Sábado 29 de Abril del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

Un caimán envidioso

Hay elogios que no sabemos en qué lugar colocarlos. Por suerte los escritores contamos con ese “muralito” que los técnicos del libro llaman solapa. Allí publicamos la nota biográfica que da a los lectores una idea de quiénes somos y qué hemos hecho para merecer una obra en el mercado; es nuestra carta de presentación.

En un próximo libro creo que tendría resuelto parte del dolorcito de cabeza que me da el redactar algo sobre mí mismo, gracias a ese "predilecto" poeta y activista cultural Jorge Piña, que se ha tomado gentilmente la molestia de describirme a su manera.

Dice Piña: “José Carvajal. Un guerrillero urbano literario brutal. Que odia su cultura y condición. Que arremete contra todo lo que es dominicano. Que odia haber vivido en Washington Heights. Que atropella a su propia clase intelectual. Sin razón ni por qué. Un caimán canibalista. Quien se muere de envidia”.

Nunca antes nadie me había dicho tantas sandeces juntas. Es más, después de leer esas palabras de Piña he llamado a mi médico de cabecera para reclamarle el porqué no me había diagnosticado ninguno de esos males, y me respondió que no era necesario; que es mentira que alguien se muera de envidia.

Lo de “caimán canibalista” me parece hasta gracioso. Acá en la Florida hay muchos caimanes; son una atracción turística en un terreno pantanoso protegido como parte de la flora y fauna del estado. De vez en cuando me voy de paseo a mirar de lejos los caimanes, pues si uno se acerca demasiado se corre el riesgo de un ataque letal.

Quizá es el momento para decir que las palabras de Piña no salieron de la nada. Es su respuesta a mi opinión de que me parecía ridículo que la Feria del Libro Dominicano en Nueva York se la dedicaran a él en 2010, y ahora en 2011 a Franklin Gutiérrez.

En ambas dedicatorias prevaleció el activismo cultural al servicio del oficialismo, el cual organiza la Feria desde el Comisionado Dominicano de Cultura creado hace unos años por el propio Franklin Gutiérrez, con el apoyo del gobierno.

Desconozco si la intención de Piña era herirme con sus palabras. La verdad no lo creería capaz de herir a nadie; ni siquiera cuando dice que soy “una figura rara. Una especie en extinción. Un caimán. Un animal que en tiempos de sequía se come a su propia especie”.

Si es cierto que soy una “especie en extinción”, entonces merezco que me cuiden, que me protejan como a los caimanes de la Florida, por la salud ambiental de la cultura de la diáspora dominicana. Es una responsabilidad de Estado. ¡No faltaba más!

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