Sábado 24 de Junio del 2017
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José Carvajal

Tony Raful y el compromiso con las ideas

TONY RAFUL
Premio Nacional de Literatura 2014.

El Premio Nacional de Literatura es importante. Da carácter al reconocimiento público de la obra de un autor; establece tabla de valores y pone al galardonado en un pedestal de ejemplo, de cómo se llega al estrellato literario.

El caso del dominicano Tony Raful es singular; poeta y ensayista probado, es quizá el único Premio Nacional de Literatura en cuya entrega del galardón se reunieron dirigentes políticos y literatos a granel. Y es que Tony ha sido incansable en ambas disciplinas. No ha tenido la necesidad de otros, de sacrificar una de sus dos pasiones en la vida para atender la otra. De esto último recuerdo el caso de Juan Bosch, que se apartó de la literatura para dedicarse a la política; y el del exvicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez, que abandonó la política para concentrarse exclusivamente en escribir su obra.

De modo que la política y la literatura son cómplices en la vida de Tony Raful. Como político aprendió la magia de la sonrisa, de la amabilidad, de la elegancia, de la decencia y del acercamiento con las masas; y como poeta descubrió la importancia del lenguaje y de comunicar ideas profundas con la mira puesta en la posteridad. Las principales funciones públicas que ha desempeñado están de una manera u otra ligadas a las letras; fue director de la Biblioteca Nacional, y luego Ministro de Cultura; a ambos despachos llegó acompañado de su poesía y de sus ideas del ensayo histórico.

Pero Tony Raful es también un hombre de familia. Un hombre que ha cumplido a carta cabal con la sociedad. Tiene esposa, hijos, nietos, a los que puso en primer plano en el discurso de aceptación del Premio Nacional de Literatura 2014. Los mencionó a todos: “A mis familiares más queridos, a los que ya no están, pero que me inculcaron los valores con los cuales he vivido, a mis padres, Pedro Raful y Carmen Tejada Jiménez de Raful, a mis hermanos José y Pedro, a mi mujer, Grey Soriano de Raful y a mis hijos, Ernesto, Amín, Faride, Farah, Raúl y Tony Abel”.

A los amigos también, consciente de que “un premio en sí mismo no tiene validez si detrás de su otorgamiento no hay una generación de escritores, un tiempo de ideas y conceptualizaciones, un espacio de palabras compartidas, los poemas sustantivos de una época y de una memoria social en movimiento”.

En su discurso Tony dio muestra de vasta cultura. Citó y ponderó entre otros clásicos a Cervantes, Shakespeare, Quevedo, Góngora, y a Balzac; igualmente a Rubén Darío, Miguel Hernández, Antonio Machado, Rafael Alberti, Gabriela Mistral, César Vallejo, Pedro Henríquez Ureña, Salomé Ureña, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges y Octavio Paz. En esos apuntes de alto vuelo destacaron además referencias al pintor Pablo Picasso, al poeta alemán Friedrich Hölderlin, al sociólogo y filósofo polaco Zigmunt Bauman, al novelista francés André Malraux y al italiano Umberto Eco. También fue extensa la lista de autores dominicanos que según el propio poeta lo hacen “deudor de ideas”, porque despertaron en él “tempranamente la devoción por las letras”.

Todo eso está bien. Los escenarios de luces son burbujas de sueños para olvidar las pesadillas. Y los poetas sueñan con permanecer despiertos aun después de muertos. Por eso pienso que los libros de Tony Raful son su aporte más duradero a las futuras generaciones, pues sus afanes políticos y su vida personal se irán con él en ese último adiós del que no escapamos los mortales. Mientras tanto, que reine el verso en camino a la posteridad.

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