Enriquillo) luchó contra los encomenderos españoles. Nuestros criollos, mucho antes de llamarnos dominicanos, pelearon contra las huestes del Dictador ingles Oliverio Cromwell, comandadas por el almirante William Penn y el General Robert Venables.

Esos mismos criollos combatieron en la guerra de la reconquista contra las tropas francesas asentadas en Santo Domingo y comandadas por el General Louis Ferrand. Los restauradores batallaron contra las fuerzas españolas dirigidas por el General José de la Gándara.

Pero lo que menos se le debe ocultar al pueblo dominicano de hoy y parece que eso es lo que se está haciendo en nuestras escuelas, es que nuestra gran lucha por la libertad fue contra los haitianos. Nosotros, como si sucedió con la mayoría de los países de América, no nos independizamos de España, ni de Francia ni de Inglaterra, sino de los haitianos. Desde mucho antes que lograran su independencia en el año 1804, los haitianos nos han invadido en reiteradas ocasiones y han tenido la obsesión de que la isla es una e indivisible. Todavía hoy lo pregonan.

Nuestros patriotas los expulsaron de nuestro territorio no con rosas, flores y azucenas, sino con sables, machetes y pólvora, para poder conservar el país y la nacionalidad que hoy disfrutamos.

Nosotros tenemos que enseñarles a nuestros alumnos que, Toussaint Louverture, Jean Jacques Dessalines, Henry Christophe, Jean Pierre Boyer y demás, eran patriotas haitianos, pero a la vez, fueron invasores de nuestro país en varias ocasiones. Una de esas invasiones, la comandada por Jean Pierre Boyer, duró 22 largos años, desde el 9 de febrero de 1822 hasta el 27 de febrero de 1844, fecha en la cual, los reincidentes usurpadores haitianos, fueron expulsados de nuestro territorio de manera definitiva. ¡A sangre y fuego de metralla!

Asi fue. Asi ha de ser.

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