Domingo 25 de Junio del 2017
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José Carvajal

El tristemente célebre Anthony Weiner

El candidato a la Alcaldía de Nueva York, el demócrata Anthony Weiner, habla más de lo que debe. Y se ve a leguas que no tiene buena asesoría para enfrentar el avispero de periodistas que se le acerca durante esta campaña para cuestionarlo acerca de su archiconocida costumbre de comunicarse con mujeres jóvenes por medio de mensajes cibernéticos de contenido erótico, en los que a veces incluye fotos que para el común no serían tan escandalosas como lo han sido en la carrera de este político de 48 años.

El último estallido ha sido la renuncia del jefe de campaña de Weiner. Para Danny Kadem, que tiene 31 años, la presión parece haber sido demasiado, y con su partida en medio de la contienda demostró que el saco le quedó grande, además de incapacidad para lidiar con el asedio de los medios en torno al “cuestionable” comportamiento de Weiner. Probablemente no era un buen aliado y lo mejor que pudo ocurrirle a Weiner fue que se marchara de su lado.

Lo paradójico es que todo este escándalo ocurra en una ciudad como Nueva York, donde el erotismo y el sexo son parte de la vida cotidiana; tanto así que hasta cuenta con hoteles especializados en servicios de escondites para los que son infieles a sus parejas. También estamos hablando del escenario de “Sex and the City”, una de las series de televisión más famosas del mundo, precisamente por su contenido erótico.

De modo que en esta época tan liberal y no menos libertina en secreto, el pecado de Weiner no es capital, aunque esté casado y haya confesado su falta ante la sociedad. El escándalo lo persigue como un fantasma desde que se vio obligado a renunciar en 2011 a su escaño de congresista por Nueva York, que ganó en siete ocasiones por voto popular, y se ha reavivado en el presente después que declaró públicamente que había más mensajes de texto y más fotos “subidas de tono” que podían llenarle de espinas el camino a la Alcaldía. En otras palabras, el mismo Weiner lanzó la dinamita en vez de esperar y estar debidamente preparado para enfrentar la situación en caso que fuera necesario.

Pero el mayor fracaso de Weiner como político no son sus mensajes de texto, sino su arrogancia y la manera de tratar a los medios de comunicación y sus potenciales adversarios. Tiene un temperamento agresivo que él confunde con derecho civil, rectitud y perseverancia, y tiende a enfrentar las preguntas incómodas a la defensiva y sin una pizca de cuidado, lo que sin duda le resta mucho a su imagen pública.

Una buena asesoría hubiera evitado muchos dolores de cabeza a Weiner, que aspiró por primera vez a la Alcaldía de Nueva York en 2005. Hace tiempo que su equipo de prensa debió haber elaborado la mayor cantidad de preguntas incómodas posible, incluyendo las más tontas, o las más agresivas que son casi siempre las de activistas del bando contrario. Pero parece que Weiner no ha hecho su tarea de ensayar las respuestas antes de salir a la calle. Es parte del trabajo que debe realizar el equipo de prensa de la campaña electoral.

En fin, si no corrige estos entuertos que lo han convertido en un payaso de la política neoyorquina, Weiner no llegará a la Alcaldía y solo será recordado como el político que enviaba mensajes electrónicos a “mujeres virtuales” que tal vez no conoce ni llegará a conocer nunca. O en el mejor de los casos pasará a la historia con el alias de Carlos Danger, pseudónimo que supuestamente adoptó para su comunicación cibernética "secreta" y como ahora lo llaman algunos medios de comunicación que se burlan de él.

Por cierto, es posible que al querer limpiar su nombre Danny Kadem también haya enterrado su futuro como jefe de otras campañas. Al menos yo no confiaría en él.

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