Jueves 30 de Marzo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

Haití nos alecciona

Por décadas, los industriales, grandes comerciantes y terratenientes dominicanos, se acostumbraron a tener un mercado insular cautivo, malcriado por un paternalismo estatal, una mano de obra abundante y sumamente barata, importada del país más pobre de nuestro hemisferio.

Si a esto le agregamos, que uno de nuestros mayores mercado de exportación es precisamente Haití, donde hasta ahora, no había ningún tipo de trabas en cuanto a la calidad de nuestros productos, no había porqué preocuparse de ir mejorando nuestra producción adaptándola a los nuevos tiempos.

Hoy, la economía global es casi de total libre comercio. Se han hecho acuerdos comerciales entre pequeños y grandes países (CARICOM, NAFTA), entre regiones (CAN, MERCOSUR) y hasta de países del tercer mundo con grandes potencias, (RD-CAFTA).

Las consecuencias de estos tratados comerciales no se han hecho esperar. Se han abierto las puertas arancelarias de muchos productos, que anteriormente, no podían ser importados debido a sus altas tarifas aduanales y al proteccionismo.

En la actualidad la competencia, para acceder a nuevos mercados, tiene como principal componente, calidad y precios.

Hasta que nosotros no mejoremos esos dos renglones de nuestra producción, seguiremos enfrentando problemas de comercialización. Una muestra de lo que decimos la tuvimos hace unos meses atrás.

Un estudio presentado por el Instituto de Protección de los Derecho del Consumidor (ProConsumidor), determinó que el 97% de los salamis de una muestra de 258 unidades tenían bajos niveles de carne, alto contenido de nitrito de sodio y la presencia de coliformes fecales.

¿Solución? Pidieron freír en brea a la titular de esa dependencia gubernamental y lejos de mejorar la calidad, empujaron hasta que lograron que se le permitiera bajar los estándares establecidos por la Dirección General de Normas y Sistemas, DIGENOR. Inmediatamente, el país con menos estándares de calidad del hemisferio, prohibió la entrada de productos cárnicos de origen dominicano a su nación.

A esa prohibición siguieron los pollos, los huevos y últimamente los plásticos. Pero esto no va a parar ahí.

En un futuro no muy lejano, veremos la prohibición de otros productos dominicanos por parte del gobierno haitiano, alegando falta de calidad. El cemento está en la línea. Con el agravante de que no podremos ir a la Unión Europea ni a la Organización Mundial de Comercio a quejarnos porque Haití no nos compra productos de baja calidad.

En el mediano plazo, los pollos serán una de las pocas cosas que les pondremos vender, debido a la poca o casi nula capacidad del pueblo haitiano para conservar productos congelados, viéndose en la necesidad de comprar pollos vivos para conservar en jaulas aquellos que no se puedan vender el mismo día.

Esto, hasta que ellos tengan las estructuras para criar sus propios pollos, ya que es imposible para un país insular importar pollos vivos.

Nuestros industriales y productores agropecuarios, tienen que olvidarse de bajar sus costos solo utilizando mano de obra barata no calificada. Están en la obligación, si quieren competir internacionalmente, en mejorar la calidad aunque sea a costa de sacrificar un poco sus extravagantes ganancias.

Esto se logra con mejores insumos, trabajadores entrenados, líneas de producción más ágiles y la industrialización de nuestros productos agrícolas.

Debemos aceptar nuestras debilidades, tratar de erradicarlas o por lo menos mejorarlas y dejar de estar buscando culpables.

Otros países similares a nosotros lo han hecho. No es algo del otro mundo.

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