Jueves 22 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Luis R. Decamps R.

¡Ay, qué miedo!: El don me quiere botar del PRD

Un ex regidor, ex diputado, ex vocero legislativo perredeísta, ex presidente de la cámara diputados, ex candidato a síndico, ex jefe de campaña de Miguel Vargas y ex director político del comando proselitista de Hipólito Mejía, de cuyo nombre no quiero acordarme ahora, me quiere botar del PRD.

La razón de ello es una sola: el don no está de acuerdo con lo que escribí en mi artículo del lunes pasado (intitulado “La socialdemocracia dominicana: verdades y mentiras”), y como parece que no tiene tiempo para responderme por escrito, que es como yo he formulado mis ideas, ha optado por tratar de descalificarme sacándome apócrifamente del PRD (porque deseo no es realidad, y menos en política) con una relampagueante llamada telefónica a “El gobierno de la tarde”.

En efecto, según lo que afirmó en el popular programa radial el don de referencia (que aparentemente lleva más la cuenta de mi militancia política que yo mismo), estoy “fuera del PRD desde 1986”, y por consiguiente (la deducción es lógica, aunque siga siendo sólo aspiración), carezco de autoridad “militante” para sostener los juicios críticos que he emitido sobre los deprimentes vaivenes ideológicos de esa entidad.

Ante todo, y por lo que se refiere a la fecha de mi supuesta salida del PRD, debo decir que la verdad es una de dos posibles: o yo no estaba enterado de lo que el don asegura o él miente descaradamente, y aunque en estos momentos (debido al paso inevitable de los años) mi memoria no es tan de fiar como antes, puedo asegurar que se trata simplemente de lo segundo. Es decir: el don es un embustero.

Por supuesto, teniendo como telón de fondo la crisis actual del PRD, las menudas aseveraciones del don también me arrancan otra consideración preliminar: es de veras muy penoso y cuesta arriba que este ilustrísimo y reverendísimo “líder popular” se dedique a perder el tiempo atacando a sus compañeros de partido (o a quienes han sido sus simpatizantes o votantes) y no a los enemigos del PRD. Compadre: no sea majadero y déjeles ese papel tan desatinado y lastimero a los adversarios.

Desde luego, estoy absolutamente seguro de que en realidad el don no ha leído el artículo que dio origen a su malhadada reacción, y no sólo porque a él no se le conoce afición alguna por la lectura (dicho sin mala fe ninguna, pues la elección de los apegos existenciales es soberana) sino también porque yo no he señalado nada nuevo ni he descubierto el helado en palito: lo expuesto en las glosas en mención lo saben los perredeístas de aquí, allá, acullá y allende los mares. Sólo el don, pese a su alta nombradía, parece que no se ha enterado.

Naturalmente, entiendo perfectamente la posición del ex regidor, ex diputado, ex vocero legislativo perredeísta, ex presidente de la cámara diputados, ex candidato a síndico, ex jefe de campaña de Miguel Vargas y ex director político del comando proselitista de Hipólito Mejía: no puede ser otra porque él es parte de una dirigencia de “bajos vuelos” que es en gran medida responsable de lo que se dice en el escrito en alusión, y que, por añadidura, ha conducido al PRD a seis derrotas electorales consecutivas (lo que, por cierto, si no es un record, cuando menos es excelente average, aunque sea a favor de los contrarios).

Y no exagero, amigos míos: como el don ha estado en todos los grupos del PRD (menos los ideológicos, claro está, pues esto no ha sido ni es lo suyo), cada vez que éste ha sido derrotado en unas elecciones él ha tenido la increíble fortuna de ser parte de la alta conducción de la campaña. Y como en la política dominicana el desparpajo y la desvergüenza se dan silvestres y abundan como la “hierba pangola” en el Cibao, contrariamente a los usos de los dirigentes derrotados en todas las latitudes civilizadas, nunca ha renunciado.

(Por lo demás, eso es ciertamente ser afortunado, muy afortunado, porque aunque algunos creen que todos en el país nos chupamos el dedo gordo del pie izquierdo, muchos sabemos, dentro y fuera del PRD, por qué hay gente que se empeña siempre en ser parte de la alta burocracia de las campañas electorales, aún renegando con apelaciones de “institucionalismo” de sus inmediatamente anteriores adhesiones: las “gracias” que se obtienen no son nada desdeñables. Fouché lo decía de una manera -“siempre hay que estar con los vencedores, nunca con los vencidos”-, pero entre nosotros se dice de otra: “¡A la teta de la vaca no se renuncia, carajo!”.

Por otra parte, y ya en lo atinente al tema central de mi artículo, debo recordar con todo el respeto que me merece el don, que precisamente su perfil dirigencial es lo contrario de lo que debe ser un socialdemócrata. Ciertamente, y ruego que se me disculpe si la franqueza ofende, el hecho de que gente como el don ocupe posturas de principalía dirigencial en el PRD es, en más de un sentido, lo que ha impedido que esa portentosa falange social dominicana sea un partido socialdemócrata. Pero la verdad sea dicha en su favor: en definitiva puede que ni siquiera sea su culpa, pues se trata de gente que, sin la menor duda, no conoce otra forma de hacer política que no sea con base en el clientelismo. Eso de ideología y de programas es, seguramente, vaina de teóricos y de pendejos.

Y ya que estamos en semejante punto, talvez no sea ocioso rememorar que un socialdemócrata no está en política para hacer fortuna, para pagar adhesiones con el dinero público, o para lograr metas personales, sea en forma de cargos internos o de puestos en el Estado. Para los que lo han olvidado, lo repetiré una vez más: un socialdemócrata es quien participa en política con el objeto de hacer esfuerzos teóricos y prácticos a los fines de que se edifique una sociedad justa, libre y solidaria. Por ejemplo, si es regidor debe trabajar para su municipalidad y proponer resoluciones que favorezcan la solución de los problemas de ésta, y si es diputado presentar proyectos de leyes a favor de los intereses de sus representados. El don, como se sabe, tiene un largo muestrario de sus aportes como concejal y como legislador: el único problema es que nadie lo conoce. ¡Pendejo, como siempre, a su pendejada!

Obviamente, y lo digo con toda sinceridad aunque a algunos le parezca un poco cínico, soy el primero en lamentar que ese no sea el caso del don, quien es tan buen líder, tan buen dirigente, tan buen perredeísta y tan buen ciudadano de la democracia que quiere, como sugiero en mi artículo, que todos votemos por el PRD “por gravedad”, es decir, sin mirar ni pensar ni opinar, sencillamente porque él y sus pares tiene rostros agraciados, están uncidos por la divinidad de sus esclarecidos orígenes barriales o son los “papaupas” de esta “matica” de nación en la que se puede ser candidato derrotado en mil ocasiones y mantener la cara dura como una piel de elefante y la sonrisa en ristre como un payaso de circo.

En realidad, si nos atenemos a lo acontecido, lo que mejor demuestra que no me falta la razón en cuanto he dicho en el artículo que no le gustó al don es justamente que él no pudo desmentir nada de lo que afirmé, y tomó el sesgo perverso y poco perspicaz de atacar en el plano personal y tratar de descalificarme cuestionando mi militancia en el PRD. En todo caso, y asumiendo que las patrañas del don se convirtieran en verdad martillando a Goebbels, que yo pertenezca o no al PRD no es el tema (¿a qué persona seria e intuitiva le importa la militancia política a la hora de evaluar las ideas de alguien?): el asunto es definir si el PRD es realmente un partido socialdemócrata o no. A eso me he referido en el artículo, no a quién es o no es del PRD.

Y es que, a diferencia del ex regidor, ex diputado, ex vocero legislativo perredeísta, ex presidente de la cámara diputados, ex candidato a síndico, ex jefe de campaña de Miguel Vargas y ex director político del comando proselitista de Hipólito Mejía, no dispongo de un par de “antenitas de vinil” para detectar militancias políticas ni un “perredeómetro” para calibrar el grado de perredeismo de nadie. Y que conste: nunca aspiraré a atesorar ninguno de esos instrumentales porque, por ventura, no tengo alma de chivato ni mi cabeza es una vellonera.

Finalmente, y para alimentar la base de datos del “monitor” de perredeismo del don, recordaré que me inscribí en el PRD (Zona “F”, comité de base F-4) en el año de 1974, cuando sólo contaba con 14 años, y que a lo largo del decenio de los setenta fui dirigente estudiantil y juvenil de esa entidad política. Todo el que tiene algún tiempo en el PRD (o no ha perdido la memoria) sabe que fui presidente a nivel nacional de la JRD desde 1984 hasta 1989, y que en enero de 1990 acompañé al licenciado Jacobo Majluta en la fundación del PRI, militando en este partido hasta 1994 cuando, debido a mi oposición a la línea de alianzas que se había impuesto en este último partido, retorné después de las elecciones de ese año al PRD de manos de la licenciada Betzaida Santana de Baéz (Manola), quien tuvo la deferencia de llevarme a conversar para tales fines con el doctor Peña Gómez.

Desde entonces he estado nuevamente vinculado al PRD, y cuando el doctor Peña Gómez designó al doctor Guido Gómez Mazara director de la revista “El Jacho”, órgano teórico del PRD, tuve el honor de ser incorporado por éste a su consejo de redacción. Más aún: en los últimos 17 años he escrito más de 300 artículos defendiendo al PRD, he participado en múltiples actividades a las que se me ha invitado, he votado en todas sus convenciones y en las elecciones he sufragado por sus candidatos nacionales, legislativos o municipales, incluyendo (parece que para mala fortuna mía, pues mi voto no le interesa) por el don… Pero, según éste, no soy perredeísta (¡aleluya, aleluya, aleluya!) y pide públicamente que diga “a qué organismo yo pertenezco” para él determinar si puedo opinar o no sobre lo que acontece en el PRD.

Sin petulancia pero tampoco sin falsa modestia, le responderé al don que aunque no sabía que el PRD era un partido de “organismos” (pensaba que eso era cosa del PLD), he sido miembro de todos sus órganos de dirección, desde un Comité de Base hasta la Comisión Política, y que en los frentes juveniles (cuando en el perredeismo los puestos no se ganaban distribuyendo dinero sino con demostraciones de honestidad, abnegación y capacidad) ocupé siempre posiciones de liderazgo. Ahora bien, si lo que quiere el don es que diga si actualmente pertenezco a la cúpula dirigencial del PRD, debo responder que no, y la razón es una sola: porque me he negado a ser parte de organismos supernumerarios e infuncionales. Y al margen de si estoy o no enlistado en algún organismo (asunto que le dejo de tarea al don para que ejerza sus dotes de colega de Sherlock Holmes), le recuerdo que en la democracia lo que importa es estar investido con la majestad del ciudadano (esto es, tener derecho a elegir y ser elegido) y en los partidos lo que debe interesar es estar el padrón (es decir, lo mismo). En este sentido, mi mayor satisfacción es que pertenezco al más grande y más representativo de los organismos del PRD, que es su base, porque hasta que no renuncie o me saquen estoy en su padrón.

(También le reitero al don que si alberga dudas de mi militancia en el PRD, no estaría de más que cuestionara al tenor, para sólo citar algunos nombres, a Hipólito Mejía, Miguel Vargas, Luis Abinader, Guido Gómez, José Ovalle, Tonty Rutinel, Darío de Jesús, Alejandro Abreu, Alberto Tavarez, Tomás Hernández, Luis José Chávez, Henry Sarraf, Neney Cabrera, Alejandro Abreu, Henry Blanco, Leo Adames, Ángel de la Cruz, Juan Pablo Uribe, Osvaldo Ramírez o Adolfo Serrata. Talvez les haga caso a ellos, ya que a mí no me cree en absoluto pese a que he proclamado mi perredeismo a viva voz y no estoy inscrito en ningún otro partido, a menos, claro está, que él mismo, haciendo uso de sus habilidades de censor y preboste, me inscriba sin que yo me entere).

Como colofón, debo insistir en que el don le hace un flaco servicio a la causa del PRD enfilando los cañones contra sus votantes y no contra sus adversarios, y lamento profundamente que él, irrespetando la trayectoria libertaria y pluralista de esa organización, me quiera sacar de ella para evitar tener que discutir el fondo de mi artículo. ¡Cosas veredes, Sancho!

(Es obvio que en el PRD hay gente lo suficientemente tonta como para actuar bajo la creencia de que las elecciones se ganan con descalificaciones y no con votos, lo suficientemente engreída y vanidosa como para ver a todo los demás mortales desde arriba y con la nariz política parada, y lo suficientemente idiota como para no olvidar que las diferencias entre “jacobianos” y salvadoristas” quedó en el pasado hace más de veinticinco años, o sea, aún antes del sentido fallecimiento de los grandes líderes cuyos nombres, ideas y actos evocaban y alimentaban aquellas discrepancias tan absurdas como pasajeras).

Para desventura del don y suerte mía, empero, él todavía no tiene autoridad para botarme (y menos ahora, cuando el tiro electoral le salió doblemente por la culata), y aunque algún día talvez la tenga (porque de todo hay en la viña de la política vernácula), de todas maneras le notifico que estoy convencido de que me queda mucho por pensar y escribir sobre el PRD, y lo haré desde dentro o desde fuera, sin miedo y con la verticalidad que heredé de mis padres, cibaeños de pura cepa que se establecieron en el Ensanche La Fe, al ladito de Cristo Rey, mucho antes de él fuera regidor, diputado, vocero legislativo perredeísta, presidente de la cámara diputados, candidato a síndico, jefe de campaña de Miguel Vargas y director político del comando proselitista de Hipólito Mejía.

(*) El autor es abogado y profesor universitario. Reside en Santo Domingo.
lrdecampsr@hotmail.com

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