Miercoles 29 de Marzo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Luis R. Decamps R.

El dia que ¨mataron¨ a Lenin

El atentado del 30 de agosto de 1918.

En la tarde del 30 de agosto de 1918, Vladimir Ilich Ulianov (mejor conocido como Lenin), jefe de los bolcheviques y figura dominante de la naciente República Socialista Federativa Soviética de Rusia, (nidal de la posterior Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS), salía de una reunión en una fábrica de Moscú, donde había pronunciado un encendido discurso sobre la marcha de la revolución.

Lenin había llegado al lugar sin escolta, acompañado por su chofer, y luego de la disertación sostuvo una breve plática con los asistentes. Al concluir ésta, se encaminó a la salida del edificio fabril y, como era habitual, un pequeño grupo de obreros lo rodeó mientras caminaba hacia su coche. La algarabía y el entusiasmo impregnaban el ambiente.

Lenin estaba aún a varios pasos de su auto cuando una mujer de tez clara y mediana edad se le aproximó llamando su atención con palabras descompuestas y apartando violentamente a quienes encontraba en su camino. El líder soviético, fiel a su temperamento vehemente, se volvió para responder las imprecaciones, pero no tuvo tiempo: en ese momento la mujer levantó un arma de fuego y le disparó tres veces.

El primero de los disparos atravesó el abrigo de Lenin sin causarle daño, pero los dos siguientes impactaron en su cuerpo, uno en el hombro izquierdo y otro en el cuello, haciéndolo ladear hacia el pavimento. El sonido de los disparos provocó primero una ligera dispersión, acaso por la sorpresa, pero casi de inmediato varios obreros reaccionaron y ayudaron a Lenin a llegar a su coche, quien fue rápidamente alejado por su chofer del teatro de los acontecimientos.

El conductor intentó llevarlo inicialmente a un hospital, pero el líder revolucionario se negó enfáticamente a ello y, en cambio, le ordenó que lo trasladara al Kremlin: creía que otros enemigos podrían estar esperándolo en el centro de salud para terminar con su vida. Una vez en el Kremlin, Lenin sintió que le fallaban las fuerzas, y a duras penas pudo ascender al segundo piso, donde se desplomó.

Los colaboradores de Lenin llamaron con urgencia a varios de lo médicos más confiables de Moscú, quienes, luego de examinarlo, coincidieron en que la herida del cuello era "de pronóstico reservado", y que en general extraer las balas podía poner en mayores riesgos su vida. Por ello, decidieron curar las heridas, cerrarlas y aplicar el tratamiento medicamentoso que era de rigor en casos de esta naturaleza.

El atentado sacó a Lenin de sus habituales labores políticas y de Estado, pero a los diez días se reintegró a ellas. No obstante, varios reportes de prensa salieron hacia el exterior el día del atentado informando sobre la supuesta muerte del fundador del Estado soviético. Estos reportes apócrifos dieron origen a “papelazos” periodísticos en diversos puntos del planeta.

Un diario estadounidense, por ejemplo, informó el 2 de septiembre de 1924: “Falleció Nikolai Lenine (sic), premier bolchevique de Rusia, según información cablegráfica recibida de Petrogrado. No sobrevivió a las heridas que una joven revolucionaria le propinó el viernes pasado en Moscú”.

La mujer que disparó contra Lenin

La autora material del atentado fue apresada en el acto. Se trataba de Fanya Kaplan, y si descontamos las narraciones noveladas y las especulaciones historiográficas, de ella aún se conocen pocas cosas enteramente documentadas. Se sabe, empero, porque ella misma lo declaró, que era una antiquísima y convencida militante del Partido Socialista Revolucionario (PSR).

(El PSR era una agrupación política que se había fundado en 1901 bajo el liderazgo de Víctor Chernov. Su ideología era una mezcla de socialdemocracia, agrarismo y anarquismo, y su base social estaba fundamentalmente en el campesinado y en los sectores medios de la población rusa. Era una organización de amplia base, bien orquestada internamente y con inclinaciones a la “acción directa”).

Kaplan fue encarcelada, aislada e interrogada intensamente por la Checa (policía secreta del gobierno soviético), y confesó abiertamente: desde el principio, su postura fue firme, tajante, impertérrita y desafiante, y no sólo no negó haber disparado contra Lenin sino que lo intentó justificar con argumentos de carácter político e ideológico.

Kaplan ya tenía experiencia en la “acción directa”, pues en 1906 había participado en un atentado contra un funcionario del gobierno zarista y fue condenada de por vida a un campo de trabajo forzado en Siberia, donde estaría confinada durante once años hasta que el gobierno provisional establecido por la revolución de febrero de 1917 le otorgó la libertad. A consecuencia de los trabajos que hubo de realizar en prisión, sufría de continuas migrañas y ceguera intermitente.

Al producirse la “Revolución de Octubre,” y como resultado de los graves conflictos que se produjeron entre los socialistas revolucionarios y los bolcheviques (éstos les había arrebatado el gobierno a aquellos tras una el golpe de Estado insurreccional contra la administración de Alexander Kérenski), Kaplan, como la mayoría de los militantes del PSR, terminaría odiando a Lenin. El PSR veía a éste como su verdugo tras la desaparición del régimen aristocrático ruso, y en sus publicaciones lo comparaba con el depuesto zar.

Ha de recordarse, en el mismo sentido, que en las posteriores elecciones para la Asamblea Constituyente de noviembre de 1917 (las primeras de era revolucionaria proletaria) los bolcheviques fueron derrotados (el PSR obtuvo el 40 por ciento de los votos, contra un 25 por ciento de los leninistas), y un socialista revolucionario fue elegido presidente en enero de 1918. Sin embargo, los bolcheviques, con el apoyo de los soviets de obreros y militares, desconocieron el resultado de las elecciones, dieron un nuevo golpe de Estado y disolvieron la Asamblea Constituyente.

De ahí en adelante, como era de esperarse, se recrudecieron los enfrentamientos entre socialistas revolucionarios y bolcheviques, y éstos últimos, en momentos en que el país crujía de inestabilidad, decidieron coartar las libertades, aplicar la censura de prensa y llevar a la ilegalidad a todos los partidos, con la lógica excepción del gubernamental. Obviamente, estos hechos debieron influir poderosamente en la decisión de Kaplan de asesinar a Lenin.

Kaplan sólo habló para asumir la responsabilidad del atentado (resistió amenzas, vejaciones y torturas, y se mantuvo en total silencio), y el gobierno, persuadido de que no le sacaría más informaciones sobre el hecho, ordenó su ejecución sumaria, que se llevó a efecto el 3 de septiembre de 1918, con instrucciones de que sus restos se destruyeran para no dejar rastro alguno de ellos. Este tipo de conducta luego sería era habitual en la administración soviética de la época.

La verdadera muerte de Lenin

Naturalmente, la salud de Lenin se resintió luego del atentado y, aunque últimamente se ha especulado que su muerte pudo deberse a otras dolencias, la versión más socorrida es la de que las heridas sufridas en el susodicho atentado fueron factores desencadenantes de los sucesos cardiocerebrales que finalmente le arrebataron la vida.

No obstante, hay que consignar que antes del atentado la salud de Lenin debió estar condicionada por las privaciones de la cárcel y el exilio, así como por el estrés provocado por el intenso trabajo intelectual, la lucha política y, posteriormente, las tareas gubernativas de la revolución y la guerra contra los que se habían levantado en armas contra el naciente Estado soviético.

En el invierno de 1921, Lenin sufría de insomnio y era atormentado por constantes dolores de cabeza, lo que en principio se atribuyó a la bala que tenía alojada en el cuello. Por eso, en el congreso de marzo de 1922 el líder soviético abandonó formalmente sus responsabilidades partidistas fundamentales, y José Stalin fue elegido secretario general de la organización.

En abril de 1922, Lenin fue intervenido quirúrgicamente para extraerle los dos proyectiles que estaban en su cuerpo desde el atentado, y aunque su recuperación fue rápida y esperanzadora, varias semanas después sufrió un infarto cerebral que lo dejó por un tiempo inhabilitado para hablar y mover la parte derecha del cuerpo. En junio su condición mejoró, y esto le permitió dirigir el proceso oficial de formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

En el mes de diciembre, empero, Lenin sufrió un segundo infarto que lo alejó definitivamente de la política práctica, aunque todavía pudo dictar varias cartas y documentos breves, entre ellos su llamado “testamento” (sólo conocido públicamente -tras la muerte de Stalin- en el XX Congreso del PCUS de febrero de 1956), en el que expresa sus preocupaciones ante la lucha por el poder entre Trotsky y Stalin en el seno del partido.

En marzo de 1923, Lenin sufrió un tercer infarto, y quedó postrado en la cama sin posibilidad alguna de hablar.

En esas condiciones permaneció aproximadamente diez meses, bajo los cuidados de su esposa y varias enfermeras, y el 21 de enero de 1924 una hemorragia cerebral acabó finalmente con su existencia. Había vivido apenas 54 años.

Luego de la muerte de Lenin circularon rumores de que sufría de sífilis, pero la versión oficial sobre su muerte es que fue producida por arterioesclerosis (debido a un intenso trabajo intelectual) e infarto cerebral (el cuarto que le había afectado), aunque de los 27 médicos que le trataron sólo 8 firmaron las conclusiones de la autopsia. Esta circunstancia motivó que surgieran varias teorías sobre su deceso.

Los documentos desclasificados luego del derrumbe de la URSS (cotejados con las memorias de los médicos que trataron a Lenin) parecen indicar que el líder soviético contrajo sífilis en 1896, y el primer informe patológico que se levantó sobre su cadáver revela la existencia de daños orgánicos previos que eran típicos de esa dolencia, aunque en la segunda publicación del informe ninguno de los órganos, arterias principales o áreas del cerebro usualmente afectadas por la sífilis eran citados. Por otra parte, está documentado que en 1923 Lenin fue tratado alternativamente con arsénico y yoduro de potasio, sustancias usadas entonces para tratar esa enfermedad.

Hay que enfatizar, sin embargo, que aunque existe la posibilidad de que el fundador del Estado soviético tuviera sífilis (adquirida de una prostituta en París en 1902, según la historiadora inglesa Helen Rappaport), él no tenía las lesiones visibles propias de la parte final de la enfermedad, además de que ello no sería nada extraño: esa era una afección frecuente en la población europea de la época.

De todos modos, los más conocidos historiadores que han abordado el tema están contestes en que la causa más probable de la muerte de Lenin fue un infarto cerebral producido por las secuelas de la bala alojada en su cuello desde el atentado contra su vida ejecutado por Fanya Kaplan en la tarde del 30 de agosto de 1918.

(*) El autor es abogado y profesor universitario. Reside en Santo Domingo
lrdecampsr@hotmail.com

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