Sábado 29 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

Claudio Hanley y la profanación de la muerte

A Claudio Hanley lo vi pocas veces. Coincidimos en algunos actos y una vez nos reunimos en un restaurante de Miami para explorar la posibilidad de que escribiera artículos para un portal de internet de temas de salud donde me tocó hacer una “pasantía” laboral. Pero no se concretó nada entre Hanley y aquella empresa de vida efímera que había surgido como parte de la burbuja de los puntocom, y que por supuesto desapareció como muchas otras.

De modo que puedo decir que Hanley y yo nos conocimos, pero no éramos amigos. Sin embargo, cuando leí en los diarios la noticia de su muerte, me impactó de una manera especial, porque además de un colega había fallecido alguien que yo conocía y con quien tuve alguna vez la oportunidad de conversar temas diversos.

Saber que lo habían encontrado a los tres días de fallecido en su apartamento fue todavía más impresionante. Hanley tenía sesenta años y vivía solo; nadie sabe ni sabrá nunca cuáles fueron sus últimos esfuerzos para evitar la muerte. Lo que sí parece es que la muerte lo sorprendió, porque estaba vestido para salir o acababa de llegar de la calle.

En fin. He leído todas las crónicas de diarios “de aquí y de allá” acerca de la muerte de Hanley. Y cada nota luctuosa iba ilustrada con su foto y destacaba todo lo bueno que aportó a la comunidad dominicana de Miami. Tenía mucha gente que le quería y le admiraba.

La empresaria y amiga Yunis Segura dice que “Claudio Hanley fue un periodista dominicano que escribía sobre dos temas que le apasionaban: la Política y los Deportes”, y que “en los últimos tiempos estuvo muy preocupado por la salud de sus padres y se sentía feliz de haber compartido la Navidad con ellos en familia”.

Es el tono de las opiniones acerca de Hanley. La comunidad se unió en el dolor de la pérdida de uno de sus miembros más activos, además de un hombre que, de acuerdo con la misma Yunis Segura, “tuvo su propia forma de pensar, creer y actuar, estuviéramos o no de acuerdo. El era así feliz y auténtico, y creo que todo el mundo que lo conoció respetó su forma. Su capacidad periodística fue una de las mejores y en sus temas siempre estuvo bien documentado para informar y debatir”.

Sin duda quedará el vacío, pero creo que la comunidad se excedió en el velatorio de Hanley al convertir su funeral en un espectáculo social. Lo que se hizo en la funeraria Rivero Caballero, en la calle ocho de Miami, debió esperar para un homenaje póstumo, pero parece que muchos no quisieron desaprovechar la oportunidad y en su afán de acaparar la atención terminaron profanando la muerte.

Este párrafo que copio a continuación parece la crónica de un burdo espectáculo de Hollywood: “Representantes de los sectores más prominentes de la sociedad dominicana, entre ellos, decenas de periodistas dominicanos y extranjeros, así como representantes de los sectores políticos y una gran parte del cuerpo diplomático, encabezado por el Cónsul General Manuel Felipe Almánzar, los presidentes de las seccionales de la ACD, CDP y ACROARTE, acompañaron durante largas horas a los familiares del destacado comunicador, como una verdadera ‘muestra de aprecio por la labor periodística y comunitaria de muchos años de Claudio’”.

ACD, CDP y ACROARTE son las siglas de Asociación de Cronistas Deportivos, Colegio Dominicano de Periodistas, y Asociación de Cronistas de Arte, respectivamente.

En el funeral también hubo hasta sesiones de fotos y entrega ceremoniosa de un modesto “cuadro-mural” a los familiares de Hanley, una “semblanza fotográfica del periodista, como grato recuerdo para sus familiares”.

Que en paz descanse Claudio Hanley; mi sentido pésame a su familia.

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