Lunes 26 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

De paso por Librería Cuesta

Librería Cuesta sigue apostando por la lectura convencional. Se ha convertido en una parada obligada de lectores y no tan lectores que visitan Santo Domingo. Por allí también pasan tertulianos asiduos, compradores compulsivos de novedades, y observadores extranjeros.

Hace unos días la hice de observador extranjero. Viajé a Santo Domingo por razones familiares y no pude resistir la tentación de hospedarme en un hotelillo cercano para llegar caminando a la librería, a cualquier hora.

Cuesta es una de las arterias del quehacer cultural del país, y un nido de poetas e intelectuales que merodean por allí como sabuesos detrás de las tertulias y presentaciones de libros, o que pernoctan para hojear y ojear novedades que los altos precios no permiten llevar a casa. Pues para el poder adquisitivo de muchos, los libros son extremadamente caros porque la mayoría de estos son importados; traducciones de autores europeos y de norteamericanos de habla inglesa y francesa. Sin embargo, muchos precios igualan los de Estados Unidos al cambio de dólar-peso, y en algunos casos son menores y en otros exagerados.

La importancia de visitar Librería Cuesta es que allí hay de todo en español. Muchas traducciones, muchos autores europeos y canadienses que en Estados Unidos sólo aparecen en inglés; de modo que me entregué al divino placer de la compra, por supuesto siendo más selectivo que compulsivo.

De todo lo que vi me arrebató de manera especial la edición definitiva, en español, de “El hombre sin atributos” de Robert Musil; lo mismo que los dos volúmenes de su “Diarios” y “Diarios, notas y apéndices”. Nunca antes había yo pagado con tanta satisfacción, porque las ediciones anteriores de “El hombre sin atributos” se consideraban incompletas por ser una obra rescatada y publicada póstumamente, ya que la muerte sorprendió a Musil en pleno afán de su esmerada composición monumental.

En mi papel de observador noté además que los autores dominicanos comienzan a tener un lugar entre los bestsellers extranjeros, y eso se debe a la activa presencia del sello Alfaguara en el país. Vi el rescate que hace dicha editorial de “Sólo cenizas hallarás”, novela con la que Pedro Vergés ganó en España el Premio de la Crítica (de narrativa castellana) y el Premio Internacional Blasco Ibáñez, ambos en los años ochenta; y la reedición de obras de Marcio Veloz Maggiolo, Andrés L. Mateo y otros autores. Me dio mucho gusto ver entre los más vendidos “Solo de flauta”, el libro de género inclasificable de René Rodríguez Soriano.

Todo lo anterior demuestra que poco a poco se les ha ido abriendo un espacio profesional a los autores locales, lo cual no deja de ser una conquista que debería extenderse a España y otros países de América Latina.

Además de libros en Cuesta también vi de manera silenciosa a Pedro Peix, el celebrado autor que desde hace unos años vive automarginado. De Peix es inconfundible su abundante cabellera que en la juventud llevó negra y saludablemente brillosa, y hoy, aunque mantiene su volumen casi intacto, me pareció un algodón gigantesco que se aferra al cuero cabelludo de su ingenioso dueño. Otro que vi y saludé brevemente fue a Miguel De Camps, editor y productor de uno de los libros más coloridos y hermosos sobre el himno dominicano. Y por último me topé con el teórico César Zapata, que esta vez, para fortuna de mi agenda y de las pocas horas que estuve en el país, ni me reconoció cuando nos encontramos cara a cara entre los “islotes” de libros en exhibición a la entrada de la librería.

En fin, una vuelta por Librería Cuesta es un “spa cultural” que vale la pena experimentar; para darnos cuenta de cuánto hemos avanzado en materia literaria y de cuánto sucumbimos virtualmente con el paso de los años. Lo demás, que sea ficción.

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