Martes 23 de Mayo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Manuel Morales Lama

Las legaciones en la diplomacia de hoy

Manuel Morales Lama
Las últimas décadas han sido testigos de modificaciones muy significativas en las relaciones internacionales, en las cuales los vínculos entre las naciones han adquirido una relevancia sin precedentes y en ellas los asuntos económicos y comerciales, y también la cooperación, han ido adquiriendo, firmemente, una importancia de primer orden.

En ese marco tan fundamental y complejo no resulta ocioso insistir, sin embargo, en que en el ejercicio de las responsabilidades que asumen los ejecutores de la política exterior, debe prestarse la atención debida al uso apropiado de la terminología usual en las comunicaciones (orales y escritas) en este campo.



No sin razón, el uso descuidado o inapropiado de dicha terminología, podría cuestionar los debidos conocimientos del expositor, en aspectos sustantivos y conceptuales en esta materia. Más aún, ello puede incidir en la imagen y prestigio de la nación, en el caso de tratarse de un representante de un Estado y ello ser advertido críticamente por observadores externos.



En el orden práctico, por la frecuencia con que tiene lugar, aunque reconociendo que hay ejemplos aún más graves y cuestionables, nos referiremos al uso del término legación incorrectamente utilizado como sinónimo de embajada.



Téngase en cuenta que, las legaciones como misión diplomáticas, fueron históricamente muy importantes, a tal nivel que era el nombre genérico de toda misión diplomática hasta antes de 1945, pero “el término ha quedado prácticamente relegado a ser la denominación común a toda misión de rango inferior a la embajada” (E. Vilariño).



Recuérdese que hasta la víspera de la Segunda Guerra Mundial el número de legaciones era entonces muy superior al de las embajadas, a pesar de ser una modalidad de misión diplomática de rango inferior a las embajadas. Sin embargo, a partir de 1945 la tendencia se invirtió radicalmente, de forma tal, que “casi todas las legaciones fueron elevadas al rango de embajadas y muy pocos países establecieron nuevas legaciones”.

Puede colegirse que la legación es hoy una clase de misión prácticamente extinguida, pero teóricamente su figura sigue existiendo como jurídicamente posible, de conformidad con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. “El uso del término legación como sinónimo de embajada es por tanto incorrecto” (Martínez Lage/Martínez Morcelo).

Al frente de una legación no se encuentra un embajador, sino un jefe de misión denominado ministro (plenipotenciario o residente), o también un enviado extraordinario y ministro plenipotenciario. Asimismo, la Diplomacia Pontificia denomina a este jefe de misión internuncio y a la misión equivalente a la legación internunciatura.

Hoy el ministro plenipotenciario no es un jefe de misión de segunda clase, sino una categoría dentro de la carrera diplomática de algunos países, inmediatamente inferior a la de embajador y superior a la de consejero de embajada y a su vez se suelen dividir en diferentes clases (de primera, de segunda, entre otras).

Como referencia histórica debe recordarse que hasta la Segunda Guerra Mundial las grandes potencias establecían diferencia en el nivel de relaciones con otros estados. “En los países que eufemísticamente se denominaban potencias con intereses limitados, sólo se acreditaban legaciones”. Por muchos años Gran Bretaña consideraba entre éstas a la mayoría de las Cortes Europeas, a excepción de Bizancio, Francia y Rusia. Asimismo, Estados Unidos sólo a partir de 1893 fue considerado fuera de esa categoría (O. Vizcarra).

Conviene señalar que aunque el derecho de enviar y recibir misiones diplomáticas, que asiste a los estados y a otros sujetos de Derecho Internacional, se estableció originalmente como Derecho de Legación, la tendencia actual es a referirse al mismo como Derecho de Misión (o Derecho de Representación Diplomática). Este derecho, que es considerado una consecuencia de su personalidad jurídica internacional, sólo puede ejercerse con el asentimiento formal del otro Estado, u organismo internacional, con el que se desea establecer relaciones diplomáticas.

Debe resaltarse que probablemente siguiendo lo consignado en Constituciones anteriores, la actual Carta Magna de la República Dominicana (2010) en su artículo 18 dice “son dominicanas y dominicanos: "las personas nacidas en territorio nacional, con excepción de los hijos e hijas de extranjeros miembros de legaciones diplomáticas"; se puede entender que se está usando el término legación como sinónimo de embajada. No obstante, desde el punto de vista del Derecho Diplomático esos términos no son sinónimos, tal como se ha explicado precedentemente.

Otro caso semejante en la misma Constitución, tiene lugar con el término Cuerpo Diplomático, y había sido tratado por el autor en el artículo “A Propósito del Cuerpo Diplomático”, publicado en este diario, el 17 de septiembre de 2010.

Finalmente, por su vinculación con este trabajo, merece recordarse a Borges cuando señala: Para cada cosa en este intrincado mundo preexiste una palabra justa, “le mot juste” y el deber ineludible del escritor (o expositor) es acertar con ella.

El autor es Premio Nacional de Didáctica y embajador de carrera
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