Sábado 29 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

Dominicana en una encrucijada

Estoy de acuerdo con lo expresado por Mario Vargas Llosa en su famosa columna “Piedra de Toque”, acerca del fallo del Tribunal Constitucional que convierte en apátridas a miles de dominicanos hijos de haitianos que entraron y vivieron ilegalmente en el país, donde pese a las adversidades lograron establecerse y procrear familias.

El Premio Nobel de Literatura, y uno de los más ilustres escritores latinoamericanos de todos los tiempos, dice que “la sentencia del Tribunal Constitucional dominicano es una aberración jurídica y parece directamente inspirada en las famosas leyes hitlerianas de los años treinta dictadas por los jueces alemanes nazis para privar de la nacionalidad alemana a los judíos que llevaban muchos años (muchos siglos) avecindados en ese país y eran parte constitutiva de su sociedad”.

La comparación no es descabellada. Pone de relieve la gravedad del asunto y del porqué el fallo del Tribunal Constitucional ha colocado vergonzosamente a República Dominicana en una encrucijada internacional.

“Por lo pronto, se insubordina contra una disposición legal de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (de la que la República Dominicana forma parte) que, en septiembre de 2005, condenó a este país por negar su derecho a la nacionalidad a las niñas Dilcia Yean y Violeta Bosico, dominicanas como Juliana, e igual que ella hijas de haitianos”, escribe el autor de la famosa novela “La fiesta del Chivo”, que trata sobre los últimos años de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
Vargas Llosa observa además que “con este precedente (expuesto en el párrafo anterior), es obvio que, si es consultada, la Corte Interamericana volverá a reafirmar aquel derecho y la República Dominicana tendrá que acatar esta decisión, a menos que decida –algo muy improbable– retirarse del sistema legal interamericano y convertirse a su vez en un país paria”.

El fallo del Tribunal Constitucional también ha despertado un interés sin precedentes en ese siglo sobre el trato que reciben los haitianos en República Dominicana. Pues para la comunidad internacional, además de leyes descabelladas como la de despojar de la nacionalidad a sus hijos dominicanos, los haitianos han sido víctimas por muchos años de discriminación y abusos laborales en nuestro país.

La discriminación es incluso inculcada en la infancia. Recuerdo que cuando yo era niño fui con mi familia a un campo cerca de la capital, y la primera advertencia que se nos hizo a los muchachos fue que tuviéramos “mucho cuidado con los haitianos porque comen gente”.

Aquel tipo de advertencia creaba pánico en las mentes de los niños dominicanos, aunque fueran estos más negros que los haitianos. Sin embargo, ahora de adulto veo que la mayoría cruza la frontera en busca de mejoría, o sea, por la misma razón que miles de dominicanos arriesgan sus vidas en frágiles embarcaciones en alta mar para perderse en la vorágine de un porvenir ilusorio o abordan aviones con visados de turistas con toda intención de establecerse ilegalmente en Estados Unidos y otros países.

El dominicano es racista y nacionalista a ultranza por tradición. Los mayores ejemplos de la xenofobia hacia los haitianos quedaron registrados para la historia con la masacre de miles de ellos, ordenada por Rafael Leónidas Trujillo en 1937, y con la treta política que protagonizaron Joaquín Balaguer y Juan Bosch a mediados de los años noventa del siglo pasado, de heredar a Leonel Fernández el poder de ambos, a pesar de sus grandes diferencias ideológicas, para asegurar que José Francisco Peña Gómez, que era de origen haitiano, no llegara a ocupar la presidencia de la República.

Hay muchos ejemplos de xenofobia a lo largo de la historia dominicana. De modo que el fallo del Tribunal Constitucional es solo una decisión que además de sellar en el marco jurídico el trato inhumano que damos a esos indocumentados en nuestro país, pone también en una encrucijada al presidente Danilo Medina, que a mi juicio viene gobernando contracorriente; porque no lo dejan hacer todo lo que pudiera y quiere, ya que muchos de los obstáculos de su brillante gestión son precisamente los organismos que le crean caos en el camino.

Los peores enemigos de Danilo Medina son funcionarios que no toman en cuenta la repercusión de decisiones impensadas como la del Tribunal Constitucional, y gente que encontró ubicada ya en puestos estratégicos para salvaguardar el “pellejo” del expresidente Leonel Fernández, que tal vez no tiene cómo justificar su aparente riqueza sin que alguien lo acuse de corrupto.

Aun no se sabe cómo resolverá Danilo Medina el asunto del fallo del Tribunal Constitucional sobre la nacionalidad de dominicanos hijos de extranjeros ilegales en el país. Al parecer tiene toda la intención de hacerlo sin pasar por encima al TC. En este caso en particular creo que lo más salomónico sería conceder una amnistía a esos dominicanos hijos de haitianos indocumentados mientras se revisan las consecuencias de la dichosa sentencia en las nuevas generaciones procreadas por extranjeros.

No debemos permitir que la sombra de aquellas leyes hitlerianas que menciona Vargas Llosa se apoderen de la sensibilidad humana de nuestro país. Queramos o no, tenemos que convivir con Haití, por obra y gracia de la naturaleza.

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