Sábado 24 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
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José Carvajal

Complot y camisa de fuerza en Washington Heights

Una buena intención, falta de orientación y el ímpetu de querer solucionar uno de los eternos problemas de retrasos en los fondos que recibe de la Ciudad, tienen hoy a la organización Alianza Dominicana en el vórtice de una crisis sin precedentes en sus más de veinte años de servicios a la comunidad del alto Manhattan.

“Los problemas de Alianza con la ciudad de Nueva York (que provee el 90 por ciento de los fondos a Alianza) no tienen nada que ver con (el congresista demócrata) Charles Rangel o (el abogado multimillonario) Theodore Kheel”, me dijo un informante de entero crédito.

“Lamentablemente a Moisés sus consejeros le han dicho que no hable y por eso toda esta gama de rumores y especulaciones, muy alejadas de la realidad”, agregó quien en este caso podría convertirse en mi “Deep Throat” (Garganta Profunda), el informante que colaboró estrechamente con los reporteros del Washington Post cuando estalló el famoso escándalo de Watergate, que provocó la renuncia del presidente estadounidense Richard Nixon, en agosto de 1974.

He aquí una versión de los hechos de la discordia: a raíz de los consabidos retrasos de la Ciudad en hacer llegar los fondos para el funcionamiento de la ONG, varios de los miembros pudientes de la Junta de Directores decidieron prestar dinero a la organización para mantenerla a flote.

Sin embargo, el problema para los peritos de la Ciudad es otro: Moisés y dos de los miembros de la Junta utilizaron una empresa intermediaria para garantizar sus préstamos a la ONG. Ahí está el asunto. La Ciudad considera esa acción como una falta de ética, y por eso exigió la salida de los dos miembros de la Junta, y la de Moisés Pérez.

Es un relato creíble. También lo es el hecho de que se concentraron en resolver el problema de los fondos de manera urgente y que por ello no tomaron la precaución de orientarse al respecto. Esto último demuestra la buena intención, una vocación de servicio, más que un aprovechamiento de las circunstancias; pues nadie se atemoriza cuando cree que actúa dentro del marco de la ley.

Otra fuente distinta a mi “Deep Throat” de este escándalo me dice que la Ciudad “ha puesto una camisa de fuerza a Alianza” al retener los fondos que le corresponde, y asegura que “existe el interés de desprestigiar a la agencia” como una forma de desestabilizar el vertiginoso desarrollo de la comunidad dominicana en materia de servicios sociales, y por consiguiente en poder político.

Nada de lo anterior puede sorprendernos, y por eso no deberíamos descartar la idea de que tanto Alianza Dominicana como Moisés Pérez estén siendo víctimas de un complot, a partir de un supuesto error de ética al interior de la institución.

Lo peor de esto es que la Ciudad podría estar prestándose a una guerra sucia contra todo lo que se ha logrado en Washington Heights; sería totalmente injusto.

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