Miercoles 24 de Mayo del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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Luis R. Decamps R.

Hipólito y el PLD: Mentiras viejas, Verdades nuevas

El probable tenor de la “línea de embate” que asumirá el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) frente a la cada vez más acreditada candidatura del ex presidente Hipólito Mejía, al margen de menudencias y matizaciones, fue hecho público hace unos días en un programa de televisión por cierto “abogado y comunicador” estrechamente vinculado al poder palaciego.

El citado profesional del Derecho dijo para la ocasión más o menos lo siguiente: “Los dominicanos no se van aventurar a elegir de nuevo a un hombre que encabezó un gobierno de ineptos, apadrinó el narcotráfico, descalabró económicamente el país, produjo la mas grande devaluación de la moneda en toda nuestra historia y entregó el gobierno totalmente quebrado”.

(La presunción del autor de que esas expresiones podrían configurar la “matriz” del “marketing confrontacional” del PLD contra Mejía no sólo se debe a que el mencionado jurista ha sido en los últimos tiempos uno de los “estrategas” de campaña de las candidaturas de ese partido y sus aliados sino también a un hecho aún más ostensible: la mayoría de los pronunciamientos críticos que formulan los peledeístas contra del candidato del PRD giran, a partir de una invocación al supuesto “peligro del retroceso”, alrededor de esos mismos “ejes” retóricos).

Por supuesto, en lo primero que cualquier observador repararía, al analizar las posibilidades de éxito de la cantinela en alusión, es que la misma luce “trasnochada” desde el punto de vista de las demandas actuales del debate partidarista nacional (se refiere a controversiales situaciones del ayer, únicamente importantes para historiadores, gente políticamente insomne o individuos que viven regurgitando en el pasado) y, paralelamente, presenta varias “fallas de origen” demasiado evidentes para un simple ejercicio “reflexivo” de sentido común.

Ciertamente, semejante “instrumental” discursivo desentierra interpretaciones sobre acontecimientos registrados entre los años 2000 y 2004, es decir, situados a la distancia de casi dos generaciones con respecto al 2012, y cualquier estudioso de la fenomenología política sabe que, como quedó palmariamente demostrado con el caso del doctor Balaguer en 1986, la misma tiene escasas posibilidades tener eco o repercusiones significativas en las preferencias de las nuevas cosechas de sufragantes, que constituyen un porcentaje no desdeñable de la población electoral activa presupuestada para el año venidero.

Igualmente, en tanto “táctica de choque”, esa tendencia de arenga echa mano de “argumentos” contra Mejía demasiado conocidos, harto discutidos y, por lo tanto, políticamente gastados y manidos, que en los hechos sólo pudieran ser eventualmente válidos para personas muy favorecidas por el gobierno actual, fanatizadas en exceso por las sinrazones del fundamentalismo militante o definitivamente ajenas al debate partidarista nacional: esto es, para una fracción minoritaria del electorado vernáculo que, por razones materiales o emocionales de “alto interés personal” (o debido a mera desidia existencial), pudieran desear que el abanderado electoral del PRD no resulte ganador de los comicios del año próximo.

Asimismo, la susodicha “propaganda de choque” contendría una perorata que resultaría repetida por las mismas personas que en 2004 (cuando estaban en la oposición) la crearon y agitaron políticamente, esas que en el 2012 tendrán ocho años hablando y actuando desde las alturas el gobierno con resultados harto cuestionables desde múltiples puntos de mira. La conclusión, en lo atinente a este tema, es inevitable: el mensaje se debilitaría enormemente por virtud del descrédito o la falta de calidad moral de los mensajeros.

Por último, las citadas “matrices” de propagada negativa no tienen en cuenta (la tratan como si no existiera) la abracadabrante realidad económica y social a la que se enfrenta en estos instantes el dominicano común, patentizada en el deterioro de su capacidad de acceso a bienes y servicios, la existencia de un clima generalizado de inseguridad y el auge de la corrupción, y que ha dado pábulo a la convicción mayoritaria de que dentro de una nueva administración del PLD no hay esperanzas inmediatas de mejoría en las condiciones generales de existencia de la nación.

Ahora bien, aún obviando todos esos elementos primigenios de análisis, algunas interrogantes fundamentales quedan planteadas para un examen desapasionado de la “línea” en cuestión: ¿responden a la verdad histórica y, subsecuentemente, son conceptualmente sostenibles las afirmaciones del abogado de referencia con respecto a la administración del ex presidente Mejía? La realidad es que los hechos, siempre tercos como mulas, se empecinan en sugerir la negativa como respuesta.

Lo primero es que el “argumento” de que el gobierno del ex presidente Hipólito Mejía era de “ineptos” es una mentira de tomo y lomo que sólo los tontos y los resentidos se atreven a repetir hoy día, pues se ha demostrado palmariamente que quienes sirvieron en funciones de principalía en las instituciones del Estado durante aquella gestión no sólo eran individuos de formación académica, experiencia profesional y talento personal reconocidos (hasta el punto de que algunos luego fueron “reclutados” por el PLD) sino inclusive con calificaciones técnicas y morales superiores a las de los funcionarios de la actualidad, tal y como se puede comprobar haciendo una comparación “cargo por cargo y hombre por hombre” con los incumbentes del régimen peledeísta.

Lo segundo es que hablar de la presencia o la influencia del narcotráfico en el Estado no le luce en lo más mínimo a la administración peledeísta, pues ha sido en los últimos siete años cuando ese flagelo social ha alcanzado en nuestro país proporciones epidémicas y, por añadidura, cuando más empleados, funcionarios y contratistas (novias o amantes incluidas) han sido objeto de vinculaciones con el mismo (que no sólo han terminado en una profusa cancelación de visados sino también en solicitudes de extradición por parte de las autoridades de los Estados Unidos). No es casual, en lo atinente a este tópico, que durante el gobierno del ex presidente Mejía, pese a la ocurrencia de incidentes personales aislados, ni la embajada estadounidense en el país ni el Departamento de Estado manifestaran dudas, como ha acontecido en los últimos tres años, respecto a la seriedad y la efectividad de la política al tenor del Estado dominicano.

(Como contrapartida, convendría recordar que desde el año 2005 la sociedad dominicana ha sido virtualmente sitiada por la delincuencia, y que desde entonces el fracaso de la política de seguridad ciudadana del peledeismo gobernante ha sido por partida doble: tras mentir reiteradamente diciendo que el aumento de la actividad delictiva obedecía a factores ajenos a su gestión -recordemos las excusas: “los desplazados del poder”, “el nuevo código procesal penal”, “el progreso trae aparejado delincuencia”, “los deportados de USA” y, últimamente, “la falta de educación doméstica”-, ha tenido que reconocer que la orgía delincuencial que hoy nos acogota es nuestro “mayor desafío actual” porque hoy día no hay ninguna familia criolla que no tenga un miembro víctimizado por ella).

Lo tercero es que hablar hoy (a la altura de mayo del año 2011) de “descalabro económico”, “devaluación de la moneda” o “quiebra del país” durante la administración de Mejía (tramo 2003-2004) sin mencionar el fraude bancario (que nos costó el 20 por ciento del PIB) y los banqueros tramposos (que hoy cumplen penas criminales en la cárcel de Najayo) es un “cuento chino” que sólo puede ser obra, justamente, de un abogado de éstos últimos. Sólo vale la pena recordar, en cuanto a este peliagudo asunto, que las acusaciones contra Mejía y su gobierno de los defensores a sueldo de los banqueros fulleros resultaron desmentidas irrebatiblemente por técnicos extranjeros (FMI, BID, BM y RF de los Estados Unidos), por los voceros de la sociedad civil (CONEP, PC, etcétera) por la Asociación de Bancos Comerciales de la República Dominicana y, desde luego, por varias sentencias de la Suprema Corte de Justicia.

De manera, pues, que la “línea de embate” contra la candidatura del ex presidente Mejía que acaba de ser bocetada por el abogado de uno de los banqueros procesados por fraude, resulta bastante defectuosa y con cuestionables posibilidades de éxito: es fácilmente contestable o rebatible a la luz de los hechos históricos y del análisis de coyuntura… La razón es simple: se trata, en esencia, de mentiras viejas que intentan ser recicladas para “tapar” las verdades nuevas, y ya se sabe que en la lucha electoral, donde los apremios cotidianos influyen poderosamente sobre la gente que vota, ese antiquísimo truco de “magia” política barata habitualmente resulta contraproducente.

(*) El autor es abogado y profesor universitario

lrdecampsr@hotmail.com

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