Sábado 24 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

Egos

Desde el principio del mundo, en el jardín del Edén, según la biblia, la mayoría de los habitantes de este planeta, en algún momento de nuestras vidas, hemos sido presa de nuestro ego. Caín mató a Abel porque según el génesis, Dios prefirió la oveja de Abel sobre los frutos de la tierra de Caín. Hiriendo el ego de este último, que es el aprecio excesivo que una persona siente por sí misma.

En nuestros días, este sentimiento se confunde mucho con otros de la misma naturaleza como son la envidia, el egoísmo, los celos, que causan a veces hasta tragedias. Uno de los motivos mas susceptibles de herir egos, es cuando una pareja de esposos se separa y uno de ellos, regularmente la mujer, progresa. Las reacciones del esposo “herido” suelen terminar en violencia.

La política no escapa a esta situación. Los hay hasta colectivos. El ego de las élites del patio, por ejemplo, no se acostumbró, al principio, a que un joven de un barrio pobre y populoso de la capital dominicana, llegara a ser presidente de la República y mucho menos que lo consideraran un intelectual.

Este, a su vez, sobrepasó el aprecio por si mismo, ayudado por una claque que no descansa en buscar epítetos que destaquen sus reales o perceptivas cualidades como líder, intelectual y estadista, que aunque es un maestro de la conceptualización, es posible que ese esfuerzo por engrandecer su propio yo, le impida a veces razonar las cosas más simples.

Sin embargo, acontecimientos locales e internacionales, nos indican que ese auto culto a la personalidad va en decadencia. Va esfumándose la vanidad. La tendencia es a los sencillo, a lo espontaneo. En el plano internacional, el Papa Francisco ha dado una cátedra de humildad tal, que con sus acciones ha sido capaz de reunirse, frente al emblemático muro de las lamentaciones, con el rabino Abraham Skorka, el líder musulmán Omar Abboud y fundirse los tres en un gran abrazo. Cristianos, judíos y musulmanes unidos y coincidiendo, aunque sea en un gesto de amistad, era algo impensable hace muy poco tiempo.

En el plano local hay un nuevo paradigma social y político. Lo que el pueblo ha bautizado como brincar charquitos y cruzar cañadas, ha sido recibido como una manera de que el poder haya bajado al pueblo y se siente en una silla de guano a conversar humildemente con los más necesitados. Sin fanfarrias, sin que en el fondo, soplen los vientos de las aspas de un helicóptero.

La tendencia es esa. Aunque traten de mantener en vigencia aquellas mañas viejas, este nuevo estilo de gobernar, donde el ego personal no tiene cabida, obligará a que muchos de aquellos que se creían insustituibles, el pueblo comience a verlos, quizás como referente, en el espejo retrovisor de la historia.

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