Lunes 27 de Marzo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

Utopía taína

El periódico haitiano “Le nouvelliste”, ha editorializado en días pasados, que el grave problema por el que ha estado pasando Haití por cientos de años, solo se resuelve si ese país logra una emigración sostenida de su población, de por lo menos, 200,000 haitianos anuales.

Vemos con simpatía esta propuesta y vamos a tratar de colaborar con la misma exponiendo algunas ideas.

Las cifras oficiales que se manejan de los inmigrantes ilegales haitianos en la República Dominicana, es de alrededor de medio millón de personas. Un gran porcentaje de la población dominicana no cree en estos números. La percepción general es que hay por lo menos el doble de esa cantidad.

Pero dejemos la especulación a un lado y vamos a trabajar con esas cifras.
Si esta es la verdadera cantidad de haitianos en territorio dominicano, estamos hablando de que ellos constituyen el 5% de la población total del país.

Si las potencias extranjeras que dicen tener el deseo de ayudar a Haití, de verdad quieren hacerlo, deberían tomar la sugerencia del periódico “Le nouvelliste” y acoger en sus respectivos países, por lo menos un 1% de su población. Ni siquiera estamos solicitando el cinco por ciento como ya lo tiene la República Dominicana.

Si Estos países acataran esta propuesta, los Estados Unidos, por ejemplo, con una población de 318 420 000 habitantes, acogerían como inmigrantes haitianos a 3, 184,200 por año. Canadá aceptaría 355,180 y Francia, por su parte, le tocarían 640,061.

En el caso de esta última nación, por ser Haití una ex colonia gala, los franceses podrían hacer un poquito más aceptando un millón de haitianos en la Guyana francesa, uno de sus territorios de ultramar que tiene una superficie de 92,300 kilómetros cuadrado, o sea, más de una vez el tamaño de toda la isla española, pero, con una exigua población de un poco más de un cuarto de millón de personas

En poco menos de dos años estaría resuelto el problema de esta paupérrima nación, pues, con aquellos haitianos que no tengan la necesidad de salir y con inversionistas extranjeros, incluyendo a los dominicanos, que llegarían con dinero para invertir y reconstruir el país, en poco tiempo, Haití saldría de su miseria ancestral y por arrastre, contribuiría a normalizar la situación de los nacionales haitianos radicados en la República Dominicana.

Otras naciones como España, Inglaterra, Holanda y Portugal, que también incidieron, a diferentes niveles, en el desastre ecológico, social y económico de este pueblo, pudieran ayudar tomando para si algunos inmigrantes haitianos, con lo que se aceleraría la solución a este dolor de cabeza internacional.

Podríamos tratar de contagiar con este proyecto, a potencias económicas como China, Rusia, Alemania y Brasil, por solo citar unos pocos. De esta forma el problema haitiano se resolvería en cuestión de meses. Mientras más países se involucren en el proyecto, menor seria la cantidad de inmigrantes haitianos que cada nación captaría.
Esta no es una idea nueva.

A raíz del terremoto del 2010 en Haití, el señor Abdoulaye Wade, a la sazón Presidente de Senegal, ofreció darles toda una región en el territorio senegalés a los haitianos que así lo solicitaran. Nadie le tomó la palabra. El problema ha continuado y por el contrario, cada día continúa haciéndose mayor y menos manejable.

A grandes males, grandes remedios. Este es un problema que se puede convertir en una conflagración entre dos países vecinos si continúan atosigando a la República Dominicana. Todo tiene su límite.

Esta es solo una idea. Si usted amigo lector, tiene otras posibles soluciones, exteriorizarlas. Entre todos, puede que encontremos un desenlace feliz a esta colectiva tragedia.

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