Sábado 24 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

Si mi abuela tuviera ruedas…

Si mi abuela tuviera ruedas, sería una bicicleta. Este refrán regularmente se dice para criticar a alguien que está utilizando hipótesis fantasiosas o imposibles.

¿Cómo estaría nuestro país, si en el año 2000, nuestro pueblo hubiera votado por Danilo Medina y no por Hipólito Mejía?
Vamos a permitirnos volar en las alas de la fantasía. De lo imposible. Vamos a ponerle ruedas a la abuela de la historia.
Hoy, catorce años después de aquel fatídico 16 de mayo, donde el pueblo dominicano abrió un paréntesis en el desarrollo de nuestro país, tendríamos un pueblo libre de analfabetismo gracias al plan “Quisqueya aprende contigo” El cual cumplió su cometido cuatro años después de ser instaurado y en el presente, no habría necesidad de un plan similar, pues todos los niños dominicanos asistirían regularmente a la escuela convertidos en modelo de América Latina.

Se le ha dado el valor que merecen nuestros educadores, los cuales, al sentirse realizados, han retomado el magisterio con dignidad, orgullo y decoro. Los bebés que en esa época tenían tres años, estuvieran cursando el último año de un bachillerato técnico/deportivo bilingüe. Desarrollados mental y físicamente con la implementación de la tanda extendida, con balanceados desayunos, almuerzos y meriendas, en todos los planteles públicos de la República Dominicana.

Los Colegios particulares estarían dedicados a ricos y millonarios, pues el currículo en las escuelas del Estado, sería igual o superior a esas entidades privadas. Los niños que tenían seis años, fueran técnicos en diferentes ramas, estudiantes de termino en universidades dominicanas o becados en instituciones extranjeras, sin ninguna deficiencia educativa.
La población urbana ha ido decreciendo, pues los campesinos, incluyendo los de la diáspora, han vuelto a sus predios, ya que el sistema cooperativista implantado por el Estado, con ayuda técnica y económica a los productores, ha dado sus resultados positivos y en la actualidad, cubrimos un cien por ciento nuestras necesidades alimenticias y nos hemos convertido en el granero del caribe exportando productos agro industrializados, no solo materia prima, a todos los continentes.

Tenemos un tránsito organizado, pues Las líneas uno, dos y tres del Metro de Santo Domingo ya están en pleno funcionamiento, complementadas con autobuses para las rutas alimentadoras y sistema de transferencias buses / metro y viceversa. Las “Comesolas” siguen horadando el suelo del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, construyendo la línea cuatro y ya la línea número uno del Metro de superficie de Santiago de los Caballeros está próximo a inaugurarse.

Modernas autopistas y ferrocarriles interurbanos, unen las principales ciudades en todo nuestro territorio, permitiendo que los más de diez millones de turistas que nos visitan, se puedan desplazar a diferentes puntos del país interactuando con la población. Haciendo verdadero turismo. Los caminos de producción llegan hasta el último paraje de la geografía nacional. La pérdida de productos agrícolas por no poderlos sacar de los campos es solo un triste y lejano recuerdo.

Los hospitales se han modernizados con los equipos adecuados y se ha establecido el permanente entrenamiento al personal para mantenerlos al día con los nuevos métodos. La salud del pueblo está asegurada con los centros de atención primaria. El funcionamiento del sistema de emergencia 911 es una respuesta rápida a cualquier tipo de accidentes logrando disminuir las muertes por estos casos. Las boticas populares están establecidas en todo el territorio nacional supliendo medicinas gratis o a muy bajo costo.

Los organismos internacionales han cesado en su acoso contra el país por el problema de los indocumentados, pues el proyecto de ley de regularización y naturalización de extranjeros, enviado al Congreso por el Presidente Medina, ha alcanzado el consenso nacional e internacional, logrando solucionar este espinoso problema.

Nuestra frontera y la seguridad ciudadana están garantizadas por nuestras Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, las cuales han sido dignificadas con sueldos adecuados, entrenamiento profesional, equipos modernos, programas de viviendas, becas, sistema de salud familiar y un programa de retiro digno.

¡Oh, si nuestra abuela nacional hubiera tenido ruedas en el 2000! Hoy fuéramos una bicicleta de progreso. Con un ciclista exhibiendo la camiseta amarilla del triunfo. Haciendo un espectacular esprinte rumbo al anhelado objetivo.
Pedaleando con firmeza, confianza y seguridad hacia el desarrollo sostenido de nuestro país.

Felizmente, hemos cerrado aquel paréntesis. Pero, aunque se han conquistado muchas metas volantes, todavía no hemos llegado al final de la ciclística.

¡La carrera, debe continuar!

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