Sábado 29 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
Buscar Noticias


José Carvajal

Reflectores para Tomás Castro Burdiez

Tomás Castro estaba cansado. Tenía encima el agotamiento propio del que deja a un lado las tareas cotidianas para convertirse en un soldado de feria. Era 28 de abril y en su nombre se había inaugurado una calle dentro del recinto de la Feria del Libro de Santo Domingo, honor que confiere el Ministerio de Cultura a personas que han dedicado su vida al quehacer literario y cultural. De modo que Tomás Castro es uno de ellos, y quizá más que otros que ya gozaron de ese privilegio en el pasado, merecía ser, por lo menos un día o unas horas, el foco de atención para el público que visita la Feria. Y así fue.

La diferencia de este poeta nacido en 1959 y los otros que han visto rotuladas con sus nombres las calles del recinto ferial, es que aprovechó la oportunidad para enarbolar un discurso contra la violencia que afecta al país y distribuir un poema suyo basado en el caso de Francina Hungría, una joven ingeniera que perdió la vista tras recibir un disparo en la cabeza durante un asalto a manos de cinco hombres armados.

En su folleto “Oración a los ojos de Francina” que puso a circular en presencia de la misma ingeniera Francina, Tomás Castro incluye la triste noticia de que cuatro de los asaltantes fueron absueltos por el Segundo Tribunal Colegiado del Distrito Nacional. Solo uno fue condenado por aquel acto de violencia ocurrido el 23 de noviembre de 2012.

He aquí un fragmento del poema:

Oración a los ojos de Francina
(Por la paz en las calles de América)

Para contemplar el dolor
de esta muchacha del azar
no habrá que ir al espejo
ni preguntar su apellido.

Bastará decir Francina
las calles se abrirán al fuego
abismal de la violencia
y el mal quedará en libertad.

La justicia va sin venda
con quienes a esta chica
condenaron a la eterna
sombra fatal de sus días.

Los culpables van a la calle
y los pañuelos a la cara
así salta el dolor brutal
hasta de los altos tribunales.

Jueces con temor sentencian
unos son condenables
y otros condecorables
la impunidad viste de santa.

(…)

Es también un acto de valentía más social que poética el que al final del folleto aparezcan las fichas policiales de los asaltantes liberados por el tribunal, una decisión criticada por el mismo procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito, porque según él “lacera y hace perder la fe de la población en el sistema de justicia”.

Aunque todo ese esfuerzo del poeta debió cerrar con el broche de oro esperado, no fue así. Si en horas de la mañana Tomás Castro estuvo acompañado de un público entusiasta que acudió a saludarlo y aplaudirlo por la calle en su honor, en la noche su figura se perdió en la vorágine de los actos feriales. La falta de público en el lanzamiento de la décima edición de su exitoso poemario “Amor a quemarropa”, con ocasión de los 30 años de su aparición en 1984, convirtió aquello en un inesperado diálogo con escolares que entraron allí uniformados y en fila india por mandato de un funcionario de Educación.

El reto de la noche fue conectar con ese público que no tenía la capacidad de entender el significado de haber vivido 30 años. Yo mismo, como uno de los presentadores, quedé petrificado en el tiempo. Lo primero que hice fue desechar mi discurso escrito en el que hablaba de la perdurabilidad de la literatura y de que un libro saludable es aquel que nace con las características de lo imperecedero; que se impone a los avatares de la vida, y que respira el mismo aire que sus lectores.

También decía que “Amor a quemarropa” sobrevive en la memoria de lectores que se han ido haciendo más adultos junto con el libro, como la poeta dominicana de la diáspora Karina Rieke, que reaccionó a un anuncio en Facebook en el que se resaltaba la presentación que hice hace 30 años en Nueva York. “Yo fui a la presentación del 1984, tenía 13 años” —escribió Rieke al tiempo que aseguraba que se aprendió todos los poemas de memoria.

Ahora, mientras esperamos 30 años más para saber cuántos de los estudiantes que asistieron a la presentación de la décima edición se aprenderán poemas de memoria, podemos decir que este pequeño libro adulto sigue “vivito y coleando”, como si fuera ayer. Eso lo confirma el entusiasmo de los muchachos ante la lectura que hizo Tomás Castro al cierre del acto y del día en su honor. “Que nadie se sienta herido”.

Otras opiniones de: José Carvajal

El pensamiento literario de RenéLa firma de René del Risco y BermúdezAntología esencial para los tontosRealidad y Premio Nacional de LiteraturaGratereaux, Mieses Burgos y BorgesAntes de Federico Henríquez GratereauxÉtica y Premio Nacional de Literatura 2017Libros RD / Mis recomendaciones 2016Pedro Henríquez Ureña bajo observaciónAntología para escapar del olvidoPoesía amorosa dominicana en el siglo 21Amoroso mundo de la poesía dominicanaUna antología ridícula para el mundoEl pecado literarioLos espacios de Pedro CamiloLiteratura y política dominicana 2016PHU y descuidos de Andrés L. MateoEsteban Torres y las ideasHaití y una novela de Matos Moquete (y 4)Haití y una novela de Matos Moquete (3)Haití y una novela de Matos Moquete (2)Haití y una novela de Matos Moquete (I)El premio de entonces, ya no es lo mismoJuan Bosch, autor de una obra infinitaJuan Bosch, autor de una obra infinitaGabriel García Márquez para dominicanosVirgilio López Azuán no hizo la tarea (3 de 3)Virgilio López Azuán no hizo la tareaLeonardo Nin, en blanco y negroConocimiento de pausa y efectoLiteratura dominicana: nota para extranjerosSergio Ramírez, dentro y fuera de NicaraguaTreinta días fuera de FacebookSiglos de luces sin aplausos ni veniasEl enemigo no soy yoCésar Zapata, más allá de lo virtualCésar Zapata entre la poesía y el cuentoPedro Henríquez Ureña con ribetes de oroUna tarea para el Ministro de CulturaPiedra filosofal de letras dominicanasDe viaje con un "eslabón perdido"Reynaldo Disla, diálogo y apartePoetas de un eslabón perdidoEl éxito ferial de Eugenio FortunatoEl legado del mago de MacondoLa minúscula Feria de Santo Domingo2 libras de cuentos de Rafael García RomeroQue suba el telón para VirnaVenias y aplausos para Mateo MorrisonTony Raful y el compromiso con las ideasLunes de la Poesía huele a caprichoEncuentro entre ruinas colonialesMiguel Angel Fornerín y el afán de canonUna libreta llamada FacebookDominicana y los lacayos del PoderDominicana y la cooperativa del PoderChapucería millonaria en CulturaNada haitiano me es ajenoHaití debe guardar corduraDominicana y la estrangulación de salariosLa consecuencia de opinar en mi paísDominicana en una encrucijadaRihanna y la dichosa cucaracha dominicanaCartas de presentación de Miguel ColladoDominicana con el dedo en el gatilloAutores del desprecio y el olvidoSan Francisco de Macorís, otra realidadA salvo del olvido con obras reunidasAutogestión y responsabilidad literariaJosé Mármol, un poeta hereje reivindicadoR. Rodríguez Soriano con pasaporte literarioEl tristemente célebre Anthony WeinerLa inspiración errante aparece en CaliforniaLa marca de María Celeste ArrarásUn seminario: ¡Medios para todo!De paso por Librería Cuesta Adiós temprano al poeta del "esquizo"Carlos Alberto Montaner: Otra vez adiósProeza tuiter: una novela con cuentagotasHágalo rápido, pero primero hágalo bienLa economía portátil de Leonel FernándezUn desalojo anunciadoLa visita de los hombres blancosEnrique Eusebio, para la historiaMás allá de las tumbas, sin espectáculoApuntes para escritores dominicanosSicarios financieros en la islaUn diario para revivir a BorgesEl himno nacional de Miguel de CampsLibro súbito de José AcostaApócrifo de Judas IzcarioteLey de la ilusión en Ministerio de CulturaLos sueldos de León Félix Batista Los números de la Editora NacionalJosefina Báez, ¡Ay ombe!¿Qué tiene de malo?Derrotismo en Ministerio de CulturaEditora Nacional y supervivencia culturalLaboratorios de escritores dominicanosMarianela Medrano, sin máscara de oxígenoClaudio Hanley y la profanación de la muerte Viriato Sención en la eternidadTeodoro Grullón, al servicio de la VidaPanteón de héroes inútiles Un caimán envidiosoGallinero del libro dominicano en Nueva YorkDel best al bad seller: el libroMario Vargas Llosa, un Nobel explosivoGazapo en cuento de Jorge Luis BorgesCrisis de Alianza Dominicana huele a conspiraciónComplot y camisa de fuerza en Washington HeightsLluvia de piedras en Washington HeightsEfecto dominó en Washington HeightsEl conocimiento y las bestias
El tiempo
Prevision del Tiempo en Santo Domingo
Encuesta
Quien sera el candidato del PRM en el 2020?
Hipolito Mejia
Luis Abinader
David Collado
No se

Ver los resultados