Miercoles 28 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Manuel Morales Lama

Desafíos en la política exterior

Manuel Morales Lama
La política exterior, por su propia naturaleza, tiene que ser coherente y su formulación debe estar alineada con los intereses permanentes del Estado. A través de la política exterior se expresan, promueven y defienden los intereses de la nación. Por tal razón esta política debe fundamentarse en principios compartidos por todos los nacionales del país, e igualmente, debe comprometer todos los poderes del Estado (A. Moreno Charme).

En ese contexto la política exterior requiere ser estructurada técnicamente en función del proyecto nacional de desarrollo, precisando los objetivos, identificando áreas geográficas y países prioritarios, y definiendo, de igual modo, los lineamientos estratégicos para cada tema.

Siendo la política exterior una actividad continua por parte de un gobierno para modificar situaciones que están fuera de su competencia directa, su aplicación se manifiesta por una serie de decisiones que, generalmente, se ejecutan hoy en el marco de relaciones y canales diplomáticos (J. Duroselle). Al respecto cabe puntualizar que una diplomacia inteligente, bien compenetrada con los intereses nacionales y manejada profesionalmente, significa asegurar la mejor inserción posible del país en el nuevo orden mundial (C. De Icaza).

Resulta fundamental para este ejercicio identificar con precisión, por medio de consistentes análisis y periódicas evaluaciones, el rol que debe desempeñar el país dentro de la comunidad de naciones en su conjunto y en los grupos regionales en particular, así como ante los organismos internacionales.

Como base para ello es necesario obtener, a través de esos estudios, un diagnóstico sobre la actual realidad nacional, los elementos positivos con que cuenta el país, así como aquéllos que deben ser superados para impulsar el desarrollo, inclusive tales estudios deben precisar el nivel de competitividad de la producción exportadora del país, a fin de que puedan tomarse las providencias correspondientes (G. Ruales). Es claro que esta labor debe apoyarse en la debida interacción y coordinación entre las entidades gubernamentales y de la sociedad civil y sectores productivos, según las respectivas incumbencias.

Cabe insistir, que sólo conforme a consistentes criterios técnicos, en función de los intereses fundamentales de la nación, y en conocimiento pleno del entorno nacional e internacional, es como se establecen con el debido fundamento las líneas de acción de la política exterior, en lo concerniente a las relaciones bilaterales, con cada uno de los Estados de la Comunidad Internacional.

La misma regla aplica en las relaciones multilaterales. Resulta imprescindible para los intereses y la adecuada proyección de la nación la activa y bien sustentada participación del país en los diversos foros e instancias de carácter multilateral. Asimismo se tendrá presente para los fines correspondientes la presencia en el escenario internacional de actores no estatales.

Dada la multiplicidad de las organizaciones que participan en la diplomacia multilateral y la complejidad técnica de los temas que en ellas se tratan, éstos deben recibir el requerido manejo profesional de parte de los mecanismos internos de seguimiento, que estarán muy atentos en lo concerniente a los compromisos que el país asume, tanto para su debido cumplimiento, como también para el óptimo aprovechamiento de las oportunidades de cooperación técnica internacional, entre otros beneficios. Particularmente, en lo relativo a las nuevas opciones y prioridades para la concertación de tratados, éstos deben realizarse conforme a la respectiva planificación técnica.

Recuérdese, como referencia práctica, que de acuerdo a la legislación interna de cada país, corresponde al Jefe de Estado (o de Gobierno) la formulación y dirección de la política exterior, con el respectivo auxilio de su Ministro de Relaciones Exteriores.

Téngase en cuenta, sostiene J. Ponce Leiva, que la continuidad en la política exterior de un país no sólo lo convierte en un socio confiable para la comunidad internacional, sino que permite alcanzar los objetivos que se plantea, muchos de los cuales requieren una acción más prolongada que la duración de un gobierno. La única manera de lograr que dicha política perdure es que refleje las aspiraciones del conjunto de la sociedad. Por ello la elaboración de la misma debe realizarse de modo participativo y democrático. Consecuentemente, resulta un desafío imperativo la institucionalización del diálogo y la consulta con los sectores sociales para la adecuada elaboración de la política exterior.

Cabe recordar, finalmente, que la política exterior es en la actualidad una expresión de la compleja organización que opera en el interior de cada Estado: los propósitos y calidad de sus dirigentes, el nivel de desarrollo de su economía, la estabilidad social con que cuenta y la superación y aspiraciones de sus ciudadanos. Asimismo, conforme a los requerimientos actuales, esa política debe tener entre sus objetivos prioritarios profundizar y perfeccionar la presencia de la nación en los mercados internacionales, teniendo presente la responsabilidad de contribuir a fortalecer la sociedad de oportunidades, los valores y la imagen y prestigio de la nación.

El autor es embajador de carrera
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