Sábado 29 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

El himno nacional de Miguel de Camps

¿Qué se puede hacer con un libro como “Para comprender mejor el Himno Nacional Dominicano”, de Miguel de Camps Jiménez?

El ejemplar que tengo a mano me lo envió hace un año Elizabeth Balaguer, que vive en Nueva York. Y desde entonces tuve pendiente escribir un artículo acerca de esta obra de alta calidad de impresión, a todo color y en papel satinado; un total de 135 páginas en un tamaño muy cómodo, parecido al de una guía turística.

Pero una ojeada no sería suficiente para apreciar este formidable trabajo de diseño gráfico que se realizó para esta hermosa obra de tema puramente cívico, pues en la misma De Camps no sólo intenta presentarnos la mejor interpretación del Himno Nacional, sino también la historia del Himno, y lo hace de una manera pulcra, didáctica y dirigida a todos los dominicanos.

También, por estas páginas transitan los personajes históricos y sus afanes de la época gloriosa en que se elaboró este grandioso canto de libertad y esperanza perennes que debe sus letras a la inspiración patriótica del poeta Emilio Prud’homme, y la música al maestro José Reyes.

En su introducción De Camps explica que el Himno fue escrito en 1883, cuando el maestro José Reyes pidió a un grupo de poetas que escribieran versos que glorificaran la patria.


“Al otro día, uno de ellos, Emilio Prud’homme, de veintisiete años de edad, le presentó a Reyes su proyecto de himno”, escribe De Camps, aclarando de inmediato que pese a la urgencia que debió sentir Prud’homme para terminar su composición, no fue sino hasta mediados del decenio de los treinta, en plena dictadura de Trujillo, que la misma fue reconocida formalmente como el himno de la patria.

Antes de esa fecha, la República Dominicana contaba con dos himnos, el ya mencionado y otro con letras de Josefa A. Perdomo y música de José M. Arredondo.

“A pesar de que el himno de Reyes y Prud’homme fue aprobado por el Congreso Nacional como Himno Nacional Dominicano, el presidente Lilís no lo promulgó y el mismo quedó reservado para ser interpretado el 27 de febrero y el 16 de agosto de cada año con motivo de La Independencia y de La Restauración de la República, respectivamente”, dice De Camps en la introducción.

Pero la historia del himno es una cosa y el trabajo que ha hecho De Camps es otra. Este editor, que a partir de ahora estará ligado a nuestros emblemas nacionales, y que conoció a fondo cómo funciona la industria del libro de España, donde trabajó en un importante sello editorial, será el responsable de una renovada interpretación del himno dominicano.

En las páginas de su libro De Camps desmonta cada estrofa para explicarla en el contexto de la historia, y se lanza a la difícil tarea de aclarar mitos y anécdotas para darle un nuevo orden de difusión a una serie de documentos cuyos originales reposan en el Archivo General de la Nación.

Asimismo, De Camps reúne los errores más comunes que se cometen al entonar el Himno, revisa el vocablo de este excelente canto nacional y nos recuerda el comportamiento que debemos mostrar al escuchar sus notas.

Creo que en este trabajo ha jugado un papel importante la pasión de De Camps por la Historia y por su país, además del deseo de contribuir a la patria en momentos en que nadie parece pensar en ella como la base más firme de nuestra simbología.

¿Qué se puede hacer con un libro como “Para comprender mejor el Himno Nacional Dominicano”? Pues atesorarlo y difundirlo entre parientes, amigos, en escuelas, en comunidades del interior del país y donde quiera que viva un dominicano. De modo que no hay nada que objetarle a una obra como esta, absolutamente nada.

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