Sábado 29 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
Buscar Noticias


José Carvajal

Virgilio López Azuán no hizo la tarea (3 de 3)

Sin los ribetes del Premio Funglode de Poesía Pedro Mir 2013, la calidad del poemario del dominicano Virgilio López Azuán queda en un cuadrilátero distinto, donde la única lucha posible se da entre el discurso, logrado o no, y el lector dispuesto a entregarse al juego de la literatura.

Son cien poemas largos que requieren tanta o quizá más dedicación para ser leídos que la que tuvo el poeta para escribirlos. Imposible no distinguir con el calificativo de poeta a quien haya escrito semejante cantidad de textos para armar un libro, de modo que López Azuán es ante todo poeta, y probablemente el más conocido de su natal provincia de Azua, después del popularísimo Héctor J. Díaz (1910-1950).

El problema de muchos libros, en este caso de poesía, no surge en la escritura, sino en la lectura. Es el lector quien aplaude o rechaza el discurso, y quien tiene la última palabra, exista o no premio de por medio. Pues los premios son inventos que agregan un ingrediente comercial (y social) a la obra, pero no mejoran ni empeoran lo ya escrito. Por eso es atinada la recomendación de dejar reposar durante un tiempo lo que se escribe, para luego corregirlo y publicarlo, si es que vale la pena.

En el caso de “Sumer (Poética de los números)” se nota un trabajo prematuro, una falta de reposo, y una probable desesperación por cumplir con la meta de escribir cien poemas. También se advierte la “imperiosa necesidad” de exhibir una sabiduría que no se posee. Esto último recuerda lo que Edgar Allan Poe describió alguna vez como “una malsana necesidad de mostrarse sabio, de parecer profundo, aun cuando la sabiduría esté totalmente fuera de lugar, y la profundidad no sea más que la quintaesencia de la estupidez”.

De los cien poemas del libro de López Azuán hay muchos en los que el autor abandona el propósito primario de escribir sobre los números; en otras palabras, se olvida de los números como tema de los poemas. Creo que eso ocurre en Poema al Número 56 (al 57; al 58; al 67; al 70; al 72; al 73; al 74; al 75; al 76; al 79; al 81; al 82; al 85; al 86; al 91; al 94; al 95; al 98). En conclusión, la anunciada “poética de los números” en el título de la obra de López Azuán falla en casi una veintena de poemas. Pero eso no es nada.

En su breve ensayo “La invención de la estética”, Paul Valéry subrayó que “la operación del poeta se ejerce por medio del valor complejo de las palabras, es decir, componiendo a la vez sonido y sentido”. En López Azuán la creación es invención (“instintan”, “azulan”; “ácido amenos, aminoácidos”) y la complejidad no es hermetismo sino pobreza de lenguaje (la palabra “estrella” aparece más de 40 veces), o de imágenes ininteligibles, metáforas malogradas (“vinagre molido [¿vinagre molido?] en tardes rasgadas de llantos”), incoherencia y descuidos.

Recurro de nuevo a Allan Poe: “La metáfora, su imagen suavizada, tiene una fuerza indispensable cuando se la usa con mesura y habilidad”. Aun así, la metáfora puede carecer de lógica pero no el lenguaje que la crea y cuya finalidad es identificar el objeto que se nombra.

La metáfora es la combinación de eso y lo que se desprende de ello. Un líquido (como el “vinagre” de López Azuán) no es elemento sólido, y como tal, por las características que le da el lenguaje, no puede ser tratado como elemento sólido (“vinagre molido”) porque eso le añadiría otro ingrediente que lo convertiría en otra cosa; ocurre con el agua, que es agua hasta que se congela, después de ahí es hielo, es decir, cambia de nombre a partir del lenguaje que nombra esto y aquello.

En realidad, hay demasiadas aristas en “Sumer”. Y no quiero terminar sin anotar lo que podría llamarse una “memoria numérica” de López Azuán. Para el autor, por ejemplo, el 18 es “número de cama”, el 51 representa los aviones caza norteamericanos P-51 que bombardearon el Palacio Nacional durante la Revolución de Abril de 1965. Y así, el 69 es la posición sexual en que “gira el seis y gira el nueve, envueltos entre sábanas alegres”.

Una observación que no debo dejar escapar es que a partir del número 10, López Azuán comienza a divagar, a separar las cifras, y en vez de escribirle a un número entero en ocasiones convierte aquello en dos. No es lo mismo 10 que 1 y 0, ni 69 que 6 y 9. De hecho, al comenzar con el número 1, el poeta perdió de vista el 0 que logra recuperar en el número 10, y lo trata como “el círculo perfecto de la nada” (uno de tantos lugares comunes que aparecen en el libro).

También ocurre que a lo largo del poemario el autor se repite con frecuencia, se copia, se plagia a sí mismo sin darse cuenta; es el riesgo de escribir mucho en la misma dirección. López Azuán está en deuda con Gustavo Adolfo Bécquer, César Vallejo, Pablo Neruda y Rafael Alberti, para mencionar solo algunos.

Finalmente, no entorpece el curso de la historia el reconocer que la humanidad está acostumbrada a los defectos del poeta. Es el único literato capaz de destruirse y reconstruirse a sí mismo con pocas palabras, en un verso, en una frase, y hasta en una sola sílaba. Basta un verso memorable para no quedar fulminado por el olvido y que sigamos creyendo en él. Yo seguiré esperando el de Virgilio López Azuán, porque no lo encontré en “Sumer (Poética de los números)”.

Otras opiniones de: José Carvajal

El pensamiento literario de RenéLa firma de René del Risco y BermúdezAntología esencial para los tontosRealidad y Premio Nacional de LiteraturaGratereaux, Mieses Burgos y BorgesAntes de Federico Henríquez GratereauxÉtica y Premio Nacional de Literatura 2017Libros RD / Mis recomendaciones 2016Pedro Henríquez Ureña bajo observaciónAntología para escapar del olvidoPoesía amorosa dominicana en el siglo 21Amoroso mundo de la poesía dominicanaUna antología ridícula para el mundoEl pecado literarioLos espacios de Pedro CamiloLiteratura y política dominicana 2016PHU y descuidos de Andrés L. MateoEsteban Torres y las ideasHaití y una novela de Matos Moquete (y 4)Haití y una novela de Matos Moquete (3)Haití y una novela de Matos Moquete (2)Haití y una novela de Matos Moquete (I)El premio de entonces, ya no es lo mismoJuan Bosch, autor de una obra infinitaJuan Bosch, autor de una obra infinitaGabriel García Márquez para dominicanosVirgilio López Azuán no hizo la tareaLeonardo Nin, en blanco y negroConocimiento de pausa y efectoLiteratura dominicana: nota para extranjerosSergio Ramírez, dentro y fuera de NicaraguaTreinta días fuera de FacebookSiglos de luces sin aplausos ni veniasEl enemigo no soy yoCésar Zapata, más allá de lo virtualCésar Zapata entre la poesía y el cuentoPedro Henríquez Ureña con ribetes de oroUna tarea para el Ministro de CulturaPiedra filosofal de letras dominicanasDe viaje con un "eslabón perdido"Reynaldo Disla, diálogo y apartePoetas de un eslabón perdidoEl éxito ferial de Eugenio FortunatoReflectores para Tomás Castro BurdiezEl legado del mago de MacondoLa minúscula Feria de Santo Domingo2 libras de cuentos de Rafael García RomeroQue suba el telón para VirnaVenias y aplausos para Mateo MorrisonTony Raful y el compromiso con las ideasLunes de la Poesía huele a caprichoEncuentro entre ruinas colonialesMiguel Angel Fornerín y el afán de canonUna libreta llamada FacebookDominicana y los lacayos del PoderDominicana y la cooperativa del PoderChapucería millonaria en CulturaNada haitiano me es ajenoHaití debe guardar corduraDominicana y la estrangulación de salariosLa consecuencia de opinar en mi paísDominicana en una encrucijadaRihanna y la dichosa cucaracha dominicanaCartas de presentación de Miguel ColladoDominicana con el dedo en el gatilloAutores del desprecio y el olvidoSan Francisco de Macorís, otra realidadA salvo del olvido con obras reunidasAutogestión y responsabilidad literariaJosé Mármol, un poeta hereje reivindicadoR. Rodríguez Soriano con pasaporte literarioEl tristemente célebre Anthony WeinerLa inspiración errante aparece en CaliforniaLa marca de María Celeste ArrarásUn seminario: ¡Medios para todo!De paso por Librería Cuesta Adiós temprano al poeta del "esquizo"Carlos Alberto Montaner: Otra vez adiósProeza tuiter: una novela con cuentagotasHágalo rápido, pero primero hágalo bienLa economía portátil de Leonel FernándezUn desalojo anunciadoLa visita de los hombres blancosEnrique Eusebio, para la historiaMás allá de las tumbas, sin espectáculoApuntes para escritores dominicanosSicarios financieros en la islaUn diario para revivir a BorgesEl himno nacional de Miguel de CampsLibro súbito de José AcostaApócrifo de Judas IzcarioteLey de la ilusión en Ministerio de CulturaLos sueldos de León Félix Batista Los números de la Editora NacionalJosefina Báez, ¡Ay ombe!¿Qué tiene de malo?Derrotismo en Ministerio de CulturaEditora Nacional y supervivencia culturalLaboratorios de escritores dominicanosMarianela Medrano, sin máscara de oxígenoClaudio Hanley y la profanación de la muerte Viriato Sención en la eternidadTeodoro Grullón, al servicio de la VidaPanteón de héroes inútiles Un caimán envidiosoGallinero del libro dominicano en Nueva YorkDel best al bad seller: el libroMario Vargas Llosa, un Nobel explosivoGazapo en cuento de Jorge Luis BorgesCrisis de Alianza Dominicana huele a conspiraciónComplot y camisa de fuerza en Washington HeightsLluvia de piedras en Washington HeightsEfecto dominó en Washington HeightsEl conocimiento y las bestias
El tiempo
Prevision del Tiempo en Santo Domingo
Encuesta
Quien sera el candidato del PRM en el 2020?
Hipolito Mejia
Luis Abinader
David Collado
No se

Ver los resultados