Sábado 24 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Carlos McCoy

Caos en el Metro de Santo Domingo

Visitamos la primera etapa de la segunda línea del Metro de Santo Domingo y quedamos verdaderamente impresionados. Aun sin estar totalmente terminada, las instalaciones se ven espectaculares.

No somos ingenieros estructurales, ni geólogos, ni ingenieros de suelos, geotécnicos, ni nada por el estilo. Por lo que no estamos dando opiniones profesionales, pues no queremos entablar una discusión con ningún dios egipcio de la resurrección.

Tampoco manejamos las variantes de costos, presupuestos, auditorias y demás, pues lo más lejos que llegamos en esta área fue a tenedor de libros. Cuando estudiar esa materia, junto con archivo, mecanografía y taquigrafía, estaban de moda en nuestra juventud.

En este caso la ignorancia es nuestro escudero.

En consecuencia, no estamos diciendo que estructuralmente esté bien hecho ni que los costos sean los adecuados. Estamos expresando la opinión de un ciudadano común y silvestre. De un potencial usuario del Metro de Santo Domingo.
Casi todo lo que vimos nos gustó. Accesibilidad, orden, limpieza, alumbrado adecuado, frecuencia de los trenes, seguridad, etc. Pero, en la segunda línea volvieron a cometer el mismo pecado de la primera. Los nombres de las estaciones no son los adecuados.

La confusión entre los pasajeros fue la orden del día. Al llegar a las diferentes paradas las peguntas no se hacían esperar: ¿Esta es la Defilló? No, ya la Defillo la pasaste. Tenias que bajarte en la Francisco Gregorio Billini. Esta es la Freddy B. Goico (Que tampoco sabemos por qué obviaron el primer apellido Beras)

Nosotros nos preguntamos, ¿No hubiera sido más fácil y le da más agilidad al sistema si le hubieran puesto a las estaciones del metro, los nombres de las calles o avenidas circundantes?

¿Cual fue el criterio utilizado para no ponerle José Núñez de Cáceres a la estación situada en esa avenida y en cambio ponerle Pedro F. Bonó?

Nosotros, los de mayor edad, escuchamos a nuestros padres hablar de Eduardo Brito y muchos hemos escuchado sus bellas canciones, pero, ¿Qué primó en las mentes de los que nombraron las estaciones para negarle a Francisco del Rosario Sánchez recibir el póstumo honor de nombrar una estación del tren que está ubicada en la avenida que lleva su nombre a favor de Eleuterio Brito?

La estación de la Avenida Duarte, al lado del Liceo Juan Pablo Duarte, en la Línea dos del Metro, se llama “Ramón Cáceres” Sin embargo la Estación Juan Pablo Duarte está en la intersección de Las Avenidas Máximo Gómez y John F. Kennedy.

La estación “Gregorio Luperón” queda en Buena Vista de la Línea No. 1 mientras que en la Av. Gregorio Luperón, en la línea No. 2, esa estación la nombraron María Montez. ¿No es esto ilógico? ¿No sería más sensato nombrar la Estación Gregorio Luperón a la que está situada precisamente en esa avenida?

Donde le pusieron la tapa al pomo fue en la estación “Los Tainos”.

Anacaona, Princesa taina esposa de Caonabo y hermana de Bohechío, Cacique de Jaragua, fue ahorcada por el Gobernador Nicolás de Ovando y esta estación está ubicada en la calle que honra el nombre de su asesino.

A nuestro entender, solamente en dos estaciones, de todo el sistema, primó la lógica. Pedro Livio Cedeño y Peña Batlle. Cuando usted sale de cada una de esas estaciones, usted está en las calles que llevan los nombres de ese héroe nacional y del historiador. Debieron continuar con ese criterio.

Hay dos alternativas de solución. Cambiar los nombres o que los dueños de los lugares públicos situados en la periferia de las estaciones del tren, en combinación con la OPRET y las Alcaldías, contribuyan con informarles a los pasajeros, exactamente donde están, pues en el subsuelo es muy difícil ubicarse.

En la estación Pedro Mir, por ejemplo, debajo del nombre de nuestro poeta nacional, podrían poner un letrero que diga así:

Avenidas Abraham Lincoln / John F. Kennedy
Ágora Mall Dirección General de Aduanas Ikea Americana Departamentos Santo Domingo Motors.

¡Eso es claridad!

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