Sábado 27 de Mayo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Luis R. Decamps R.

De Leonel a Danilo: Breve historia de la cosmética política

El autor de estas líneas fue objeto hace algunos días de una solemne reconvención por parte de un entrañable amigo peledeísta (no llegó a boche, por suerte) debido a que alegadamente desde este espacio de opinión se trata a la presente administración con “injustificada acidez” y, repitiendo sus palabras, “no se le saca el guante de la cara al presidente Danilo Medina a pesar de que éste hace un esfuerzo serio por desarrollar una buena gestión gubernamental”.

Obviamente, lo primero que quien escribe hubo de aclarar al amigo de referencia (respondiendo con buena cara y mejor humor) es que actualmente no sufre de ninguna “agrura” estomacal ni ha sido nunca practicante de boxeo, y que, por otra parte, sus puntos de vista sobre política nacional jamás han estado determinados por estados de ánimo o prejuicios personales (que los tiene, como todo ser humano) sino por una búqueda incesante de la verdad: nacen y se expresan alrededor de los hechos que observa cotidianamente en el país.

En otra palabras, no es cuestión de “acidez” ni de inclinaciones pugilísticas sino de realidad: el licenciado Medina ya cumple un año como incumbente del Poder Ejecutivo, y aunque en estos momentos disfruta de una auténtica “luna de miel” con la sociedad dominicana, la efectividad de su gestión todavía es más una promesa que un hecho tangible y, peor, aún desde el gobierno seguimos escuchando, como si estuviésemos en campaña electoral, constantes declaraciones de intenciones, ofertas de soluciones y planes a futuro. Esto no es un invento: lo vemos en la prensa cotidianamente.

(Esa “luna de miel”, por supuesto, tiene muchas explicaciones, entre las cuales vale la pena mencionar las que siguen: a despecho de que tienen los mismos orígenes, el del licenciado Medina es un gobierno “light” si se le compara con el avasallador, monumentalista y abradadabrante del doctor Leonel Fernández; en el país no hay oposición política, pues el PRD sigue “cocinándose a fuego alto” en su propio aceite; la base clientelar creada por la pasada administración ha sido dejada intacta por la actual; y ante la falta de opciones, la población no incorporada al tinglado de los privilegios gubernamentales -sobre todo la compuesta por los distintos estamentos de la clase media- parece estar resignada a darle un voto de paciencia al Presidente y esperar para ver si definitivamente “prende”).

Ciertamente, el gobierno del licenciado Medina aparece en los estudios de opinión gozando de un considerable apoyo popular (además de que es favorecido por las opiniones serviles o indulgentes de prosélitos y adversarios políticos en los medios de comunicación), y sin embargo tras casi doce meses de existencia su fecundidad en términos históricos está en tela de juicio: no puede exhibir ningún logro importante y concreto (o iniciativa inédita y creativa) en lo concerniente al combate contra los grandes problemas nacionales, ni ha marcado diferencias sustanciales de fondo con respecto a la gestión de su hoy cuestionado antecesor... Esta es la verdad monda y lironda, gústele a usted o no.

(Que conste una vez más: no se evalúan aquí el carácter o la personalidad del gobernante -que sin dudas traducen rasgos personales que muchas veces signan las administraciones públicas-, pues resulta más que obvio que entre el licenciado Medina y el doctor Leonel Fernández media una abismo a este respecto, aparte de sus casi contradictorias inclinaciones académicas y culturales. De lo que estamos hablando es de las grandes acciones gubernamentales, de la puesta en marcha de las grandilocuentes promesas electorales, de la cristalización de las supremas medidas programáticas enarboladas en la campaña, de “hacer lo que nunca se ha hecho” en las estructuras políticas, económicas y culturales de la nación).

Ahora bien, es fuerza insistir en que tales consideraciones no constituyen en aboluto un acto de “acidez” del suscrito, y la mejor demostración es que, sin desearlo y procurando exhibir exactamente lo contrario, un reconocido comunicador que se ha caracterizado por ser uno de los más ardorosos defensores del licenciado Medina, al hacer una evaluación de la gestión gubernamental en marcha a través de su columna periodística, ha terminado coincidiendo con la mayoría de los juicios críticos que el autor de estas glosas ha emitido acerca de la misma.

Prueba al canto: el conspicuo comunicador, después de haber tenido la cachaza de proclamar que el licenciado Medina “ha superado las expectativas de la población frente a su gobierno”, con todo desparpajo ha escrito lo que sigue: “... lo más trascendente de este primer año es precisamente que se ha instaurado una forma diferente de ejercer el poder, una manera más sencilla y humilde, más cerca de la gente y de sus problemas, un estilo presidencial solidario y humano”. Es decir: “lo más trascendente” hasta ahora ha sido el cambio de “estilo” respecto de su predecesor, pero el actual inquilino del Palacio Nacional “ha superado las expectativas” que la sociedad se creó con su administración. ¡Menuda lógica! Esa misma cantaleta la hemos escuchado en el país cada vez que hay un gobierno nuevo, desde Antonio Guzmán hasta Hipólito Mejía, y los dominicanos seguimos padeciendo los mismos problemas (algunos más agravados) que teníamos en 1978.

Naturalmente, no conforme con ese contraproducente galimatías y sin miedo a hacer el ridículo, el citado defensor del gobierno más adelante pasa a enumerar los “grandes logros” de la administración del licenciado Medina: “...dar el 4% a la educación, haber logrado renegociar el contrato de la Barrick Gold, desarrollar un plan de alfabetización que ya ha alfabetizado ya ha incluído (sic) a más de 300 mil dominicanos, apoyar con más de 10 mil millones a las pymes y con prestamos (sic) solidarios a más de 30 mil personas, haber relanzado el campo y el sector agropecuario dandole (sic) un apoyo de más de 16 mil millones de pesos, haber democratizado la construcciones gubernamentales y haber impulsado cientos de obras importantes para las comunidades sin descuidar las grandes obras prioritarias...” Esto es: los “grandes logros” son programas (algunos apenas en marcha, otros cuestionados y los más que no se sabe aún cómo concluirán), no realizaciones tangibles, y por eso se usan los verbos “dar”, “desarrollar” y “apoyar”, y las expresiones “haber relanzado”, “haber democratizado” y “haber impulsado”. ¿Qué les parece?

Pero hay más todavía: el mismo áulico peledeísta hace una síntesis magistral de la “acción gubernamental” hasta el día de hoy: “...la grandeza de este primer año de gobierno de Danilo está en los pequeños detalles de un gobernante que dice mucho sin hablar. Un presidente que en vez de estar descansando los fines de semana en su casa con su familia, prefiere visitar cada sábado y cada domingo alguna comunidad lejana del país para llevar ayuda económica a un sector necesitado, para estimular a los sectores marginados de los pueblos a que se eduquen y se alfabeticen, que comparte con ellos con sencillez y humildad, comiendose (sic) un locrio de tilapia o un moro de guandules, saltando un charco para llegar a la zona de los pobres o llamando por teléfono a un ingeniero que estaba atrasado en la construcciòn de una escuela que debe estar lista para el inicio del año escolar”. El “estilo” del presidente Medina es loable, a no dudar, pero ¿alguien en su sano juicio puede estar de acuerdo en que las andanzas sabatinas, los brinquitos dominicales, los boches a ingenieros y la degustación de locrios de tilapias y moros de guandules son manifestaciones de la “grandeza” de un estadista? No juegues, Magino.

(Por otro lado, una cosa verdaderamente curiosa es que el comunicador que escribió los párrafos que se han transcrito se pasó los ocho años de la administración del doctor Fernández asumiendo la defensa de sus ejecutorias desde un popular programa matutino de radio, y no hay evidencias de que fuera crítico del “estilo” personal o de gobernar de éste, hasta el punto de que a contrapelo de que al licenciado Medina lo aplastaron en 2007 en las primarias del PLD con el poder del Estado, el aludido se constituyó en defensor intransigente de la reelección de aquel en 2008. O sea: no parece que estuviese tan a disgusto con su “estilo”).

Es un caso único, de veras, y hay que recalcarlo: una parte de nuestra sociedad se desboca, admira y solaza aplaudiendo un “estilo” diferente de gobernar (saltos y boches incluidos, como ya se ha visto) pese a que, luego de doce meses de haberse instalado en el poder, el actual equipo gobernante tiene las manos vacías de realizaciones y ejercita diariamente el arte del birlibirloque tanto con sus promesas de campaña como con las carencias, fallas y necesidades troncales de la nación dominicana: presupuesto deficitario, desempleo, exceso de impuestos, inseguridad, corrupción, impunidad, apagones, insalubridad, educación ineficiente, caos vial, combustibles a precios de robo, servicio exterior supernumerario, etcétera, etcétera.

Se puede argumentar lo que se quiera desde los despachos palaciegos o desde los órganos de prensa financiados con dinero del erario, pero la verdad es una sola: si se hace excepción del “estilo” (a uno le gustaba gobernar desde la poltrona de los césares y al otro parece gustarle el contacto personal con la gente), hasta este momento entre el gobierno del doctor Fernández y el del licenciado Medina no hay ninguna diferencia. Es más: a juzgar por la dimensión de la “reforma fiscal” que nos impuso (46 mil millones de los bolsillos del contribuyente, para cubrir parte del déficit que le dejó el incumbente previo ¡de su mismo partido!) y la forma en que está endeudando al Estado (15.5% desde diciembre pasado, según sus propias cifras), sin mucho esfuerzo el gobierno actual podría superar al anterior en materia de voracidad fiscalista y exceso en el gasto público.

Es evidente, valga la insistencia, que los dos líderes peledeístas tienen personalidades distintas (acaso debido a sus discrepancias de orígenes, formaciones e inclinaciones existenciales e individuales), pero esto no dede confundirse con lo otro... Ellos son diferentes, pero hasta prueba en contrario no sus gobiernos, pues no sólo comparten directrices políticas del mismo partido sino que tienen casi los mismos funcionarios y, hasta el día de hoy, cojean del mismo pie: ninguna solución a la vista de los grandes problemas nacionales... Uno es el “relevo” del otro, aunque no se sabe a ciencia cierta cuál es la meta y qué presea se disputa.

De manera, pues, que lo que hasta el momento se percibe es que al fin y al cabo todo podría ser cuestión de cosmética, si bien de aquella que no se evapora ni se “corre”: el mismo perfume en otro frasco y los mismos actores con maquillajes distintos... Pero, claro, si el licenciado Medina está realmente interesado en hacer un gobierno diferente (lo que francamente no es probable, porque involucraría entrar en contradicción con el espiritu corporativo del PLD) todavía tiene tiempo para ello: ojalá y decida guardar un rato el “librito” de Balaguer (glosado y aplicado con delectación de artista por el doctor Fernández) y desempolvar por lo menos la cubierta del de Bosch.

(*) El autor es abogado y profesor universitario.
lrdecampsr@hotmail.com

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