Sábado 27 de Mayo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
Buscar Noticias


Luis R. Decamps R.

El decrepito circo del ultranacionalismo

El orfeón mediático de los ultranacionalistas del patio en un momento dado fue tan estridente, persuasivo y abrumador que, pese a los pírricos resultados de sus convocatorias populares, durante un tiempo lograron crear la impresión de que tenían el apoyo de la mayoría de los dominicanos (algunos enardecidos comunicadores llegaron a afirmar que con una proporción porcentual de 90-10) en el debate sobre la sentencia número 168-13 de nuestro Tribunal Constitucional.

Los datos arrojados por la última encuesta Gallup-Hoy, sin embargo, confirmaron la falsedad de aquella cantaleta y dieron cuenta de la verdadera realidad con relación al punto nodal del referido fallo: el 58.2 por ciento de los consultados piensa que los hijos de los haitianos ilegales nacidos en el período a que se ella se refiere “son dominicanos”, contra un 39.6 que cree lo contrario. Es decir: la táctica goebbeliana en esta ocasión resultó un fiasco.

No obstante semejante “hallazgo” (¿cómo esperar lo contrario en militantes del odio y el resentimiento?), los portavoces del ultranacionalismo insisten en continuar vendiendo las mismas patrañas y tergiversaciones (es obvio que el negocio de la mentira no es nada malo para algunos), y el circo se esfuerza por mantener sus carpas abiertas y las bocinas encendidas a pesar de que los aplausos disminuyen dramáticamente. Y es natural: como en la farándula, aunque se esté de luto o de capa caída “el espectáculo debe continuar”. Ojo morado no amilana a forastero ebrio, y mucho menos en las lampiñas estepas del descaro.

De antaño se sabe que entre conservadores y ultranacionalistas siempre ha habido (aquí, allá, acullá y allende los mares) un cierto maridaje ideológico, pues los fines prácticos de sus elucubraciones y consignas son en esencia los mismos: ser parte de los poderes establecidos (a través de un laborantismo de alabanza, justificación y recompensa) y tratar de mantener incólume eso que indistintamente se denomina “estatus“ , “orden” o “establecimiento político y económico”.

Por supuesto, la estabilidad del connubio también está relacionada con el hecho de que los contrayentes se complementan uno al otro: el conservadurismo (reprimiéndose los escrúpulos de cordura con un esbozo de sonrisa) le permite al ultranacionalismo codearse con los poderes establecidos a cambio de que éste (de buena gana en virtud de su devoción por la vocinglería y el faranduleo) le preste su trompeta retórica y le haga el trabajo sucio (léase: ejercer de preboste contra todo lo que huela a liberalismo) en la sociedad.

La verdad sea dicha, empero: en la República Dominicana el fenómeno no había sido tan esquemático y notorio hasta hoy, pues aunque el señorío estatal conservador es casi una constante en nuestra historia (los liberales han pasado por el poder con la luminiscencia y la fugacidad de los relámpagos) el ultranacionalismo nunca había arraigado tanto como ahora: el conservadurismo criollo (que abominaba del ruido patriotero y estaba acostumbrado a no tener pregoneros ni intermediarios para la citada labor prebostal porque le bastaba con el “chucho” del Estado) se limitaba a abrirle cíclicamente unos pocos canales marginales de expresión y financiamiento.

No olvidemos, desde luego, que el ultranacionalismo es una corriente de pensamiento de raíz ultramontana y escasa elaboración conceptual (un bodrio doctrinario) que, a partir de una estridente prédica “patriótica” que se remata con apelaciones radicales al “rescate” de la identidad y las tradiciones nacionales, ha sentado sus reales básicamente en grupos o individuos fanatizados, de mentalidad napoleónica (a veces disfrazada de leninismo o de estalinismo), poco formados o social y políticamente arrinconados, y por estas características singulares puede arrastrar hacia su vórtice no sólo a conservadores de vieja prosapia sino también a fascistas nostálgicos, antiguos exaltados de izquierda, fundamentalistas de derecha y, en general, “cabezas cuadradas” de toda laya.

El ultranacionalismo dominicano en particular, a pesar de que ha abrevado en la retórica declamatoria y fervorosamente romántica de historiadores primigenios de honda influencia en la conciencia colectiva, apareció por primera vez entre nosotros bajo la inspiración del "corte" de 1937 y con los auspicios de la intelectualidad trujillista (más que de la original, de la “conversa”), y como siempre se le ubicó del lado de las más cuestionables manifestaciones políticas de la tiranía, sobre todo en faena de legitimación conceptual, hasta hace poco era sólo visible en ciertos reductos de la política vernácula que por veces no podían esconder su melancolía por la “era”.

Más aún: si nos atenemos a los hechos, hemos de decir que quienes han representado con mas vigor al ultranacionalismo en el devenir nacional (desde Peña Batlle hasta la Fuerza Nacional Progresista, sin dejar de mencionar al contralmirante Lajara Burgos, a la llamada Unión Nacionalista de Luis Julián Pérez y a los grupos en que ésta se desgajó posteriormente) nunca habían disfrutado de apoyo de importancia en la sociedad dominicana: eran vistos como risibles portaestandartes de cierto maximalismo de la palabra que, agitando fantasmas de un pasado remoto, procuraba tener alguna vigencia pública para hacerse gracioso ante el poder, agenciarse colocación en el tren gubernamental o asegurar contratos “profesionales” en instituciones públicas.

(La administración pública ha sido siempre el regazo mas amado de los ultranacionalistas dominicanos -se adhieren al presupuesto del Estado con la casi insana pasión del amor adolescente-, y al tiempo que se erigen en paladines de la justicia y censores éticos a través de la vociferación de todo tipo de eslóganes “patrióticos” y moralizantes, no tienen ningún problema en degustar privilegios societales sin título, engullir rentas injustificables del erario o defender a quienes hacen negocios “no santos” con el gobierno de turno o expolian a sus conciudadanos por medio de la usura bancaria, la actividad industrial fraudulenta o el comercio oligopólico).

Como se ha dicho ya en otro lugar, uno de los "méritos" de la sentencia en debate de nuestro Tribunal Constitucional (así, entre comillas, pues tiene algunos que son reales y no se les pueden regatear) ha sido que resucitó los fantasmas en alusión y, como era de esperarse, insufló de renovados ánimos al ultranacionalismo dominicano: éste no sólo ha resultado reivindicado histórica y legalmente por ella en sus prédicas más extremistas sino que, debido a la orientación partidista de buena parte de quienes integran la alta corte, le ha brindado una amplia base social y política.

Otra certidumbre se hace visible, pues: el ultranacionalismo no ha convencido a nadie ni ha conquistado apoyo por los méritos de sus argumentaciones o las bondades de su práctica “patriótica”: son los partidos representativos del conservadurismo -el PLD, lo que queda del PRSC y parte del PRD- los que le han brindado su base social en bandeja de plata, realidad visible cuando reparamos en que los nuevos ultranacionalistas son justamente, en la actualidad, destacados dirigentes y militantes políticos, muchos de los cuales, por cierto, son jóvenes sin formación o adultos que hasta hace sólo algunos años eran furibundos críticos de la cháchara de aquel.

Una verdad adicional debe ser igualmente consignada: figuras y entidades (de la política, la religión, el gobierno, la empresa privada o las actividades académicas) que hasta hace poco eran consideradas representativas de las menos recomendables formas de sentir y pensar la sociedad y la nacionalidad dominicanas (y por lo cual no sólo eran ampliamente impopulares sino también vistas como absurdas y antediluvianas expresiones elitistas de la aristocracia de los apellidos o del ladino y fanfarrón mulataje vernáculos), de golpe y porrazo se han convertido en líderes de opinión u objetos de devoción social.

Todavía más: no deja de ser curioso y sorprendente observar cómo ahora -bajo el influjo de la atmósfera de fanatismo “patriótico” creada por el TC con su sonada decisión- se ha olvidado deportivamente lo que muchas de esas figuras y entidades han representado en nuestra sociedad desde hace bastante tiempo: por ejemplo, su connivencia con el pasado totalitario, su anatomía ideológica retardataria, su arrogancia social o clasista, sus burlas a la soberanía popular, sus tratativas con sectores imperiales extranjeros, sus indecorosas vinculaciones con el poder corrompido, sus reconocidas aversiones por la gente sencilla del país y su demostrado compromiso con intereses espurios o con el latrocinio privado o estatal. Como decía el ingenioso hidalgo: “¡Cosas veredes, Sancho amigo!”.

Al mismo tiempo, y sin importar si hay o no conciencia de ello entre jueces y ciudadanos, la sentencia de nuestro TC está desempeñando en estos instantes, lastimeramente, un rol parecido al que jugó la formación del Frente Patriótico en 1996: poniendo la historia nacional "patas arriba" a través de un alianza oportunista y desprovista de principios entre antiguos liberales y conservadores de siempre, y en consecuencia provocando el olvido o la tergiversación de las lecciones fundamentales de nuestro devenir como nación y sembrando la confusión entre la gente no educada del país sobre el verdadero significado de los valores patrios y los intereses que se esconden detrás de la palabrería “nacionalista” de hoy.

(Hay que reiterarlo para que no se crea que todos somos tontos: demasiado gente que está haciendo causa común con las bravuconadas y los dicterios del ultranacionalismo tiene un empleo público, una botella, un cargo electivo, un contrato gubernamental, alguna cercanía con el PLD o una vinculación con los poderes fácticos. O sea: el ultranacionalismo está bien colocado en términos de “amarre” estatal. Lo que le falta es fuerza moral, porque ésta no se puede comprar ni se forma con amenazas o constreñimientos políticos o “disciplinarios”: sólo se construye con la verdad, la conducta propia y la defensa de los intereses de la colectividad. Existen excepciones a este respecto -¿cómo negar que hay gente no asalariada, bien intencionada y realmente patriota entre los ultranacionalistas?-, pero no hacen más que confirmar la regla).

El ultranacionalismo podrá seguir faroleando con toda la arrogancia que le permite su cercanía con el aparato estatal y los poderes fácticos, podrá continuar vociferando e insultando por conducto de los medios de comunicación que controlan sus aliados, y hasta podrá recrudecer sus amenazas contra quienes no comulgamos con sus puntos de vista en torno a la sentencia del TC, pero en estos momentos una cosa está meridianamente clara: a despecho de todo ello, sus postulados incendiarios no han calado en la conciencia colectiva y, por el contrario, han hecho tanto ruido que ya están resultando molestos para el gobierno y los sectores conservadores del país... ¿Moraleja? Simple: el declive del ultranacionalismo es sólo cuestión de tiempo, y más temprano que tarde sus mecenas tendrán que cancelar el espectáculo y buscarles otras “ocupaciones” a los cirqueros.

(*) El autor es abogado y profesor universitario
lrdecampsr@hotmail.com

Otras opiniones de: Luis R. Decamps R.

Mis hijos y el "principio de la infracción solidaria"Percepción, política práctica e intelectualidad Joao, la bella Monica y otras "monerías" del gobiernoHumanismo, pos modernidad y valores Leonel: !Arrinconado por el gobierno!El gobierno versus Leonel: El blanco real de Felucho Odebrecht y la lucha interna en el PLD y el PRMEl raro "antiimperialismo" del doctor Ray GuevaraDanilo y el PRD: ¿Un noviazgo sin amor?Sabores y picores en el PLD de hoyAntonostalgia del PEMELa reeleccion resbala y la oposicion en babiaLa reivindicacion historica del balaguerismo Google se parece a Dios, pero no lo es...El ostracismo de Leonel: ¿Culpa o ingratitud?La robótica ultranacionalista Hipocresia y cinismo en el panorama politicoLuis Abinader ante la historia El asesinato de Indhira Ghandi Lo que nos queda: El balaguerismo Abril 1965: El capitan que tomo por asalto la gloria La rebelión del leonelismo Luis Abinader en la cresta de la ola La “tozudez” de Leonel: ¿panico en el PLD?La reeleccion: ¿Un “maco” made in PLD?La agenda “patriotica” del conservadurismo El asesinato de Mahatma Gandhi en 1948El asesinato de Gaitan y el “Bogotazo” de 1948Baches y cachivaches de la reeleccion El asesinato de Olof Palme en 1986Las tribulaciones actuales del peledeismo historico Quirino al habla y Leonel en su ordalia “Pendejadas” de la vieja educacion domestica Brincos y mimicas con la reeleccion Leonel y el legado historico de BalaguerEl PLD y la crisis del pensamiento critico Hipolito Mejia ante la historiaEl asesinato de Isaac Rabin en 1995 Vainas y sables en el PLDEl asesinato del Che Guevara en 1967Leonel: El “zóon politikón” El asesinato de Anwar El-Sadat en 1981La reeleccion: Rosas y espinas en el PLDLeonel: ¿Camino a su primera derrota?Martin Luther King: humanista integral Malcolm X: De ratero a redentor social Kennedy: El hombre y el destino El PLD, LOma Miranda y Groucho MarxAdalai Stevenson: Un demócrata olvidado Matices históricos de la política en USATransfugas y "corchos" en la era del PLDEl legado gris de la "era" del PLDEl PRD, Majluta y la "Ley de Lemas"Trujillo: la lección ignorada La Constitución, el referendo y la reelección Danilo, Leonel y al reelección Caamaño y la prepotencia del embajador Era Trujillo realmente patriota o nacionalista?La "no reelección": ¿Una engañifa institucional?Graznidos del trujillismo historico El "vicio" del poder y la tentación totalitaria La socialdemocracia sigue siendo el camino Sobre "desfases" y “cambios de paradigmas"No es comunismo sino cristianismo La hipocresía como ideología Patriotismo, nacionalismo y antihaitianismo Ni Marx ni Cristo: ¿El signo de la época?Un articulo de Balaguer Recordando la “Izquierda Democrática” La política: ¿Pasión o profesión? La "política del gran garrote" de los EEUU El atentado de 1981 contra Juan Pablo IIElogio de la hipocresía Danilo versus Leonel: ¿Cambio de mando en el PLD?Verdades y mentiras en el PRD de hoy El conservadurismo dominicano; en la cresta de la olaEl disparate de la "fusión" con Haití Luis Abinader: Perfiles de un liderazgo en ascensoLa prensa digital: perfiles de una revolución mediática Liberalismo y conservadurismo en la historia dominicanaLa tirria del conservadurismo contra las ONGsSu majestad, el peledeismoSi a la regularización, no al ultranacionalismo Hipocresia y cinismo en el ultranacionalismo criolloLauros y perversiones de la democraciaEl dia que Hitler escapo de la muerte El "voto preferencial": Mitos y realidades El dia que ¨mataron¨ a Lenin Secreto a voces: el PRD necesita un nuevo liderazgoEl gobierno de Danilo, la encuesta Gallup y el pobre PRDLa "doctrina Monroe" y la "Seguridad Nacional" de Estados UnidosLa miseria ideológica de los partidos De Leonel a Danilo: Breve historia de la cosmética política PRD: El derrotero suicida de la división Se cavan las trincheras en el PRD: ¿La “tesis Betancourt" o la táctica penagomista de “ir como quiera”?El gobierno "light", la culebra que no se muerde la cola y la impronta de Barrabás en el PRDBolívar, García Márquez y la subversión de la historia Derecha e izquierda en la política del siglo XXIDe Maquiavelo a Rousseau: realismo e idealismo en politicaCorea del Norte: Ritos de una extraña monarquía "comunista" Leonel, el PLD, la Barrick Gold y el perogrulloDanilo y Leonel: el desafio silenteLos “pendejos” de la guerra restauradoraEl PRD, el liberalismo histórico y la riña de los egos Liberalismo y socialismo: Otras viejas vainas de los "pendejos"“Pendejos” Y “Realistas” en la primera república La feria de la política: pinceladas históricas para pendejosLa vieja vaina del "bien común": anatomía del político pendejoDe Marx a Bosch: la "envidia" de los "pendejos" socialistasConfucio: Un "pendejo" de antes de CristoJesucristo: Pionero de la ideologia de los "pendejos"Los Trinitarios: Nuestros primeros "pendejos" y "envidiosos"Los gobiernos del PLD: Poder, "Progreso" e Impunidad¿Se necesita o no una ley orgánica para aprobar la reforma tributaria de Danilo? Las fotos de Fidel: El contramensaje de la imagen El Feliz Bautista, los zafarranchos en el PLD y el "regalito" de Leonel a Danilo¿ Presión tributaria? Enemas y vomitivos para todosEl “eterno retorno”: Lla otra cara de las “megapensiones” El viejo imperialismo: antinostalgia de otra "Era"El "ABC" de la democracia: notas para desmeroriadosDe politica y politicos: machacando ideasVincho, Leonel y otros "bultos" del gobierno de DaniloRecordando a McLuhan: recovecos de la globalizacionMercado y doctrina: La politica en la "posmodernidad"El neoliberalismo y la crisis del capitalismo globalTodo “made in PLD”: De la mediocracia a la desesperación Nuestro "mundo posideológico"Despues del “Mundo de Yalta”Los grupos en el PRD: ¿Vicio o Virtud?¡Ay, qué miedo!: El don me quiere botar del PRDLa socialdemocracia dominicana: verdades y mentirasEl antireelecionismo: Mitos y realidadesMe derrotó el Estado, pero siento orgullo de mi voto Hipolito Mejía: Un voto por el país ¿A quien le creo? Encuestas, realidades, opiniones populares y otras vainas raras en el escenario electoral dominicano Hipólito: El elegidoHipolito: el presidente que yo conocíLas elecciones dominicanas, segun Broussonet¿La “Era” de Leonel? De encuesta Gallup a “crisis” de JCE: ¿Vericuetos de la agenda de campaña del PLD?Danilo y Margarita: ¿Es cierto que “esta linda la mar”?Fernández Domínguez: De Puerto rico a la gloria Consumatum Est: Con Margarita, Leonel le gana el primer “round” a Danilo y al Comite PoliticoLas dos encuesta de “Asisa”, las bellaquería y el “riflazo” de DaniloLeonel, doña Margarita y otras piedras en el camino de DaniloLa encuesta de "Asisa", la "cuerda" de Danilo y la candidatura de Doña MargaritaEl PLD y la “recuperación” económica del paisDanilo: ¿Bajo el contrasigno de la historia? La nómina pública, los timbales palaciegos y el festin de los “Wikileaks”La Amet, el “Progreso”y otros “bultos” gubernamentales“¡Memoria contra el olvido!”: El FMI, Leonel y el dominicano común “Se Pasa la tenaza…”: Hipólito, Perogrullo y DaniloEl “chulla” latinoamericanaDanilo y el PLD: maullidos del GatopardoEl “paquetazo”, el gobierno y el pobre Danilo El conde Abraños: de política y politiquerosEl PLD frente e Hipólito: el “cuentazo” del “retroceso” Hipólito y el PLD: Mentiras viejas, Verdades nuevasLeonel; Razones y sinrazones de una “¨declinatoria” Política, realidad y artificioLos trotes postreros de la convención del PRD...Mis apuestas en la convención del PRDEl dilema de Leonel, según BroussonetHipólito, Miguel y e PRD en el análisis de BroussonetLa “descelebración” de la navidad y ptras curiosidades Jesús de Nazaret: El gestor de una nueva civilización Leonel, la reeleción y el referendoLo que viene en el PRD: Un “choque de trenes” De Trucutú al nuevo doctor Merengue: la retórica de la política "light"La tesis reeleccionista del candidato títereEl PLD, los valores y la iniciativa de la Primera DamaIdentidad, “reingeniería” y candidatura presidencial en el PRD¿Es realmente posible una nueva reforma constituciona?El Metro en los hechos: ¿Gran obra o estafa? El Comité Político del PLD: Un anacronismo¿Reelección de Leonel? Una discusión para tontos Aspavientos y zafarranchos en el PRDLa “ceremonia de la bata blanca” ¿Par qué sirve el DNPC (antiguo DEPRECO)? Luis Abinader: impresiones fugaces sobre su discurso políticoLos desplantes del PRD al liberalismo históricoHipólito Mejía: ¿como el ave fénix? “Corran, muchachos, corran…” Milagros Ortíz Bosch en las “pinceladas” de Broussonet Una luz en el caminoEl gobierno como la arepa y la ” Nueva Republica de la Barrick Gold““Tiren coño, cobardes, tiren…”Marx y Bolívar: Notas sobre una controversia histórica “SE PASA LA TENAZA…”La candidatura del desprecio “SE PASA LA TENAZA…” La canidatura de Milagros Ortiz Bosch“SE PASA LA TENAZA…”“SE PASA LA TENAZA…”¿ingenuidad y desaprensión ?“SE PASA LA TENAZA…”: Se pusieron guapitos...“SE PASA LA TENAZA…”: La queja de algunos hipolitistas“SE PASA LA TENAZA…”: ¿Hipolito entierra el hacha? “SE PASA LA TENAZA…”Requiem por la “Constitución de Leonel”Viejas perogrulladas de la táctica política La “agenda Fernández”La portentosa voz de mando del general LuperónMiguel Vargas en la cresta de la olaLa feria de la corrupciónLa verdad como “roba la gallina”: Percepción y realidad en los gobiernos del PLD
El tiempo
Prevision del Tiempo en Santo Domingo
Encuesta
Quien sera el candidato del PRM en el 2020?
Hipolito Mejia
Luis Abinader
David Collado
No se

Ver los resultados