Martes 23 de Mayo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Manuel Morales Lama

Acreditación múltiple en nexos diplomáticos

Manuel Morales Lama
En la dinámica actual de las relaciones internacionales, el instrumento privilegiado de la política exterior es la diplomacia. Por tal razón el hecho de fortalecer y profesionalizar su ejercicio, no es solamente una cuestión de sentido común, sino un tema de interés nacional. En el inicio del “tercer milenio, una diplomacia inteligente y bien compenetrada con los intereses nacionales, significa asegurar la mejor inserción posible del país en el nuevo orden mundial” (C. De Icaza).

En ese marco, los principios, normas, procedimientos e instituciones que ha ido creando la diplomacia, a través de su persistente ejercicio profesional “requieren se les conozca adecuadamente para que resulten útiles y cada uno de los Estados puedan obtener los objetivos que persigue su política exterior” (B. Ruiz S.).

En ese sentido, de conformidad con el nivel de los vínculos establecidos entre las diversas “unidades diferenciadas” y el status de los actores internacionales que interactúan en estos procedimientos, se han establecido gradaciones, que van desde la denominada paradiplomacia (actividad internacional de gobiernos no centrales), continuando con la protodiplomacia (gestiones en el extranjero de un gobierno no central y que ofrece un mensaje, en determinada forma separatista), hasta llegar a las relaciones diplomáticas plenas.

Conviene recordar que el establecimiento de relaciones diplomáticas (plenas), es un atributo de soberanía de los Estados, y se efectúa por consentimiento mutuo, partiendo del interés recíproco y fundamentándose en el Principio de la Igualdad Jurídica de los Estados. Previo al establecimiento de relaciones de ese carácter, los países deben haberse reconocido mutuamente y estar dotados de la correspondiente personalidad jurídica internacional y del derecho a la autodeterminación que le confiere su soberanía.

El establecimiento de relaciones diplomáticas supone el intercambio de misiones diplomáticas permanentes. Sin embargo, no lo determina necesariamente, puesto que el Derecho de Misión, tradicionalmente conocido como Derecho de Legación, es facultativo en este sentido. En estos casos habrá que tener en cuenta la conveniencia de ese intercambio, básicamente en los órdenes económico, político, jurídico pero también cultural, científico y tecnológico. Incide en la decisión el Principio de la Reciprocidad.

La iniciativa para el establecimiento de relaciones diplomáticas suele partir de aquel Estado que tiene mayor interés en ellas. Antes de la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) solía enviarse una “delegación ad hoc” para el inicio de esas gestiones. Hoy, en cambio, el medio considerado más conveniente y frecuentemente utilizado para esos fines, es el contacto que establecen los representantes de ambos países en la ONU, donde evidentemente, todos los Estados que apropiadamente forman parte de la denominada Comunidad Internacional, cuentan con misiones residentes.

Si bien los Estados suelen intercambiar embajadas, su representación ante los organismos internacionales tiene lugar a través de delegaciones o misiones permanentes. Una alternativa al envío de la misión diplomática permanente es el establecimiento de nexos que se acuerdan entre Estados a través de un jefe de misión concurrente, generalmente, con el rango de embajador.

Este es un jefe de misión que por razones especiales está acreditado ante dos o más Estados en la misma región, lo cual se denomina, en el marco del Derecho Diplomático, acreditación múltiple pasiva o plural (también llamadas simultánea o doble), y tiene su sede en aquél considerado idóneo para sus intereses por el país acreditante (Estado receptor principal.

Debe recordarse que existen países que pueden negarse a recibir embajadores concurrentes, y que hay otros que se oponen expresamente a acreditarlos cuando éstos tienen su sede en determinados países que ellos consideran inconvenientes “por razones que no tienen la obligación de explicar”. Este tipo de relación bilateral mantenida mediante embajadores concurrentes es muy limitada, y sólo se justifica entre países cuyos intercambios exceden las posibilidades materiales que demandan las misiones residentes.

Es oportuno recordar que, a diferencia de la acreditación múltiple pasiva, se ha establecido la llamada acreditación múltiple activa o común, de uso “infrecuente” en la diplomacia bilateral, mediante la cual, en situaciones muy particulares, dos o más Estados podrían acreditar a la misma persona ante un tercer Estado, salvo que el Estado receptor se oponga a ello.

Sin embargo, en el ámbito de las conferencias diplomáticas y de las organizaciones internacionales la acreditación múltiple activa tiene más fácil y frecuente aplicación y de hecho en determinadas circunstancias se acude a ella, sobre todo en conferencias diplomáticas, como hacen, por ejemplo, los Estados nórdicos o integrantes del BENELUX (E. Vilariño).

Por último, conviene resaltar que las relaciones diplomáticas actualmente constituyen un esencial vínculo de amistad, “con fines pacifistas” que facilita las negociaciones, en los diversos ámbitos, y el fomento de la cooperación.

Asimismo, conforme a requerimientos contemporáneos, resultan fundamentales para la promoción del comercio y las exportaciones y para la canalización de la inversión extranjera hacia el país.
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