Sí los legisladores que aprobaron el contrato de la Barrick Gold hubieran pensado en el interés de la patria hoy no tuviéramos el conflicto con dicha empresa motivado por la búsqueda de beneficios para el pueblo dominicano con la explotación de la mina de oro de Pueblo Viejo, Cotuí.
Ahora que la nación mira hacia el contrato de marras, es justo que se dirija la mirada al expresidente Leonel Fernández quien lo envió al Congreso Nacional y éste se revistió del espíritu de Guacaganarix al aprobarlo.
La nación quedó estupefacta el 27 de febrero pasado cuando muchos de los legisladores que aprobaron dicho contrato aplaudieron al Presidente al anunciar su decisión de reclamar “una mayor justicia distributiva de los beneficios generados por la explotación de los recursos no renovables” y solicitar revisar el contrato con la Barrick Gold en momentos en que los precios del oro se sitúan entre 1600 y 1900 dólares la onza.
Con dramatismo el mandatario explicó que la parte ancha del embudo corresponde a la empresa minera y lo estrecho a los dominicanos cuando explicó que si no se modifica el contrato de cada 100 dólares de ingresos por la exportación del oro la Barrick recibirá 97 dólares y el pueblo dominicano tres.” ¡Eso es sencillamente inaceptable!”, exclamó el mandatario.
Aunque el Presidente obró bien al escuchar la petición de la nación en reclamo de revisión del contrato con la empresa minera fue conciliador con el Congreso Nacional y con los que se colocaron al margen del interés de la República al aprobar dicho contrato.
Muchos dominicanos esperábamos que el mandatario criticara la decisión de ese Congreso de aprobar un contrato lesivo al interés nacional y sentara un precedente para el futuro en un país en que está latente el Complejo de Guacaganarix.
¿Qué poderoso Don ordenó a los legisladores peledeistas, perredeistas y reformistas aprobar este esperpento? ¿Qué incidió para que ni siquiera la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo advirtiera un contrato dañino contra la nación?.
Como dijo José Martí en “El Banquete de tiranos” a los “que no llevan del decoro humano ornado el sano pecho, los menores y los segundones de la vida, sólo a su goce ruin y medro atentos y no al concierto universal” que aprobaron el contrato sin leerlo, movido por el interés particular, merecen es ser clavados en el horcón más alto del camino.