Lunes 27 de Marzo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

Haití……

Para los dominicanos, que a través de los años, nos han enseñado en las aulas que obtuvimos nuestra independencia batallando a sangre y fuego contra el yugo haitiano, es muy difícil no sesgarse y seguir viendo ese pueblo como nuestros antiguos verdugos.

Por otra parte, los historiadores haitianos enseñan a sus connacionales que la isla es una e indivisible y que Haití la ocupaba toda. Que solo tenía como limites el mar.

En consecuencia ha existido siempre un sordo rencor entre los dos pueblos, cosa que ha evitado que nuestros gobernantes se inclinen a establecer un diálogo sincero, que nos ayude a enterrar nuestras diferencias y nos encamine a una verdadera convivencia, sin resquemores.

Nosotros, pensando en esta anómala situación, incrementada por la gran cantidad de haitianos ilegales en territorio nacional y la disposición del Estado dominicano a buscarle una situación legal pero humanitaria a la vez, nos hemos hecho la siguientes pregunta: En el siglo XVIII, cuando Saint Domingue, actual Haití, era la colonia más próspera del nuevo mundo ¿Tenía el Santo Domingo Español el mismo problema migratorio con los habitantes de la parte occidental? Definitivamente que la respuesta es no.

La razón es muy sencilla. El antiguo Saint Domingue o Santo Domingo Francés, producía más riquezas que todas las demás colonias juntas. El 75% de la producción de azúcar mundial salía de los más de 700 ingenios azucareros que estaban asentados en esta región.
¿Cómo llegó a desvanecerse toda esta riqueza hasta convertirla en la nación más pobre de américa?

Una serie de acontecimientos naturales y sociales, fueron las causales de este desastre. Vamos a comenzar con la deforestación. Para alimentar los molinos de más de 700 ingenios azucareros, había que sembrar grandes extensiones de caña y para cultivar esta gramínea es necesario deforestar. La madera preciosa como caoba, roble, capá, ébano, teca, etc. Que había en abundancia en toda la isla, era enviada a Francia y la de menor calidad, era utilizada como combustible de las calderas de los ingenios y para confeccionar las traviesas de las líneas férreas que se construyeron para transportar la caña.

En el plano social los cambios comenzaron mucho antes de Toussaint Louvertoure. En 1750 un negro esclavo de nombre Francois Mackalland tenía la habilidad de elaborar veneno, combinando hierbas naturales de la isla. Comenzó su revolución envenenando el ganado de los amos, las aguas de ríos y lagos hasta que otro esclavo, torturado hasta la muerte, lo denunció y fue atrapado en el 1758 y quemado vivo delante de los demás esclavos para que sirviera de ejemplo.

En el 1791 Dutty Boukman un esclavo nacido en Jamaica y que había sido vendido, como castigo por saber leer y tratar de enseñar a otros, pues por las condiciones extremas de crueldad con las que trataban a los negros en la parte francesa de la isla, uno de los peores castigos que se le podía hacer a un esclavo, era venderlo a los dueños de plantaciones en el Saint Domingue francés, se sublevó y le prendió fuego a las dos plantaciones de su amo. Eventualmente también fue capturado y muerto por decapitación.

Infortunadamente, hay una constante en el accionar de todos y cada uno de los actores de los movimientos libertarios haitianos y es que para debilitar a los amos esclavistas, quemaban y destruían todas su propiedades y riquezas, cuando por fin lograron la victoria final y crearon en 1804 la actual República de Haití, comenzaron con un Estado muy débil económicamente, que además, por egos y ambiciones personales seguían desangrándose y empobreciéndose entre ellos mismos.

Con el agravante que para reconocerla como una nación independiente, Francia exigió a su antigua colonia del Caribe el pago de "reparaciones" por 150 millones de francos, suma que Haití terminó de pagar en el 1947.
Parte de esa “deuda” se pagó ¡Con madera preciosa!

Corruptos Emperadores, Reyes y Dictadores a través del tiempo, han contribuido a acrecentar la pobreza de este pueblo. La única vía para solucionar esta tragedia que puede arrastrar a dos naciones que comparten una misma isla, es una embestida diplomática binacional, dominico haitiana, exigiendo, en foros internacionales, principalmente a las grandes potencias que se han beneficiado de su pobreza extrema, de pasar de las promesas a los hechos y comenzar a reconstruir a Haití. Exonerarla de su deuda externa y si es absolutamente necesario, para evitar corrupciones, establecer un fideicomiso internacional que se encargue de administrar los fondos conseguidos.

Los haitianos. A pesar de sus grandes precariedades, han decidido, como es natural, seguir viviendo donde sea. Y como dijo Simón Bolívar; “El primer deber de todo lo que existe es seguir existiendo”
carlosmccoy@ymail.com

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