Sábado 24 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

Autores del desprecio y el olvido

Alguien me había dicho que los escritores que residen en la capital dominicana miraban con desdén a los que viven en las provincias. Los primeros se sienten en “una gran metrópoli” y creen que los de provincias son eternos principiantes que no aportan nada y que por tener menos acceso a las novedades de la industria del libro, menos contactos políticos, menos lugares donde tertuliar y menos recursos asignados por el Ministerio de Cultura, no merecen una atención igualitaria.

Sin embargo, mi paso por el corazón de las provincias más importantes del país me ha demostrado que los escritores dominicanos que afanan en darse a conocer al nivel internacional, son unos perfectos desconocidos en su propia tierra. Aquí parece no haber una política de difusión nacional de los autores “consagrados”; muchos de los libros que llegan a las bibliotecas municipales son donados; la mayoría descansan en los estantes en pésimas condiciones por ser ediciones antiguas, cuando no deterioradas porque estuvieron alguna vez expuestas al agua y mucho sol.

He preguntado por todas partes si conocen a fulano o zutanejo, nombres que suenan y que parecen estar bien parados en Santo Domingo; y las respuestas son lamentables. Algunos nombres, muy pocos, suenan familiares, pero casi nadie conoce las obras de esos “titanes” de las letras nacionales. Hablo de los más “famosos en el país”. Mi intención no ha sido otra que descubrir el alcance de la literatura dominicana en esta media isla que ocupamos, en un país tan pequeño como el nuestro.

En medio de un panorama literario tan “tétrico” como el que me he encontrado en este periplo de reconocimiento del territorio intelectual dominicano, me pregunto ¿qué hacen la Editora Nacional y la Dirección General del Libro y la Lectura? Algunos escritores de provincias consideran que los recursos no son manejados de manera equitativa, y que el actual Ministro de Cultura no ha hecho los cambios necesarios para poner fin a muchas irregularidades que se dieron durante el gobierno de Leonel Fernández y que ocurren a espaldas de la administración pública. No hablo todavía en sentido económico.

Conversar con escritores de provincias me ha dejado también claro que existe un temor generalizado a los funcionarios del área literaria del Ministerio, porque en algunos casos estos han cometido “abusos intelectuales” y se han servido del chantaje político para hacer valer su “autoridad literaria”. Es una realidad inexplicable y penosa sobre una clase pensante cuyo trabajo debería ser el de aportar lo mejor de sí misma al desarrollo de la sociedad y no el de “apartar” a personas que pueden ser grandes colaboradores.

¿Cómo es posible, por ejemplo, que la publicación de un libro dependa de las relaciones que se tenga en un “círculo cuadrado” creado por los propios funcionarios, y no por la calidad de la obra? Y ¿cómo es posible que un autor gane un premio auspiciado por el Ministerio de Cultura y tenga que “echar la pelea” y esperar un año para que le paguen el importe económico del mismo?

Acá se habla de que al actual Ministro de Cultura, José Antonio Rodríguez, no le interesa la salud del libro dominicano, ni la suerte de los escritores; dicen que solo se enfoca en la música, área de la que es un profesional a carta cabal y una de sus grandes pasiones culturales. Una de las pruebas que puede avalar este argumento es el hecho de que los funcionarios del libro siguen siendo los mismos que dejó el ministro de cultura anterior, quien es poeta y ensayista, y un apasionado de la literatura.

Ahora que lo pienso, esto último parece un pacto político entre la Música y la Literatura: “Yo toco mi son, y tú brega con tus libros”. Si es así, no podremos leer ni escribir, porque tendremos música para rato; aunque en el fondo me gustaría pensar que estoy equivocado.

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