Miercoles 24 de Mayo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

¡Ayiti Ankó! ¡Haití de nuevo!

Llueven las expresiones contra los dominicanos y su gobierno, no de xenófobos, sino de haitianófobos. Todo porque ¡Por fin! El Estado dominicano ejerció su constitucional derecho, a regularizar la situación de limbo jurídico en que se encuentran miles de indocumentados, no solo de haitianos, en nuestro país.

De ahora en adelante los indocumentados tendrán que ser asentados en el libro de extranjería, para que el Estado dominicano tenga, aunque sea mínimamente, un control sobre los extranjeros que viven en la República Dominicana y a su vez, estos tengan un punto desde donde comenzar a regularizar su estadía en nuestro país.

A partir de este momento, si se aplica la ley como debe ser, los explotadores que contratan trabajadores ilegales para no pagar prestaciones sociales, se expondrán a una multa o al cierre de sus operaciones. Por su parte, esos mismos trabajadores comenzaran a cotizar y a adquirir derechos laborales, servicios de salud para ellos, esposas e hijos y la esperanza de una pensión a la hora del retiro.

La situación en que se encuentran los obreros ilegales en nuestro país, principalmente los haitianos, por ser mayoría, es insostenible. Era impostergable buscarle una solución a este impase. Se acabó el estar contra la pared. Sujeto a decenas de acusaciones en cortes internacionales tildándonos de racistas, anti haitianos, esclavizadores y nuestro país haciendo de tripas corazón para ser solidario con ese pueblo que no sale de una desgracia.

Esta sentencia viene a poner las cosas en su lugar. A partir de ahora hay que jugar con las reglas de juego acordes con la Constitución Dominicana. Las cortes internacionales no están por encima de nuestra Constitución.

Los críticos de la sentencia del Tribunal Constitucional se han ido al extremo de enarbolar la bandera peñagomista. Esto no es cuestión de personalizar una ley. Aquí no hay nadie que lleve el taino apellido Caona o el Azteca Coalt ni el inca Capac. Los indígenas nuestros los exterminaron. No hay un quisqueyano puro.

En consecuencia, todos los dominicanos somos descendientes de extranjeros. La mayoría lo somos de españoles y negros africanos. Pero una gran cantidad de nuestros ancestros, etnia aparte, llegaron de las Antillas Menores, de Puerto Rico, Cuba, España y de lugares tan remotos como Israel, Siria, Palestina, Líbano, los llamados “Turcos”, pues entraron a nuestro país con pasaporte del imperio turco/otomano, antes de que se formaran sus respectivos países. Todos ellos, independientemente de cuál era su origen, se integraron al hábitat nacional formando una sub cultura de la cual nos sentimos sumamente orgullosos.

Cocolos, turcos, canarios, gallegos, judíos han contribuido a una gran mezcla de mulatos y remanentes de zambos y mestizos, surgiendo miles de combinaciones de apellidos de diferentes orígenes. Los únicos que nunca han querido integrarse plenamente, han sido los haitianos. La señora Sonia Pierre, quien se decía dominicana, nunca se cansó de acusar en foros internacionales, a nuestro país, su país, de cuantas barbaridades se le ocurría.

Nosotros vemos la promulgación de esta ley, no como una cacería de brujas sino como la oportunidad de poner orden en la casa. Lo único que cuestionamos de esta ley es que se soslaye la no retroactividad. Además, la inmensa mayoría de las personas nacidas o que hayan entrado al país en el 1929, han fallecido, por lo que esta parte de la ley es impráctica.

El siguiente paso deben darlo las autoridades haitianas y comenzar a documentar a sus nacionales. De esta manera la comunidad haitiana va a tener un documento que mostrar cuando soliciten regularizar su estadía en la República Dominicana. Igual como lo hicieron los cocolos, los chinos y los turcos.
Tan simple como eso.

Carlos McCoy Guzmán
Octubre/2013
carlosmccoy@ymail.com

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