Sábado 29 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
Buscar Noticias


José Carvajal

Dominicana con el dedo en el gatillo

República Dominicana es un país muy peculiar. No existen o hay pocas cámaras para vigilar cualquier comportamiento sospechoso de la población. Sin embargo, es una de las sociedades más vigiladas que he visto en los últimos tiempos. Los negocios formales y muchas residencias privadas tienen en sus puertas guardias de seguridad que exhiben armas que asustan a cualquiera. La mayoría no viste uniformes y utiliza armas largas, rifles, ametralladoras, como si el país estuviera al borde de un conflicto bélico de manera permanente.

Esta visible obsesión por la seguridad personal hace pensar que el dominicano teme por su vida y que es muy desconfiado; tal vez no cree en el vecino, ni en el amigo, ni en su propia sombra como aparenta delante de los demás. La experiencia de unos pocos con el crimen, los robos y los asaltos ha llevado a la mayoría a estar siempre alerta, a ser incluso agresivos y a perder los estribos fácilmente para defender lo que les pertenece.

Primero se dan las palabras y las discusiones, y luego surgen las amenazas, los golpes, los tiros. Los disparos son comunes porque muchos de los que portan armas son ciudadanos dispuestos a defenderse de “lo que sea”, hasta de un simple insulto en plena vía pública. Todo eso se percibe en medio de una desbordante amabilidad con el visitante o el extranjero.

Lo preocupante de la vigilancia privada en este país es el tipo de armas que se utiliza y la falta de uniformes que distinga a muchos de esos guardias del resto de la población. Uno entra a un establecimiento comercial y de repente aparece un hombre vestido de civil con una ametralladora en mano. El que no es de acá piensa enseguida en un asalto o un posible secuestro; solo le tranquiliza ver que nadie se inmuta, que aquí es normal que un guardia deambule por la tienda con un rifle de asalto o una escopeta al hombro. Pero lo cierto es que en vez de dar confianza, ese tipo de vigilancia asusta y pone a uno a la expectativa de que puede ocurrir una balacera en cualquier momento.

Otra observación acerca de esos vigilantes privados: parece que no tienen el entrenamiento necesario, y dudo que sean sometidos a pruebas psicológicas que permitan determinar si son aptos para portar armas. En otras palabras, en sociedades como esta la vida de uno puede que dependa del juicio de un desequilibrado mental o de un psicópata que anda siempre con el dedo puesto en el gatillo. Porque tampoco parecen entrenados para evitar accidentes. “Si se le zafa un tiro se arma el huidero”, bromea la gente.

Un amigo me contó que hace poco a un guardia de seguridad se le escapó un tiro en su primer día de trabajo. La compañía que lo contrató lo despidió en el acto, y la razón que se dio para explicar el incidente fue que el vigilante estaba nervioso y que apretó el gatillo sin querer. Nadie resultó herido. La bala se incrustó en una pared y quedó allí para el recuerdo de una población asustada que se hace proteger por inexpertos.

De acuerdo con el último informe sobre la vigilancia privada en América Latina, publicado en 2011 por el Instituto de Estudios Internacionales y de Desarrollo, la República Dominicana cuenta con más de 30 mil guardias de seguridad privada. La cifra es mayor que la cantidad de policías responsables del orden público, que suman poco más de 29 mil agentes.

Creo que el gobierno debería tomar medidas más estrictas contra la contratación de vigilantes particulares que no pertenezcan a compañías de seguridad privadas. Tampoco se debe permitir que esas empresas operen sin entrenar o capacitar debidamente a sus guardias en el manejo de armas y sin cumplir con normas que incluyan el uso de uniformes y pruebas psicológicas de los vigilantes, como ocurre en países más organizados.

La patria es de todos. Y como dice el célebre verso del poeta dominicano Tomás Castro: “Que nadie se sienta herido”.

Otras opiniones de: José Carvajal

El pensamiento literario de RenéLa firma de René del Risco y BermúdezAntología esencial para los tontosRealidad y Premio Nacional de LiteraturaGratereaux, Mieses Burgos y BorgesAntes de Federico Henríquez GratereauxÉtica y Premio Nacional de Literatura 2017Libros RD / Mis recomendaciones 2016Pedro Henríquez Ureña bajo observaciónAntología para escapar del olvidoPoesía amorosa dominicana en el siglo 21Amoroso mundo de la poesía dominicanaUna antología ridícula para el mundoEl pecado literarioLos espacios de Pedro CamiloLiteratura y política dominicana 2016PHU y descuidos de Andrés L. MateoEsteban Torres y las ideasHaití y una novela de Matos Moquete (y 4)Haití y una novela de Matos Moquete (3)Haití y una novela de Matos Moquete (2)Haití y una novela de Matos Moquete (I)El premio de entonces, ya no es lo mismoJuan Bosch, autor de una obra infinitaJuan Bosch, autor de una obra infinitaGabriel García Márquez para dominicanosVirgilio López Azuán no hizo la tarea (3 de 3)Virgilio López Azuán no hizo la tareaLeonardo Nin, en blanco y negroConocimiento de pausa y efectoLiteratura dominicana: nota para extranjerosSergio Ramírez, dentro y fuera de NicaraguaTreinta días fuera de FacebookSiglos de luces sin aplausos ni veniasEl enemigo no soy yoCésar Zapata, más allá de lo virtualCésar Zapata entre la poesía y el cuentoPedro Henríquez Ureña con ribetes de oroUna tarea para el Ministro de CulturaPiedra filosofal de letras dominicanasDe viaje con un "eslabón perdido"Reynaldo Disla, diálogo y apartePoetas de un eslabón perdidoEl éxito ferial de Eugenio FortunatoReflectores para Tomás Castro BurdiezEl legado del mago de MacondoLa minúscula Feria de Santo Domingo2 libras de cuentos de Rafael García RomeroQue suba el telón para VirnaVenias y aplausos para Mateo MorrisonTony Raful y el compromiso con las ideasLunes de la Poesía huele a caprichoEncuentro entre ruinas colonialesMiguel Angel Fornerín y el afán de canonUna libreta llamada FacebookDominicana y los lacayos del PoderDominicana y la cooperativa del PoderChapucería millonaria en CulturaNada haitiano me es ajenoHaití debe guardar corduraDominicana y la estrangulación de salariosLa consecuencia de opinar en mi paísDominicana en una encrucijadaRihanna y la dichosa cucaracha dominicanaCartas de presentación de Miguel ColladoAutores del desprecio y el olvidoSan Francisco de Macorís, otra realidadA salvo del olvido con obras reunidasAutogestión y responsabilidad literariaJosé Mármol, un poeta hereje reivindicadoR. Rodríguez Soriano con pasaporte literarioEl tristemente célebre Anthony WeinerLa inspiración errante aparece en CaliforniaLa marca de María Celeste ArrarásUn seminario: ¡Medios para todo!De paso por Librería Cuesta Adiós temprano al poeta del "esquizo"Carlos Alberto Montaner: Otra vez adiósProeza tuiter: una novela con cuentagotasHágalo rápido, pero primero hágalo bienLa economía portátil de Leonel FernándezUn desalojo anunciadoLa visita de los hombres blancosEnrique Eusebio, para la historiaMás allá de las tumbas, sin espectáculoApuntes para escritores dominicanosSicarios financieros en la islaUn diario para revivir a BorgesEl himno nacional de Miguel de CampsLibro súbito de José AcostaApócrifo de Judas IzcarioteLey de la ilusión en Ministerio de CulturaLos sueldos de León Félix Batista Los números de la Editora NacionalJosefina Báez, ¡Ay ombe!¿Qué tiene de malo?Derrotismo en Ministerio de CulturaEditora Nacional y supervivencia culturalLaboratorios de escritores dominicanosMarianela Medrano, sin máscara de oxígenoClaudio Hanley y la profanación de la muerte Viriato Sención en la eternidadTeodoro Grullón, al servicio de la VidaPanteón de héroes inútiles Un caimán envidiosoGallinero del libro dominicano en Nueva YorkDel best al bad seller: el libroMario Vargas Llosa, un Nobel explosivoGazapo en cuento de Jorge Luis BorgesCrisis de Alianza Dominicana huele a conspiraciónComplot y camisa de fuerza en Washington HeightsLluvia de piedras en Washington HeightsEfecto dominó en Washington HeightsEl conocimiento y las bestias
El tiempo
Prevision del Tiempo en Santo Domingo
Encuesta
Quien sera el candidato del PRM en el 2020?
Hipolito Mejia
Luis Abinader
David Collado
No se

Ver los resultados