Miercoles 24 de Mayo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

Haití, bomba de tiempo

Es una constante que a mayor tasa de natalidad, a mayor fertilidad entre las mujeres, a más alto analfabetismo y menores recursos naturales, mayores serán los niveles de pobreza de un país.

Haití, desgraciadamente, conjuga cada una de esas situaciones. Mientras el nivel de fertilidad y el porcentaje de crecimiento de la población en la República Dominicana vienen declinando, en Haití es todo lo contrario.

Nosotros tenemos una tasa de fertilidad de dos infantes por mujer, que es el promedio latinoamericano, sin embargo en Haití es de casi cuatro. La tasa de natalidad en Haití es de 23.87 por cada mil habitantes. En la República Dominicana es de 19.44. Haití, con 27,750 kilómetros cuadrado y una población de alrededor de diez millones de habitantes tiene una densidad poblacional de 360.24 habitantes por kilómetro cuadrado mientras que en Quisqueya es de 207.29.

En el año 1950 Haití tenía una población de tres millones de habitantes. Para 1980, treinta años después, ya había multiplicado por dos esa cantidad. Hoy casi duplica la cantidad del 1980.
Si todo sigue como va y no se hacen las debidas correcciones en estos momentos, como sería, por ejemplo, una campaña de concientización sobre la explosión demográfica en toda la isla, principalmente en la parte occidental, en diez años tendremos una población de casi 30 millones de seres.

Esto nos presenta un gigantesco problema, pues en estos momentos, solo los dominicanos estamos en condiciones de producir alimentos para ambos pueblos, ya que Haití, donde el 80% vive debajo de la línea de la pobreza, con una tasa de desempleo de más del 70% y con más de la mitad de sus ciudadanos analfabetos, no va a estar en condiciones, en la próxima década, de proveerse su propio sustento.

Si a esto le agregamos la alimentación que seguirán demandando nuestros estudiantes, por el establecimiento de las excelentes tandas continuas del sistema educativo nacional, que seguirán in crescendo y la población flotante que compone el turismo, el cual el Presidente Medina está empeñado en llevarlo a uno por habitante, estaríamos hablando de alimentar a más de 40 millones de seres en una superficie cultivable que solo provee, en estos momentos, el 85% de nuestras necesidades.

Tenemos que ir pensando en el establecimiento de agroindustrias para poder procesar, almacenar y conservar por más tiempo productos perecederos. Dejar de vivir de espaldas al mar y crear cooperativas pesqueras. Comenzar un intenso programa de acuicultura. Diversificar nuestra producción agropecuaria y ajustarlas a nuestras necesidades y por último, ayudar al gobierno haitiano a reforestar su país, para que puedan rescatar tierras con vocación agrícola. Enseñarlos a construir y manejar invernaderos hidropónicos para que nos ayuden a alimentar su propio pueblo.

Este gris panorama futurístico es solo tomando en cuentas la alimentación. Si incluimos los gastos en salud y educación, el panorama ya no es gris. Es más negro que una noche sin luna.

Detengamos, ahora que todavía puede haber soluciones, el tic tac de esa bomba de tiempo haitiana que se llama hambre, desempleo, enfermedad, desesperanza, analfabetismo, desesperación.

Desactivemos este artefacto explosivo social ante de que estalle y afecte a toda la isla.

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